Diarios de Viaje – Turín, cuna de Italia

 

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Desde sus más de ciento sesenta metros de altura, la Mole Antonelliana da la bienvenida a los visitantes quienes, ya desde lejos, al ver la cúpula saben que han llegado a su destino.

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Fotografías: ©2018 Carlos Dorico

Concebido como sinagoga al final del siglo XIX, la volubilidad de Alessandro Antonelli, su arquitecto, hizo detener las obras hasta que la ciudad se hizo cargo del edificio inacabado con objeto de dedicarlo a Vittorio Emmanuel II, rey de Italia. Antonelli hijo siguió con el proyecto a la muerte de su padre y acabó el que para entonces era el edificio de ladrillo más alto de Europa, que tuvo que recuperarse de un terremoto y un par de temporales para seguir siendo el símbolo de Turín y ahora es el mayor museo dedicado al cine.

El escudo de la ciudad remite a sus orígenes, a Taurínia, fundada por los celtas de la tribu taurina. El paso de Aníbal dejó un rastro de destrucción y un nombre latinizado, Torinorum, vestigio de lo cual es el escudo de la villa, con un toro rampante de oro y cornamenta de plata sobre fondo de azur, a pesar de las opiniones que dan otro significado al topónimo. Capital del reino de Saboya en el s XVI, y del de Cerdeña en el XVIII, mediado el XIX lideró la que sería la primera guerra de la independencia, por lo que se la califica como la cuna de Italia.

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Fotografías: ©2018 Carlos Dorico

Hablar de Turín no es hablar sólo de automóviles, –Fiat, Lancia, Alfa Romeo-, de cine –museo de la Mole-, de aperitivos –Martini, Cinzano– o de chocolate. Está también el deporte con la Juventus a la cabeza, el café – Lavazza-, la prensa –La Stampa-, la sábana santa o la famosa máquina de escribir Olivetti. Y el Museo Egizio.

Este museo, considerado el mejor después del de El Cairo ocupa, junto con la Accademia delle Scienze, el palazzo destinado en un principio al Colegio dei Nobili y guarda tesoros cuya antigüedad va desde el 4000 a.C. al 700 d.C., repartidos en los 12000 m2 de sus cuatro plantas. Ningún aficionado a la egiptología debería dejar de visitarlo para contemplar la cantidad y calidad de sus piezas. Estatuas de granito de grandes faraones y poderosos dioses, están expuestas a la vez que pequeñas estatuillas de ajuar funerario: vasos canopos y ushabtis, sarcófagos, momias, pinturas, estelas, diminutas reproducciones de utensilios cotidianos, todo para asombrar al visitante.

Está situado en el centro histórico, de tráfico controlado desde la Porta Palatina hasta la estación Porta Nuova por un lado y el Corso Palestro Valdocco hasta el Corso San Maurizio y el río Po. Del trazado de la antigua colonia romana, la Porta Palatina es el último vestigio de su perímetro, cuyo cardo estaba limitado por ésta (antes Porta Romana) y la Porta Marmorea, al sur, mientras que el decumanus tenía en su extremo este la Porta Decumana y la Porta Praetoria, al oeste.

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Fotografías: ©2018 Carlos Dorico

Al iniciar la visita de la ciudad a través de la Porta Palatina, enseguida se encuentra Il Duomo, es decir, la Basilica Cattedrale di San Giovanni Battista, construida a finales del siglo XV en el mismo emplazamiento que tres antiguas basílicas del siglo IV, consagradas a Cristo Salvador, la Virgen María y San Juan Bautista. Se trata de la única iglesia renacentista de la ciudad, que guarda en una de sus más de quince capillas la Sacra Sindone, la Sábana Santa, un lienzo de lino que presenta huellas de haber envuelto un cuerpo torturado y crucificado que se cree podría haber sido el de Jesucristo.

Hasta el s XVI pocos fueron los cambios experimentados por la ciudad en su extensión; con la retirada de los franceses fue devuelta a la casa de Saboya cuyos miembros empezaron las reformas con la construcción, en el extremo sudoeste de la antigua muralla, de la Cittadella, una potente fortaleza pentagonal con sólidos bastiones en sus vértices siguiendo las pautas de la época. Convertida en capital del ducado, la expansión de sus límites era inevitable y en el s XVII surgieron palacios e iglesias para que la nueva capital no desmereciera frente a las del resto de Europa, apareciendo los primeros de sus populares pórticos en la Piazza Castello.

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Fotografías: ©2018 Carlos Dorico

En la misma zona que el Museo Egizio también está la Piazza Comitato di Liberazione Nacionale, en uno de cuyos lados descansan las alegorías en mármol de dos de los cuatro ríos de la ciudad, el Po y el Dora. La Piazza San Carlo es sin duda el centro de la parte antigua y escenario de acontecimientos trascendentales históricos, políticos y deportivos. Presidida por el famoso caballo de bronce que cabalga el duque Manuel Filiberto en actitud de envainar la espada tras la batalla de San Quintín, está cerrada en su lado sur por las iglesias barrocas de Santa Cristina y San Carlos, entre las que se aprecia a lo lejos parte de la estructura metálica de la estación ferroviaria.

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Fotografías: ©2018 Carlos Dorico

Bajo su contorno porticado se refugian los populares cafés, como el Torino, frecuentados en los años veinte del siglo pasado, su época de mayor esplendor, por intelectuales y políticos reunidos en tertulias en las que debatir todo lo debatible, o para degustar sus bacci di dame

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Fotografía: ©2018 Carlos Dorico

De las muchas iglesias de la capital piamontesa destaca la mayor, cuya azarosa construcción iniciada por Guarino Guarini duró desde finales del siglo XVII hasta mediados del XIX; por eso San Fillipo Neri exhibe una monumental fachada neoclásica que da acceso a un interior barroco tardío, culminado por el altar mayor.

Así como la Piazza San Carlo es el centro histórico, la Piazza Castello es el corazón de la Turín moderna y el punto de partida para cualquier paseo a iniciar bajo los soportales de sus lados; en el norte está el Palazzo Reale, unido en tiempos de los Saboya al Palazzo Madama, nombre aplicado por haber sido residencia de Cristina de Francia, duquesa de Savoya por su matrimonio con Víctor Amadeo I.

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Fotografías: ©2018 Carlos Dorico

A su alrededor, a poca distancia, de halla la Reale Chiesa di San Lorenzo, dedicada a este santo por Manuel Filiberto en cumplimiento de una promesa si obtenía la victoria en San Quintín. La falta de fondos para levantar un nuevo templo le hizo restaurar y ampliar la antigua iglesia de Santa María, ya existente en ese emplazamiento desde el siglo XII. Es considerada una de las mejores obras de Guarino Guarini. Corre el rumor de que mirando la cúpula desde abajo se distingue el rostro del diablo.

Guarini es también el artífice del Palazzo Carignano que, si bien en la actualidad alberga el Museo Nazionale del Risorgimento Italiano, en el siglo XVII se construyó para ser la residencia de los príncipes de Carignano. En el siglo XIX fue la sede del parlamente subalpino y después la del primer parlamento italiano.

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Fotografías: ©2018 Carlos Dorico

Entre la Piazza Castello, la Carlo Alberto y la Via Cesare Battisti, se encuentra la más antigua de las galerías decimonónicas, la Galleria Subalpina, que sigue fielmente los cánones de la época con su bóveda acristalada sostenida por una estructura de hierro forjado y elaboradas balconadas. En su interior, como en otras de la ciudad y en tantas existentes en el resto de Europa, se concentran oficinas, comercios, restaurantes e incluso salas de cine, como en la Galleria San Federico, en la que resalta el estilo art-déco de la entrada de su histórico cinema Lux.

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Fotografías: ©2018 Carlos Dorico

Antes de abandonar la Piazza Castello quizá no esté de más acercarse a frotar el dedo meñique de Colón para convocar a la buena suerte -porque nunca se sabe-, y después emprender el camino por el más de medio quilómetro trazado en diagonal de la Via Po, protegidos de las inclemencias atmosféricas hasta llegar a la Piazza Vittorio Veneto, que conmemora la victoria sobre el imperio austrohúngaro, es la de mayores dimensiones de la ciudad y salva el desnivel hasta el río, a cuya otra orilla se accede cruzando el puente Vittorio Emmanuele. Ordenado construir por Napoleón en 1807, durante el periodo de ocupación francesa, es el más antiguo de la urbe y su relevancia viene dada, más que por la evidente mejora en las comunicaciones y ampliación de los límites urbanos, por la oportunidad de la ingeniería piamontesa de confrontar y fortalecer sus conocimientos con los más avanzados de la francesa.

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Fotografía: ©2018 Carlos Dorico

Fue para conmemorar la retirada de los invasores que se decidió levantar la Chiesa della Gran Madre di Dio, justo al otro lado del puente. Inaugurada en la primera mitad del siglo XIX, la fachada neoclásica preside la escalinata de acceso flanqueada por la alegoría de la Fe, a la izquierda y de la Religión, a la derecha. Sin embargo, para los amantes del esoterismo, la Fe no es sino la misma Virgen que sostiene el Santo Grial, indicando el lugar donde se halla éste; lo cual induciría a pensar que la reliquia se encontraría en la misma Turín.

Queda mucho por ver, tanto en la ciudad como en sus alrededores; sin embargo esta visita relámpago ha servido para constatar que merece volver de nuevo, con calma, con tiempo para visitar sus museos, contemplar sus palazzi en detalle, deambular por sus jardines y, al final de la jornada, reponer fuerzas degustando, ¡cómo no! un bicerin.

 

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Marisa Ferrer P.

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