Michel y Michèle Auer – La colección Auer abarca toda la historia de la fotografía

 

[Cultura – Fotografía] 

 

La colección de fotografías que poseen Michel y Michéle Auer es la más importante de Suiza y una de las principales de Europa. Tienen un fondo de más de 50.000 fotografías, desde los primeros daguerrotipos, realizados a finales del siglo XIX, hasta las imágenes de impactantes colores de Les Krims, realizadas en los años 90 del s. XX. Su colección  incluye obras de los más célebres fotógrafos de la historia. Son grandes nombres, como Cartier-Bresson, Man Ray, Brassaí o Eugéne Atget, a los que se unen otros cuyas imágenes ya se han convertido en iconos del siglo XX. Es el caso, por ejemplo, del norteamericano Lewis W. Hiñe, cuyos retratos de obreros arreglando máquinas y niñas en las fábricas forman parte de la historia de la fotografía como documento social.

 

Las vanguardias

La colección Auer abarca toda la historia de la fotografía, abundan sobre todo las imágenes realizadas por fotógrafos de las primeras vanguardias, como el futurismo, el surrealismo y el movimiento dada. Se trata de instantáneas que juegan con nuevas técnicas y formatos, en las que los retratos se superponen, las líneas aparecen difusas y en las que simples objetos se convierten en obras de arte, como el famoso Oeuf (1931) de Man Ray.

Las fotografías de esta época juegan con las imágenes surrealistas Main aux yeux, realizada por Jahan en 1947; las naturalezas muertas de Funke, fechadas a finales de la década de 1920; experimentan con la figura desnuda, los bellos retratos de Drtikol, de los años 1922 y 1932 o se convierten en auténticas piezas cubistas Fotomontage de Stankowski de 1949; o Couple de figures, realizada en 1928 por Oskar Schlemmer. Algunas de ellas muestran también el interés por las máquinas, como hacían los futuristas; un ejemplo de ello son las fotografías de coches realizadas por Lothar Jeck en 1925.

 

Los artistas

La mayoría de fotógrafos son por derecho propio grandes nombres de la historia de la fotografía, bien porque supieron retratar con acierto las costumbres, hábitos de vida o, sencillamente, la sociedad en la que vivieron; bien porque fueron pioneros en la utilización de nuevas técnicas.

En Suiza, la historia de la fotografía no se entiende sin el nombre de los Auer. Ellos fundaron el Centro de fotografía de Ginebra, que Michel dirigió durante 10 años, y participaron en la elaboración de la Enciclopedia de la Fotografía, publicada en 1985.

 

La colección M. + M. Auer una colección democrática

Michéle y Michel Auer empezaron a coleccionar por separado en los años 60. La época estaba principalmente dominada por el fotorreportaje. Se habían olvidado ya las vanguardias de principios de siglo. Y los artistas plásticos, sirviéndose de la fotografía, trabajaban fuera del “mundo de la fotografía”. Lo hacían, bien con el objetivo de apropiación (Fluxus, Nuevo Realismo, Pop) o bien, a partir de finales de los 60, para documentar las obras de naturaleza performativa (Land-Art, Performance, etc.) o lingüística (Concept-Art). Únicamente Bernd y Hilla Becher iniciaron un trabajo de documentalistas en el campo del arte.

En aquellos años, sólo algunos historiadores del arte moderno se acordaban aún de las experiencias llevadas a cabo por los artistas de las vanguardias históricas de los años 20 y 30. Son rarísimos los coleccionistas, conservadores y galeristas que se interesaron por todo lo que atañe ai siglo XIX. Era más fácil encontrar fotografías del siglo XIX en los mercados ambulantes que en los museos. Cabe precisar que los neoyorquinos, gracias a su departamento de fotografía en el MoMA, salvaguardan desde los años 40 un patrimonio que les vincula a la modernidad, antes incluso que lo estuviesen sus pintores y escultores.

Por su formación en artes aplicadas y fotografía, los Auer guardaban en un principio todo lo que encontraban en su camino procedente del siglo XIX. Un planteamiento que se asemeja bastante a la actitud del fundador de la primera cinemateca, Henri Langlois, que salvaba todos los fragmentos de películas que caían en sus manos. La fotografía y la película tienen en común, como todos los “nuevos medios de comunicación” de entonces, que su producción está directamente vinculada a la lógica de la producción capitalista. Grabadas en soportes mucho más perecederos que una pintura, estas imágenes fijas y en movimiento están destinadas a tener una corta vida, puesto que serán consumidas inmediatamente. Así pues, algunos pocos fanáticos del objeto “fotográfico” se implican en un trabajo de protección de la memoria colectiva, en el que les faltan todas las herramientas, yendo de la reflexión teórica hasta la conservación. En los años 60, Europa carecía por completo de instituciones, de críticos y, evidentemente, de coleccionistas. Consciente de que hay que tener en cuenta toda la cadena que produce “lo fotográfico”, Michel Auer considera el aparato igual de determinante que el producto final, tanto si son copias como libros, inscribiéndose en una lógica cercana a Beaumont Newhali o a Irene y Helmut Gernsheim, por ejemplo, primer responsable de la fotografía en el MoMA.

El encuentro entre los dos Michels se produce en 1974, en una época en la que se considera, por primera vez en la posguerra, a la fotografía como perteneciente a las bellas artes, con la Documenta VI de 1977 como punto culminante. Los Auer viven entre París y Ginebra y fundan con otros fotógrafos ginebrinos el Centre de la Photographte Genéve, en 1984. Un año después, se lanzan a la creación de una enciclopedia de fotógrafos del mundo entero y de todas las épocas, que cuenta hoy en día con 78.000 entradas y que dentro de poco tiempo se podrá consultar por Internet. Asi, se ponen los cimientos sobre los que evolucionará la colección. Los Auer trabajaron en estrecha colaboración con los fotógrafos o sus descendientes,con una curiosidad sin limite, un amplio conocimiento de la historia y de técnicas que van de la química a la óptica, pasando por la mecánica, y con una especial debilidad por los libros y así crearon un conjunto de ambición enciclopédica. Aunque no existe ninguna colección sin lagunas. Michéle y Michel Auer se empeñaron más bien en abarcar un panorama lo más amplio posibíe de todos los ámbitos de la fotografía, (incluso adquirir pequeñas copias testimoniales más que ejemplares de exposición}, que no en ir a la caza de piezas raras desde un punto de vista mercantil en una época en que los precios subían como nunca antes habíamos visto. Michéle Auer resume bien nuestros tiempos: “Una ola de Eugéne Colliau es tan bella como una ola de Gustave Le Gray, pero menos cara, y sin embargo los esnobs prefieren la de Le Gray ya que ha alcanzado una cifra de venta en subasta cíe 3 millones de francos suizos”.

La pareja coleccionista con cerca de 160.000 copias, 500 aparatos y 20.000 libros, aparece hoy, (presentaron parte de su tesoro sólo una vez en 2004 en el Museo de Arte y Historia de Ginebra [véase el importante catálogo editado para la ocasión]), como pionera en la lucha por el reconocimiento de la fotografía como una de las bellas artes. Y, en efecto, se preocuparon más por descubrir a artistas poco conocidos u olvidados (como Laure Albin Guillot y Emst Fuhrmann por citar sólo algunos) que de correr detrás de los últimos cambios dictados por la moda.

Esta lucha por el reconocimiento del pariente pobre de las bellas artes les ha llevado a los dominios más diversos de la actividad fotográfica, que se confunden con todas las actividades de la sociedad moderna. Asi, se pueden encontrar clichés que ilustran representantes del crimen (Wegee) como imágenes que buscan captar eí movimiento (Georges Demény), junto a ejemplos innovadores en el terreno del color (inventores contemporáneos tales como Rene Groebli) así como fotografías de un responsable de la promoción de los productos de Kodak en Rochester (Jack Collins). Esta preocupación enciclopédica, de investigación y de clasificación hace de los Auer unos coleccionistas democráticos, tal como el medio que se formó dentro de la cadena de producción capitalista. 

Si hoy en día la fotografía (servil herramienta de la historia del arte, que la ha rechazado durante mucho tiempo en su seno), ha conquistado la ciudadela del arte, es porque por sí misma ha desmitíficado el arte. Entrando en el templo, lo ha arruinado. Lo que el humanismo desde el Renacimiento ha construido como “arte” está a punto de desplomarse. Existe un nuevo paradigma que pide ser conceptualízado. Queda como trabajo para las futuras generaciones ocuparse de la fotografía bajo sus nuevos auspicios. Los pioneros como Michéle y Michel Auer participaron con todas sus fuerzas en el reconocimiento de la fotografía como un arte (democrático). En su resuelto afán por construir los cimientos de un nuevo clima artístico, no pudieron prever el contraataque. Por estas razones, su colección sigue siendo ejemplar.


Joerg Bader
Director del Centre de la Photographíe Genéve

 

 

Texto del catálogo de la exposición: Los niños en la colección M. + M. Auer
Sala Municipal de Exposiciones San Benito, Valladolid (España)
Comisarios: M + Mauer
Coordinación de la Exposición en la Sala: Foto Colectania
Finalizó el 6 de enero de 2009
e-mail: exposiciones@fmcva.org

 

Ver: Michel y Michèle Auer y sus fotógrafos de calidad  

 

Fotografías cedidas por la Sala de Exposiciones San Benito
Weegee, New York – Spectacles The Children’s Hour
Stankowski
Knapp
Sttetner
Groebli,
¡Mira!

 

 

 

 

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