Estambul – La ‘Torre de la doncella’ – Diarios de viaje

El Bósforo es un estrecho que divide en dos partes la ciudad de Estambul y que conecta el mar de Mármara con el mar Negro

[Viajes]

 

Estambul y el Estrecho del Bósforo

Estambul tiene un encanto inclasificable en el tiempo debido a su interesante historia. Conocida en el pasado como Bizancio y Constantinopla, la ciudad ha sido el centro de varios imperios ancestrales, de los cuales todavía conserva grandes maravillas arquitectónicas, como Hagia Sophia (Santa Sofía), de la que nos maravillan sus impresionantes mosaicos. 

Est√° situada en las dos orillas del estrecho del B√≥sforo, en la confluencia entre Europa y Asia, es el principal puerto del pa√≠s e incluye el puerto natural conocido como el ‘Cuerno de Oro’ (Hali√ß), atravesado por el famoso puente de G√°lata.

Estambul - La 'Torre de la doncella' - Diarios de viaje

Fotografías © Marisa Ferrer P.

El Bósforo

El Bósforo es un estrecho que divide en dos partes la ciudad de Estambul y que conecta el mar de Mármara con el mar Negro y separa físicamente Asia de Europa.

Hay dos puentes sobre este estrecho. El puente Bogazici y el Fatih Sultan Mehmet, que se encuentra casi a cinco km al norte del primer puente. Estos puentes unen Estambul con las ciudades asi√°ticas de √úsk√ľdar y Kadik√∂y.

En nuestra visita a Estambul, nos llam√≥ poderosamente la atenci√≥n el antiguo faro del siglo XVIII, que ha pasado a ser uno de los sitios m√°s visitados de la capital de Turqu√≠a, por el amplio panorama ofrecido desde su mirador y, muy especialmente, por la historia y las leyendas que le acompa√Īan.

Estambul - La 'Torre de la doncella' - Diarios de viaje

Fotografía © Marisa Ferrer P.

La leyenda de los dioses

Mi compa√Īero de viaje me recuerda la leyenda de los dioses que casi ten√≠a olvidada:

¬ęB√≥sforo significa ‘paso de la vaca’, en referencia al famoso mito griego seg√ļn el cual Zeus hab√≠a convertido a la ninfa √ćo en una ternera blanca para ocultarla a la venganza de su esposa Hera, despu√©s de haberle sido infiel de nuevo.

Con apariencia de bóvido fue consagrada a la escéptica diosa y encomendada por ésta a la tutela del gigante Argos, el mejor de los vigilantes gracias al centenar de ojos repartidos por su cuerpo.

Hasta que Hermes lo mató en cumplimiento de la orden de Zeus, haciendo que una encolerizada Hera se volcara de nuevo en atormentar a la ninfa por medio de un tábano, acosador permanente de la amante del gran dios.

√ćo, furiosa y desesperada, deambul√≥ por toda Grecia cruzando montes y valles, r√≠os y mares llegando hasta Asia, y despu√©s a Egipto de donde, recuperada su forma original, acab√≥ siendo reina¬Ľ.

 

Conexión entre dos mares

El relato de mi acompa√Īante se detiene unos instantes y ambos contemplamos las aguas del estrecho, 30 km de recorrido desde el mar de M√°rmara hasta el Mar Negro, surcadas por cargueros fluviales, ferris, cruceros saturados de turistas.

Estambul - La 'Torre de la doncella' - Diarios de viaje

Fotografía © Marisa Ferrer P.

√Āvidos pasajeros en repletas embarcaciones de recreo se deleitan mirando hacia Oriente u Occidente, privilegio al alcance de los viajeros contempor√°neos que tienen la posibilidad de fotografiar las dos riberas donde se alinean antiguos palacios convertidos en lujosos hoteles, modernos rascacielos junto a tradicionales casas otomanas, museos, c√ļpulas, torres y fortalezas, invasores pac√≠ficos depositados por el tiempo en este enclave estrat√©gico, codiciado por las potencias de la antig√ľedad.

El objetivo del paseo es visitar la famosa ‘Torre de la Doncella’ (Kiz Kulesi), situada a 200 m de la costa de Usk√ľdar, en el lado asi√°tico de Estambul y en la entrada sur del estrecho, sobre un islote que parece hecho a medida para ella.

Mecida por la peque√Īa embarcaci√≥n que nos acerca al lugar, intento imaginar c√≥mo debi√≥ ser esa torre en sus or√≠genes, hasta que mi compa√Īero reanuda su relato.

Fotografías © Marisa Ferrer P.

La ‘Torre’, un puesto aduanero de construcci√≥n griega

¬ęSeg√ļn las cr√≥nicas, en el siglo V a.C. el general ateniense Alcib√≠ades estableci√≥ un puesto aduanero para los barcos procedentes del Mar Negro, en un islote cercano a Crysopolis, o sea, Usk√ľdar, despu√©s de haber expulsado a los espartanos de esas aguas¬Ľ.

Desconozco si este hecho es o no histórico, lo que si recuerdo vagamente es la figura de este militar ateniense y su intervención en la batalla naval de Cícico, contra Esparta y sus aliados persas, un episodio más de la Guerra del Peloponeso.

La 'Torre de la doncella' (Kiz Kulesi) - Diarios de viaje

Fotografía © Marisa Ferrer P.

Poco deb√≠a parecerse entonces el paisaje contemplado por los guerreros griegos y espartanos desde las poderosas trirremes, enfrentadas con ferocidad en m√ļltiples batallas navales por el control de los pasos mar√≠timos.

Hemos llegado a nuestro destino. Desembarcamos a la luz del sol poniente, que en su lento descenso, antes de ocultarse tras los rascacielos, arranca destellos plateados de la c√ļpula met√°lica, culmen de la que fue residencia y prisi√≥n para la hija de un emperador.

La 'Torre de la doncella' (Kiz Kulesi) - Diarios de viaje

Fotografía © Marisa Ferrer P.

Sigo atendiendo a las explicaciones mientras deambulamos por la plataforma exterior, desde la cual se goza de una espl√©ndida panor√°mica de 360¬ļ, enclave privilegiado entre dos continentes, testigo de una buena parte de la historia de Occidente.

 

Bizancio y la ‘Torre’ como atalaya de vigilancia

La siguiente noticia de la ‘Torre’ data ya del siglo XII, en tiempos del emperador bizantino Alejo I Comneno, quien la mand√≥ construir de madera, protegida por un muro de piedra desde la que fue tendida una cadena hasta el otro extremo del estrecho con objeto de controlar el tr√°fico mar√≠timo. Restos de ese muro que la un√≠a al continente a√ļn son visibles bajo las aguas.

Una guarnici√≥n bizantina defendi√≥ el lugar ante el √≠mpetu otomano que se hizo con la ciudad a mediados del siglo XV, casi mil a√Īos despu√©s de que el emperador Teodosio dividiera su imperio. Mehmet II, llamado a partir de entonces el Conquistador, marc√≥ el fin del imperio romano de Oriente y convirti√≥ la torre en una atalaya de vigilancia.

 

Faro, hospital y restaurante

Destruida por el incendio causado por un terremoto en el siglo XVI, fue reconstruida dos siglos m√°s tarde como faro. En el siglo XIX sirvi√≥ de hospital donde los enfermos del c√≥lera y de la peste pasaron la cuarentena, antes de ser restaurada de nuevo pocos a√Īos despu√©s.

Una moderna escalera de madera, da acceso desde la entrada del restaurante al mirador superior. Grandes cuadros en las paredes recuerdan las leyendas. La primera se refiere a la tragedia de Hero y Leandro, aunque hay quien dice que tuvo lugar en otra torre que había estado situada en Sesto, en el estrecho de los Dardanelos, antiguo Helesponto.

Fotografía © Marisa Ferrer P.

Las leyendas de Hero y Leandro y de la ‘Doncella’

Hero, sacerdotisa de Afrodita, encendía la almenara cada noche para que su luz guiara a su amante Leandro desde la otra orilla hasta ella. Una noche desapacible se levantó un fuerte viento que apagó la llama y el desorientado muchacho acabó ahogándose.

Ver el cuerpo inerme de su enamorado al amanecer, sumió a Hero en la desesperación y empujada por la pena, subió hasta lo alto de la torre desde donde se lanzó al vacío.

Seguimos subiendo y encontramos el gran mural referido a la ‘Doncella’ de la que habla tambi√©n una leyenda. En esta torre estuvo recluida desde ni√Īa la hija de un rey, temeroso del vaticinio de un or√°culo anunciando la muerte de la doncella al cumplir los 18 a√Īos.

Ufano por haber eludido la desgracia, puesto que siempre hab√≠a sido √©l el √ļnico visitante de su hija, ese d√≠a le llev√≥ como regalo una suntuosa cesta de frutas. Cuando la muchacha se acerc√≥ a escoger una, sinti√≥ la punzada de una mordedura.

El culpable del ataque mortal fue un áspid escondido en el fondo del lecho de flores. El emperador nunca superó la desgracia.

 

Un descanso entre leyendas

La 'Torre de la doncella' (Kiz Kulesi) - Diarios de viaje

Fotografía © Marisa Ferrer P.

De regreso en la costa asi√°tica, observo entre cojines la puesta de sol, sentada en las gradas dispuestas al efecto, y degustando el t√© ofrecido por mi compa√Īero de viaje.

El cielo enrojece tras el perfil de torres y minaretes; dejo desfilar por mi mente los personajes reales y los ficticios, mezclados en la memoria, pero con bastante entidad para haber dejado un rastro persistente durante siglos y suficiente atractivo como para atraer a miles de personas hacia los lugares donde en épocas antiguas se desarrollaron hechos que condicionaron la historia.

 

 

Marisa Ferrer P.

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Quiero Turquía

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