Irene Cordón – Las mujeres en el Antiguo Egipto – «Cinco de ellas se sabe...

 

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Museo Arqueológico de Cataluña, Barcelona 
‘Las mujeres en el Antiguo Egipto – De las tareas domésticas al trono’ 
Conferencia impartida por Irene Cordón i Solá-Sagalés, Doctora en Arqueología, Historia Antigua y Medieval
15 de febrero de 2018

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Fotografías: ©2018 Marisa Ferrer P.  

Egipto. El país de los faraones. Decir faraónico es decir grande, monumental, gigantesco. Y es que durante 3000 años, y a pesar de sus altibajos, ejerció una poderosa influencia en todo el mundo entonces conocido, rebasando su majestuosidad las fronteras de su unificado territorio. Los egipcios supieron sacar partido del regalo en forma de crecidas periódicas que el Nilo les brindaba y se desarrollaron hasta un nivel inédito. Su legado pasó desapercibido para el gran público occidental hasta que la expedición militar de Napoleón y su aislamiento forzado en las arenosas riberas del gran río, dieron lugar al afortunado hallazgo de la piedra de Rosetta, el ‘libro de claves’ con que se empezaron a desentrañar los misterios de sus jeroglíficos, dando inicio a la Egiptología. A partir de entonces, se sucedieron las expediciones arqueológicas y su fluir no ha cesado porque la extraordinaria cantidad de monumentos preservados por las arenas del desierto, ha ido aflorando dando más y más pistas sobre esa civilización y aquellos que la forjaron.

En una civilización cuya singularidad más notable fue su longevidad, se hace difícil establecer reglas generales, pero los arqueólogos e historiadores han ido perfilando características aceptadas por la mayoría, y la doctora Irene Cordón se ha centrado en el enfoque femenino.

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Imágenes cedidas por la Dra. Irene Cordón

Una vez presentada al auditorio por el director del museo, J. Manuel Rueda, ha iniciado su disertación que ha versado sobre el papel de la mujer en una sociedad jerarquizada regida por hombres, en la cual solo cinco de ellas se sabe con certeza que llegaron a ocupar el trono: Nitocris (VI dinastía); Nefer-Sobeck (XII dinastía); Hatxepsut (XVIII dinastía); Tauseret (XIX dinastía) y Cleopatra VII (XXXI dinastía). Existen hipótesis de la posible existencia de otras mujeres faraón pero sin pruebas firmes. Destaca Nefertiti, de quien se dice que podría haber ocupado el trono después de la muerte de su esposo, Akenaton, pero adoptando el nombre de Semenejkara; extremo difícil de asegurar dada la falta de información de la confusa y breve época de Tell el-Amarna.

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Imágenes cedidas por la Dra. Irene Cordón

Por regla general, las mujeres de las familias reinantes ejercían el poder al enviudar o en nombre de un marido ausente o de un hijo menor. Un ejemplo podría la reina Ahhotep, de la XVII dinastía quien, al enviudar de Sequenenra, muerto en el campo de batalla contra los hicsos, asumió el poder durante la minoría de su hijo Ahmose. Cuando éste llegó a ser faraón, concedió a su madre la máxima condecoración militar, tres moscas de oro, en agradecimiento por su labor guerrera.

Paradójicamente, las mujeres de la realeza además de poseer la capacidad inherente a su sexo de concebir y dar a luz, eran portadoras de la sangre real, la garantía de acceso al trono de los hombres, motivo por el que se daba el incesto tan a menudo, para impedir que un extranjero pudiera apropiarse del imperio por matrimonio, algo impensable; era el faraón quien, para sellar una alianza, se casaba con la hija del rey enemigo. La conferenciante pone como ejemplo otro faraón de la XVIII dinastía, Amenhotep III, que casó con la hija del rey de Mitani, Shuttarna II, para consolidar una alianza y un frente común ante la amenaza hitita.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEn la corte, una mujer podía ser madre del rey, esposa principal, segunda esposa (llamadas también concubinas) e hija. La de mayor rango era la principal y a pesar de la igualdad que se le supone, en la mayoría de las esculturas se las representa de menor tamaño que el marido; sólo aquellas pocas que aparecen al lado del rey, como la estatua de Menkaure (Micerinos) y su esposa Khamerernebti, dan fe del grado de poder que alcanzaron algunas de ellas.

Los monumentales templos y las opulentas tumbas de los monarcas, consagran la mayor parte de su decoración a glorificar la figura de los grandes faraones como enviados de los dioses, su relación con ellos y el proceso posterior a la muerte, transportados al Más Allá por la barca solar. Pero también hay tumbas más modestas, como las de los nobles, en cuyas paredes se representan tareas habituales de la vida diaria en la que se aprecia la continua presencia femenina.

Las mujeres del Antiguo Egipto no gozaban de un estatus de igualdad con los hombres, pero eran respetadas como complementarias; podría decirse que gozaban de igualdad jurídica. Eran analfabetas como el 90% de los egipcios de la época y tenían una esperanza de vida de 26 años, algo menor que la de los hombres, estimada en 29. Ayudaban en los campos o en los negocios, de algunos de los cuales detentaban la propiedad, como podían ser un telar, tejiendo el lino cultivado por ellas mismas, o la manipulación de granos y harinas, o bateleras, gobernando una embarcación propia; eran libres de elegir marido aunque por respeto solicitaban el permiso paterno; al casarse no perdían su apellido y podían disponer de patrimonio, incluso se han encontrado testamentos suscritos por mujeres. Eran consideradas las dueñas y señoras del domicilio conyugal y si los recursos se lo permitían tenían acceso a la educación, incorporándose a la élite alfabetizada, pudiendo llegar a cargos importantes como escriba, médico o sacerdotisa.

Los macedonios con Alejandro Magno al frente ahuyentaron a los persas, pero se quedaron dejando a los ptolomeos gobernando el país. La última de la estirpe, Cleopatra VII se vio obligada a someterse a César y acabó suicidándose. Se había acabado el imperio egipcio, absorbido por otro de los grandes, el romano.

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Fotografía: ©2018 Marisa Ferrer P.

El tiempo ha volado pendientes de las palabras de la doctora Cordón quien, además, posee un Posgrado y Master en Egiptología, también por la UAB y es licenciada en Derecho por la UB. Estuvo un año como investigadora en la American University de El Cairo y ha participado en excavaciones en Saqqara. Es miembro de la Societat Catalana de Egiptologia; docente en la Universidad de Murcia, en cursos on line, e imparte cursos y dicta conferencias en centros e instituciones. Desde hace doce años reparte su tiempo escribiendo en revistas especializadas y de divulgación, asesorando, organizando y guiando viajes culturales a Egipto, Sudán y Etiopía, últimamente para Rift Valley Expeditions. Ha publicado ‘El antiguo Egipto y las civilizaciones mesopotámicas. Los primeros imperios de la Historia’ (Barcelona 2016).

Últimamente ha participado como organizadora y asesora en la filmación de un documental sobre la tumba de Sennedjem (‘Les set vides d’Eduard Toda’, producida por Making Movies), asesora a diversos medios de comunicación en prensa y televisión y en noviembre de 2016 protagonizó un TED Talk (TEDxReus) con el título ‘Per què els déus van triar el Nil’ (‘¿Por qué los dioses eligieron el Nilo?’),

Al terminar la conferencia se ha dado paso a las numerosas preguntas de los asistentes, incentivados por la pasión con que Irene Cordón ha hablado. He permanecido ausente por un momento intentando reproducir en mi imaginación ese mundo ignorado largo tiempo, sepultado por el desierto e ignorado por el gran público. Hizo falta el chispazo que supuso el inesperado descubrimiento de Carter bajo la égida de lord Carnavon, para dar nuevos bríos a los arqueólogos y proyección internacional a su trabajo. Hoy en día poca gente no ha oído hablar de Tutankamon, de Nefertiti o de Ramsés, nombres sobresalientes de una cultura que una vez deslumbró al mundo.

 

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Marisa Ferrer P.
Barcelona, 15-02-2018

Página de origen de la imagen principal:
sobreegipto.com

 

VER:
Ser mujer en el Egipto de los Faraones    
Núria Castro – La pasión por Egipto