Respuesta al rey – De una mujer burlada

 

[Relatos]

 

Por María Donapetry

(Se ha dado voz a un personaje de Tirso de Molina en El burlador de Sevilla a quien el rey no deja hablar. Aquí es una mujer ‘burlada’ por Don Juan a quien se la acusa de haber sido deshonrada.)

Para Peter

 

Di, mujer,
qué rigor, qué airada estrella
te incitó, que en mi palacio,
con hermosura y soberbia,
profanases sus umbrales?

ISABELA: Señor…

REY: Calla, que la lengua
no podrá dorar el yerro
que has cometido en mi ofensa.
¡Aquél era del duque Octavio!

El burlador de Sevilla, Tirso de Molina

 

ISABELA: Señor, no me he de callar
que mucho me va en ello
pues inocente es mi yerro
y de mi honor quiero hablar.
Claro que, dadas las costumbres
De este reino singular
Do los hombres de alta alcurnia
No hacen sino se lanzar
en lances de alcoba ajena
para su lanza mojar,
me va a resultar difícil,
enojoso de explicar
cómo no fue ligereza
ni inconstancia o falsedad
lo que puso a Don Juan en mi estancia
y a su alteza en este trance
de arrostrar mi indignidad.

Mi honor, alteza, es mío
No de mi padre o marido
Mucho menos del cetro
En vuestras manos sujeto

Acusadme de inconsciente,
De tonta o de demente.
No me digáis que la furia
Que acompaña a vuesa merced
Tiene en mi culpa la red
Que enreda a todos los hombres.
!Ya está bien!

No doraré el yerro, no
Porque no fue el yerro mío.
Error es juzgar sin tino
Sin saber ni preguntar
Qué, quién, cuándo y cómo
Hizo de su capa un sayo
Usando su libre albedrío.

Aún dando por sentado,
Y mucho es eso dar,
Que estáis a la par con Dios,
Si la divinidad me ha dado
Para escoger libertad,
Cómo es que me mandáis,
Para salvaguardar mi honor,
Que otorgue, asienta y calle,
Que me esfume y pierda el color
De un ser vivo cualquiera.
¿No sería mucho mejor
Un supuesto de humildad
Y otro tanto de razón?

Si me vais a condenar
A vivir en soledad
Sin decidir por mí misma
A quién mis favores doy
Llegáis tarde, señor mío.
Ya he vivido en soledad.
Pocas han sido las veces
En las que he podido hablar,
o escoger, o preguntar.

El burlador entró en mi estancia,
Se hizo pasar por mi amado,
Intentó mojar su lanza
Fuese y no hubo nada.

Consiste su gran azaña
En pasar por campeón
De mayores cabalgadas.
Su mérito está en glosarlas.
Que si de mi voz dependiera
Se sabría con certeza
Que no quien quiere cabalga.
Que hacen falta más arrestos
Más corazón y más seso.

Para compartir mi honor yo,
Mi vida y mis aposentos,
No me vale cualquier gañán
Con ínfulas de varón
cuya virilidad consiste
en dar pábulo a sus desmanes.

Así pues, de los hombres rey,
Haced lo que os plazca agora
Vuestra palabra se hará ley
Que ha de acatarse por todos
Dadle a Dios lo que es de Dios
Y a las mujeres su voz.
 

 

mdonapetry@yahoo.com

Página de origen de la imagen:
arg.bz

 

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