La enfermedad del beso – La mononucleosis infecciosa se transmite principalmente a través de la...

 

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Cuando  compartes la barra de labios con una amiga, cuando usas sus cubiertos y su cepillo de dientes, dormís en la misma almohada, bebéis un refresco usando la misma pajita o coméis del mismo plato, cuando toses frente a alguien sin taparte la boca y, sobre todo, cuando te enamoras y besas en los labios a aquel chico por el que llevas tanto tiempo suspirando, puedes estar abriendo la puerta, sin ni siquiera saberlo, al virus de Epstein-Barr, perteneciente a la familia del herpes. Viaja por todo el mundo, de saliva a saliva, castigando ‘los deslices’ de los más jóvenes con una enfermedad que ha sido bautizada con el nombre de la enfermedad del beso. Pero tras tanta literatura se esconde otra denominación mucho más técnica: mononucleosis infecciosa.

Esta enfermedad suele escoger a escolares, adolescentes y adultos jóvenes. En niños preescolares es menos frecuente y cuando se produce ni siquiera genera síntomas. Aún así, es conveniente estar alerta pues, tan pronto como desaparecen los anticuerpos maternos con los que nace el bebé, éste puede recibir la visita del virus de Epstein-Barr.

Una vez que se contrae la enfermedad del beso ya se pertenece a la lista de damnificados de por vida. Y es que este virus nunca acaba de abandonar el organismo; aunque inactivo o latente encuentra un hueco para siempre en algunas células de la garganta y en la sangre. Cada cierto tiempo se reactiva y habita en la saliva de las personas infectadas, pero, por suerte, generalmente no vuelve a acompañarse de ningún síntoma. Por este motivo no es descabellado asegurar que sufrir el azote de esta enfermedad una vez suele ser suficiente para ganar su inmunidad.

 

¿Qué es?

La mononucleosis infecciosa es una infección vírica contagiosa, por lo que una vez que ha hecho aparición en el organismo han de tomarse todas las medidas necesarias para no contagiar a los demás, un riesgo que se corre hasta seis meses después de haberla contraído. El virus se encuentra en la saliva y el moco, de ahí que haya encontrado en el beso su principal forma de transmisión. Es perezoso, o al menos eso parece si se compara con otros virus, pues no se transmite con tanta facilidad como puede hacerlo, por ejemplo, el del resfriado común.

Los principales síntomas de la enfermedad del beso son pérdida del apetito, cansancio, dolor generalizado en el cuerpo, fiebre generalmente elevada, dolor de cabeza y de garganta y dificultad para tragar la comida. Las amígdalas se inflaman, al igual que los ganglios linfáticos, unas glándulas que, situadas en el cuello, en la ingle y debajo de los brazos, entre otras zonas del cuerpo, protegen al organismo frente a infecciones. En algunos casos los párpados se hinchan y aparecen manchas en la piel. Además, puede manifestarse una hepatitis, aunque benigna y sin el color amarillo característico de la piel.

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Complicaciones

Una de las posibles complicaciones de la enfermedad es que se produzca una inflamación de higado o bazo. El mal funcionamiento de este último órgano empeora la situación ya que su función es limpiar la sangre de bacterias y de virus. Aunque se da en ocasiones excepcionales, hay que estar muy alerta ante la más mínima señal que haga pensar en una rotura de bazo, como dolor en la parte superior izquierda del abdomen o sangrar con más facilidad de lo normal.

Aún así, estas no son las únicas complicaciones que pueden aparecer. Neumonía, meningitis, encefalitis, anemia hemolítica o una disminución de las plaquetas, entre otras, pueden manifestarse de manera oportunista a causa de la infección producida por el virus de Epstein-Barr aunque al final, salvo en algunas ocasiones, todo acaba solucionándose.

Un reciente estudio danés ha sumado una enfermedad más a esta lista. En él, se ha llegado a la conclusión de que las personas que han padecido esta enfermedad tienen un mayor riesgo de desarrollar esclerosis múltiple, incluso habiendo pasado 30 años desde que se produjo la infección.

 

Larga incubación

Mientras el virus se incuba la enfermedad del beso permanece en la oscuridad durante al menos diez días, y pueden pasar hasta cincuenta sin que ningún síntoma alerte sobre el contagio. Sólo entonces cobra protagonismo un malestar general que durante una o dos semanas va preparando el camino a la enfermedad. Este es el momento más peligroso en el contagio de la infección ya que la persona sigue haciendo vida normal. Por eso, para evitar males mayores lo mejor es que nos acostumbremos a seguir una serie de medidas higiénicas que detengan, de algún modo, su desarrollo y el de otras tantas infecciones, como evitar compartir cubiertos, cepillos de dientes, barras de labios o pajitas y lavarse las manos después de toser o estornudar.

Al tratarse de una enfermedad vírica aún no existe ningún tratamiento curativo específico. Lo único que queda es aliviar los síntomas y esperar a que pasadas unas tres o cuatro semanas desaparezca por sí sola, aunque, tras la recuperación, pueden pasar todavía semanas e incluso meses hasta que desaparezcan el malestar y el cansancio. Por si acaso, es mejor no besar a nadie durante unos meses y seguir las medidas higiénicas recomendadas con anterioridad.

Si pasados seis meses la infección por el virus de Epstein- Barr persiste pasa a ser crónica y han de investigarse otras posibles causas.

 

¿Cómo se diagnóstica?

Los síntomas son tan parecidos a las de otros trastornos, como la gripe o la infección de garganta, que la única manera de confirmar la enfermedad es acudir al médico, quien, tras examinar al paciente y realizar los exámenes de sangre pertinentes, contará con las pruebas necesarias para verificar su existencia. Uno de los exámenes que se utiliza de forma habitual es el test Monospot, con el que se detecta la presencia en el organismo de anticuerpos, ya que lo normal es que después de una semana desde el comienzo de la enfermedad, la persona infectada desarrolle un tipo concreto de anticuerpos, que alcanzan su máximo nivel desde la segunda a la quinta semana y pueden permanecer en el organismo durante meses e incluso durante todo un año. Por ello hay que esperar a que haya pasado al menos la primera o la segunda semana para realizar esta prueba. Si los resultados no son claros se pueden contrastar los resultados con otros tipos de test con los que medir la presencia y/o la concentración de al menos otros cinco anticuerpos específicos del virus Epstein-Barr y comprobar si ha habido alteraciones en la sangre, como el aumento de glóbulos blancos característico.

 

El Periódico de la Farmacia
Publicación de información sanitaria
Año 3. Nº 29
www.elperiodicodelafarmacia.com 

Fuentes:
Clínica Universitaria de Navarra (España), Academia Americana de Médicos de Familia, Fundación Nemours de Estados Unidos, Hospital de Cruces (Baracaldo, España) y Centro Nacional para las Enfermedades Infecciosas (CDC) de Estados Unidos.

Más información:
http://familydoctor.org
www.kidshealth.org

Páginas de origen de las imágenes:
MásQueSalud

stlablog.blogspot.com/2012/02/besos-y-mas-besos.html
paranoias-mentales.blogspot.com/2011/12/besos.html

 


 

 

 

 

 

 

 

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