Diarios de viaje – El volcán Etna, naturaleza en cólera

Un paseo por los dominios de Hefesto, dios del fuego y la forja según la mitología griega

[Viajes]

 

El aliento de la Tierra 

La reciente nueva erupción del Etna me ha hecho recordar la vez que estuve cerca de su cumbre. Nunca antes me había acercado a un volcán activo, solo a algunos apagados o inactivos. Siempre me han fascinado los paisajes volcánicos, el aspecto desértico de una tierra arrasada, una forma de renacimiento, pues las cenizas volcánicas contienen nutrientes con los que el suelo vuelve a ser fértil; proporcionan piedra pómez para morteros en la construcción y pulido de metales; perlita para elaborar cerámicas, o diabasa y basalto triturado para carreteras, balasto o escolleras.

Fotografías: ©2019 Marisa Ferrer P.

Encaramarse por la mullida ceniza da sensación de fragilidad, contemplar el paisaje circundante encoge el ánimo, ver los efectos de la lava en una casa que un tiempo fue un hogar hace reflexionar. Asomarse a una cueva de lava de reducidas dimensiones requiere atención; es muy fácil doblarse un tobillo o golpearse con una arista punzante.

Fotografía: ©2019 Marisa Ferrer P.

Nadie duda de las colosales fuerzas de la naturaleza encolerizada. Es en esos momentos cuando la humanidad recuerda su nula capacidad de éxito si se enfrenta a ellas; lo único posible es intentar preverlas para escapar de sus demoledores efectos. Los grandes cataclismos que dieron forma al planeta azul tal como hoy lo conocemos se han aplacado hace siglos, pero de vez en cuando dan señales de su poder y la destrucción se enseñorea de las zonas devastadas.

Fotografías: ©2019 Marisa Ferrer P.

 

La vulcanología y los volcanes

La vulcanología no se consideró ciencia hasta el siglo XX; no obstante, ya en el siglo V a C se encuentran descripciones de erupciones volcánicas, las cuales modernamente son clasificadas según sus características principales: violencia explosiva del gas expulsado, material despedido desde el cráter, densidad y composición de la colada. Cada una recibe su nombre según el volcán adoptado como modelo; el Kilauea, en Hawai, es el patrón de las de tipo hawaiano, las más suaves, recorriendo su fluida lava grandes distancias; suaves si se las compara con las plinianas, bautizadas así en honor a Plinio el Joven por su descripción de las violentas emisiones de gases y material piroplástico con las que el Vesubio destruyó Pompeya y Herculano.

Fotografía: ©2019 Marisa Ferrer P.

El Stromboli, en la isla italiana del mismo nombre, es el modelo de erupción violenta e imprevisible; los gases salen con dificultad debido a la viscosidad del magma y acaban reventando, como lo ha demostrado también este verano, con una imprevista actividad que ha causado víctimas.

Fotografías: ©2019 Marisa Ferrer P.

 

Beneficios y pérdidas

Si bien son ciertos los beneficios, disfrutar de ellos conlleva años. Antes de eso, los habitantes han debido abandonar sus casas y sus tierras, dando gracias por salvar la vida si los avances tecnológicos han sido capaces de predecir la sacudida telúrica. Sin embargo, vuelven. Hay algo magnético en sus alrededores, algo debe atraer a las gentes a establecerse cerca de su base al cabo de los años; la fertilidad del suelo, la majestuosidad de sus siluetas, la fuerza del paisaje o, sencillamente, la pertenencia al lugar.

Fotografías: ©2019 Marisa Ferrer P.

Nuestra pequeña incursión llega a su fin, los comentarios, las sensaciones, las comparaciones con otros volcanes… todo va quedando atrás a medida que nos acercamos al restaurante. Seguramente el Etna volverá a ser protagonista durante la sobremesa pero, a la mañana siguiente, otra maravilla se superpondrá y ocupará su espacio en el recuerdo, junto a otras apenas atisbadas en la confusa memoria de un turista ocasional.

 

 

Marisa Ferrer P.

 

 

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