Miroslav Tichý – El artista y su ritual obsesivo

Nunca antes como en el caso de Miroslav Tichý había sido tan difícil definir al hombre y al artista. Un personaje complejo, sobre todo inaccesible

[Cultura – Fotografía]

 

Miroslav Tichý (20 de noviembre de 1926 – 12 de abril de 2011) nació en la aldea de Nětčice, en la región de Moravia (República Checa), región en la que vivió la mayor parte de su vida. Fue hijo único del sastre Antonin Tichý.

Demostró ya desde niño un interés por las artes y un talento visual especial, era natural que en 1945 se inscribiera en la Academia de Bellas Artes de Praga, , donde además de demostrar grandes cualidades para la pintura y el dibujo, se interesó por la fotografía.

Tras el golpe de estado del 48, y después de que el Partido Comunista de Checoslovaquia llegara al poder, en la Academia de Bellas Artes tuvieron lugar cambios dramáticos: se prohibió retratar a mujeres desnudas, y por instrucción de las autoridades cambiaron las modelos que posaban para los estudiantes por obreros vestidos con traje de faena.

Tichý abandonó los estudios y realizó el servicio militar obligatorio hasta 1950. Parece que fue en este momento que comenzó a tener problemas con las autoridades debido a su caracter rebelde y desafiante.

 

Un vagabundo

Como no quiso plegarse al régimen comunista, lo llevaron a un psiquiátrico y lo sometieron a un tratamiento. Muchos años después de aquello, cuando le preguntaron por qué había cambiado la pintura por la fotografía, Tichý contestó: «Todos los cuadros ya estaban pintados, todos los dibujos ya estaban dibujados. ¿Qué me quedaba por hacer?».

En los 60, ya de vuelta en Kyjov, empezó a vestir con harapos y se convirtió durante décadas en un vagabundo e indigente, considerado por la policía de Checoslovaquia como un enfermo mental, pasando por numerosos psiquiátricos y prisiones.

Tras dedicar sus esfuerzos a la pintura, ser desalojado de su casa y haber perdido su obra, en la década de 1960 se construyó con materiales de desecho (latas de conserva, cartones, paquetes de tabaco, lentes de gafas viejas, elásticos de calzoncillos…) una cámara fotográfica, dedicándose desde entonces a realizar retratos de mujeres que luego revelaba de manera descuidada y sobre los más variados materiales.

 

Exposiciones

La primera exposición de Miroslav Tichý tuvo lugar en 1956 en el Hospital Kyjov, pero el paso desde el espacio de su estudio semi-privado a un espacio de exhibición pública fue traumático para él. Tichý decidió que no quería tener nada más que ver con las exposiciones y que sólo quería trabajar para él.

Empezó a ir a todas partes a pie, así que gran parte de su enorme obra fue creada a poca distancia de su casa. Durante tres décadas tomó 108 instantáneas al día, principalmente a mujeres locales, que revelaba más tarde en una ampliadora hecha a mano.

«La fotografía es pintar con luz», dijo de viejo, cuando, en 2004, Roman Buxbaum descubrió sus obras y decidió mostrárselas al célebre crítico de arte contemporáneo y comisario de arte Harald Szeemann.

Éste le organizó una exposición en la Bienal de Arte Contemporáneo de Sevilla 2004, no obstante ya había realizado en 1990 una exposición en la Die Blaue Kunsthalle DuMont de Colonia.​

A partir de ese momento gozó de gran prestigio y sus trabajos se expusieron en la Kunsthaus de Zúrich, el Centro Pompidou de París, en el Museo de Arte Moderno de Frankfurt, en la galería Heike Arndt de Berlín, el Centro Internacional de Fotografía de Nueva York, la Galería Ivorypress de Madrid, y en diversas instituciones y museos.

A pesar del prestigio que tenía, el artista prefirió seguir viviendo en su humilde pensión y mantenerse al margen de la sociedad.

«Las manchas y los puntos son errores. Pero los errores son parte de la foto. Son la poesía, la cualidad pictórica. Y para eso se necesita una cámara tan mala como sea posible. Si quieres ser famoso, tienes que hacer algo peor que cualquier persona del mundo».

 

Un personaje complejo

Nunca antes como en el caso de Miroslav Tichý había sido tan difícil definir al hombre y al artista. Un personaje complejo, sobre todo inaccesible, que refleja en su poética la complejidad de su ser.

Tichý irrumpe en los altares de la historia de la fotografía, se puede decir que recientemente. Antes había sido sólo una simple atracción local en su pequeño pueblo natal hasta que en 2004, el eminente comisario Harald Szeemann decidiera exponer una selección de sus fotografías en el contexto de la Bienal de Sevilla.

Tras la exposición, Roman Buxbaum y Natascha Von Kopp dirigieron los documentales ‘Miroslav Tichý: Tarzan Retired’ (2004) y ‘Miroslav Tichý: Worldstar’ (2006). En 2005 le concedieron el Premio Rencontres d’Arles Photographie Discovery.

La recuperación de gran parte de su archivo personal se debe a Roman Buxbaum, nieto de sus vecinos de casa y amigos, que se refugió en Suiza durante el periodo de las purgas soviéticas, después de la Primavera de Praga.

 

Su forma de trabajar

El trabajo del artista es fruto de un ritual obsesivo y mecánico que, en los años en los que escoge la fotografía como su medio de expresión privilegiado – entre los años ‘60 y ‘80-, se repetía diariamente: el artista recorría las calles Kyjov por el mismo periodo de tiempo, disparando siempre tres rollos cada día realizando un total de 108 imágenes.

Tichý no tenía un itinerario preciso: vagaba por la ciudad y sus encuentros eran totalmente imprevistos y casuales. Mirando sus fotos se tiene la impresión de asistir a la proyección de una película muda.

Las escenas están siempre tomadas en las calles de Kyjov e indagan en algunos espacios en particular – la piscina municipal, el parque público, las tiendas del centro – y las protagonistas indiscutidas son las mujeres, retratadas durante el desarrollo de sus tareas cotidianas o en momentos de diversión.

El director es Tichý que, con sus cámaras construidas con materiales de reciclaje, imprime sobre película momentos de cotidianidad.

El artista fotografiaba sus sujetos sin que se dieran cuenta, disparando a la altura de la cintura, sin mirar nunca por el visor y evitando el contacto visual directo con las mujeres a  las que retrataba.

Además a menudo aparecen en sus fotografías elementos que señalan la distancia entre el observador y el sujeto retratado (una malla de hierro, las ramas de un árbol), y por último sucedía que quien se daba cuenta que estaba realizando fotografías, le dejaba hacer porque nunca podía imaginar que una cámara de aquel tipo pudiese funcionar de verdad.

Las fotos que aún se conservan están sucías, desgastadas y rotas. Cuando se las quisieron comprar unos años antes de su muerte, él se negó y ofreció intercambiarlas por obras de otros artistas. La Fundación Tichý Ocean, sigue fomentando el trueque en homenaje al hombre que quiso evitar a toda costa el reconocimiento público.

 

 

L. Sedó
eMagazine 39ymas.com    

Fuentes:
Sala Municipal de Exposiciones de San Benito, Valladolid (España)
Fundación Tichý Ocean

Wikipedia 

Origen de las imágenes:
creearte.org

adelat.org
ahorasemanal.es
Exposición Kunsthaus de Zúrich
Imágenes cedidas por la Sala Municipal de Exposiciones de San Benito
Exposición ‘Miroslav Tichý. Encuentros’, del 30 abr 2019 al 25 jun 2019. Universidad de Sevilla

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