La ciudad de Cádiz, la Gadir fenicia – Diarios de viaje

Los griegos la llamaron Gadeira y los romanos, Gades, de donde proviene el gentilicio 

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Iniciamos la nueva jornada de exploración por la ciudad de Cádiz, a sabiendas de las pocas horas que restan para dejarla. Sin embargo, nos resulta difícil ir deprisa; callejeando se descubren rincones escondidos, se atisban detalles no observados en la anterior jornada, se toma un fino en cualquier bar, se pregunta, se comenta.

Nos acercamos a la frontera entre la ciudad vieja y la nueva, al que fue el límite amurallado de la ciudad barroca.

 

Puerta de Tierra

Era el siglo XVI cuando la necesidad de ampliar los límites de la ciudad medieval llevó a la construcción de la muralla defensiva situada en el único acceso a la península por tierra, y de ahí su nombre; en la actualidad es frontera entre la ciudad vieja y la nueva.

Los sucesivos refuerzos y reconstrucciones, más la apertura de dos arcos en el lienzo central para el tráfico rodado a mitad del siglo XX, le han dado el aspecto actual, del que sobresale el torreón central sobre la portada labrada en mármol.

Da que pensar el contraste entre esa gran puerta de hace cuatro siglos y los modernos automóviles pasando por sus flancos a velocidades inconcebibles cuando fue levantada.

Dos catedrales para una ciudad  

La iglesia de Santa Cruz, catedral de la ciudad de Cádiz hasta 1838, cuando estuvo acabada la catedral Nueva, fue mandada edificar por Alfonso X, el Sabio, sobre los restos de una mezquita, asentada a su vez sobre lo que podría haber sido un templo paleocristiano o visigodo.

Fue reformada en los siglos XV y XVI, pero casi al final de éste sufrió los efectos del saqueo inglés, quedando prácticamente destruida. El estilo barroco y manierista actual es el propio del siglo XVII, época de su reconstrucción.

Conocida como la Nueva, en realidad Santa Cruz sobre el Mar o Santa Cruz sobre las Aguas, es de construcción más reciente. Se iniciaron las obras a principios del siglo XVIII y no se dio por finalizada hasta ciento dieciséis años después.

Muchos fueron los obstáculos durante el proceso, desde conflictos bélicos hasta crisis económicas, y su aspecto final entre barroco y neoclásico da testimonio de las distintas fases. La cúpula sobre el crucero, revestida de cerámica de color amarillo, le da un tono dorado distintivo.

 

Una piedra

Hay algo exclusivo en las construcciones gaditanas, un aspecto característico del material habitual utilizado en muchos edificios, como es por ejemplo la catedral nueva; se trata de la llamada piedra ostionera, una piedra que se encuentra en toda la zona de la bahía, formada probablemente miles o cientos de miles de años atrás en las profundidades marinas, como demuestra la cantidad de conchas marinas y otros restos fósiles que presenta.

Su alta resistencia a las inclemencias atmosféricas hizo su uso generalizado durante los siglos XVIII y XIX; su uso ha quedado restringido en la actualidad, en parte por su alto precio y en parte por las nuevas técnicas de construcción.

 

La casa del Almirante

Situada en la placita de San Martín, este edificio señorial se resiste a dejarse vencer por el tiempo. Diego de Barrios fue almirante de la flota de Indias en el siglo XVII, y de entonces data la casa hecha construir por su familia.

La puerta principal y el balcón que la corona atraen la atención por su majestuosidad: destacan el mármol rojizo genovés, las columnas pareadas que flanquean la puerta y las columnas salomónicas del balcón.

El arco del Pópulo

La construcción de la iglesia de Nuestra Señora del Pópulo sobre la misma muralla, da al acceso posterior de la antigua puerta del Mar el actual aspecto de pasadizo, por el que se accede al corazón del barrio del Pópulo.

Estar apoyada sobre una fortificación propiedad de la corona, le valió el patronazgo real.

 

El arco de la Rosa, puerta de poniente

La puerta occidental de la antigua muralla de la ciudad de Cádiz, construida en tiempos de Alfonso X el Sabio, en otros tiempos fue conocida como el Arco de Santiago, por comunicar con el arrabal del mismo nombre, lugar de reunión de los pescadores. Todavía conserva el matacán defensivo. No se sabe si su nombre se debe a una antigua capilla cercana, o a un capitán habitante de la ciudad en el siglo XVIII.

El teatro romano

Excavado en parte porque se encuentra bajo el barrio del Pópulo, es considerado el más antiguo y uno de los mayores de la península ibérica.

Un consejero de Julio César, el gaditano Lucio Cornelio Balbo ‘el Mayor’, junto con su sobrino Balbo ‘el Menor’, decidió construir la Neápolis para ampliar el perímetro urbano de Gades.

Abandonado a finales del siglo III, con el tiempo tuvo otros usos, incluso como base de una fortaleza islámica, antes de ser reconstruido por Alfonso X el Sabio.

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El arco de los Blanco

Lo que queda del arco o puerta de Arrecife, está junto al teatro romano. Una prestigiosa familia gaditana financió una capilla dedicada a la Virgen de los Remedios, también situada sobre la muralla y hoy desaparecida.

 

Ayuntamiento

De finales del XVIII ocupa el mismo emplazamiento de los antecesores. El estilo neoclásico de la fachada se convierte en isabelino en su interior. Desde su entrada se realizó la jura de lealtad a Fernando VII, que simbolizaba la ruptura con la monarquía josefina impuesta por el imperio francés.

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Mercado Central y Correos

El espacio donde tiempo atrás se ubicaba el convento de los Descalzos, es compartido por el Mercado Central y el edificio de Correos. El primero fue inaugurado en la primera mitad de siglo XIX, donde había estado la huerta del convento, ahora plaza de la Libertad, y fue proyectado como un cuadrilátero neoclásico a modo de plaza porticada dórica. En la primera mitad del siglo XX se le añadió el pabellón central.

En esa misma época, muy cerca se erigió el singular edificio de Correos, que destaca del entorno por sus características formas en ladrillo y cerámica vidriada.

Está situado en la popular plaza de las Flores, cuyos coloridos quioscos alegran la vista de los numerosos viandantes. Ambas plazas son escenario de las actuaciones callejeras de comparsas y chirigotas durante el famoso carnaval, cuyos orígenes parecen venir de los genoveses establecidos en la bahía de la ciudad de Cádiz en la segunda mitad del siglo XV y que dejan su huella en las paredes del mercado.

 

Torre Tavira

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Se llegaron a levantar hasta ciento sesenta torres mirador en la ciudad de Cádiz, de las que quedan ciento veintiséis. La torre Tavira es una de ellas, y con las otras supervivientes representan el esplendor de una época dorada, cuando el floreciente comercio con las entonces llamadas Indias Occidentales era fuente de riqueza para la ciudad y sus habitantes.

A principios del siglo XVIII, el establecimiento de la Casa de Contratación y el Consulado de Indias fue crucial para el auge comercial y urbanístico de la ciudad, prolongado durante toda la primera mitad de la centuria.

Las torres mirador eran un elemento indispensable para que los comerciantes, desde su altura, pudieran controlar las llegadas y salidas de sus buques de carga. En su mayor parte están situadas cerca del puerto, ya que cada una enarbolaba sus banderolas identificativas para información y reconocimiento entre ellos y las tripulaciones.

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La Bella Escondida

Es la única torre de planta octogonal de las que aún existen en la ciudad de Cádiz y data del siglo XVIII. Y se dice que también es la única cuyo objetivo no era el avistamiento de los barcos, sino aliviar la soledad y la añoranza de una novicia.

Un adinerado caballero ordenó su construcción en las cercanías del convento donde residía su joven hija, decidida a tomar los hábitos. Su intención era paliar su retiro ofreciéndole la posibilidad de contemplar desde la ventana de su celda los bellos mosaicos y la atrevida estructura de la torre, en cuyo interior se hallaba su familia.

Al retirarnos al final de una gratificante jornada, nos prometemos volver.

 

 

Marisa Ferrer P.
Todas las fotografías ©2020 Marisa Ferrer P.

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