Santiago Dexeus – La sociedad está en contra de la mujer

 

Por Marina Torné, periodista 

 

Santiago Dexeus i Trias de Bes (Barcelona, 1945), médico ginecólogo.
Fundador y Vicepresidente de la
Fundación SOMDEX
-equipo de ginecólogos del Dr. Santiago Dexeus-.

Actualmente uno de sus ámbitos de investigación y práctica asistencial es la ginecología oncológica.

En 1959 se licenció en Medicina en la Universidad de Barcelona. Se especializó en las universidades de Manchester, Suiza, París y Florencia y en 1964 se doctoró en la Universidad de Madrid. Fue médico residente en el Instituto de Maternidad de Barcelona, del que fue director del departamento de oncología y maternidad de 1964 a 1972. Ha sido profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Barcelona desde 1988 y codirector de la revista mensual Progresos de Obstetricia y Ginecología.
Miembro numerario de la Real Academia de Medicina de Cataluña.
Presidente del Consejo de Administración del Institut Universitari Dexeus, fundado por él en 1973, y del que ha sido director del Departamento de Ginecología y Obstetricia.
Ha sido uno de los pioneros en la defensa del derecho de la mujer al uso de la píldora anticonceptiva y de las técnicas de la reproducción asistida. En 1984 fue artífice del nacimiento del primer bebé probeta en España. Sus aportaciones en el campo de la ginecología son numerosas destacando la creación del primer comité clínico para la prevención y tratamiento del cáncer ginecológico, entre otros.
De 1992 a 2002 ha sido presidente de la Comisión Nacional de Obstetricia y Ginecología. Es presidente de honor de la Sociedad Española de Citología. En 2007 fue nombrado presidente de la European Federation of Colposcopy.
Ha recibido la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo (2004) y la Cruz de Sant Jordi (2009).

P. Persona pionera, emblemática, querida, muy conocida…

R. Lo siento Marina, pero cuando me decís esto la piel se me pone de gallina porque pienso que tengo que estar a la altura de lo esperáis y la verdad es que no me considero nada especial. Ya lo he dicho siempre: si soy algo especial ha sido gracias a las mujeres. En los inicios, tenía una proyección muy clara en mi vida. Pertenecía a una familia burguesa, conocida de Barcelona, gente maravillosa pero que constituían pequeños clanes. Se decía que en la ciudad había doscientas o trescientas familias que «cortaban el bacalao». No sé si la mía era una de ellas. Mi padre era médico, mi hermano era médico y yo tenía que ser médico y en un principio pensé en no serlo, sólo para llevar la contraria. Luego, la figura de mi padre y también la de mi hermano me deslumbró. La forma cómo trabajaban, cómo veían la medicina y yo, que era un poco revolucionario, pensé que podía aportar alguna cosa en ese campo. En la facultad conocí a gente que luego se dedicó a la  política, algunos ya han fallecido, pero éramos una juventud revolucionaria. Sin embargo, la mayor revolución fue cuando caí en la cuenta de que éramos doscientos alumnos en el selectivo de medicina, y tan sólo seis mujeres. Todas las mujeres pasaron la selectividad y de los doscientos hombres, ochenta se quedaron fuera. La mujer era más consciente porque estaba discriminada y cuando se está discriminado hay que estar muy atento, porque sabes que no te van a regalar nada. Y si te lo regalan será a cambio de algo que no te gusta, sobre todo si eres mujer. Esta fue mi primera impresión.
Acabé la carrera y entré en un hospital en el que había madres llamadas «solteras» y madres llamadas «casadas». Y ahí empezó una segunda revolución importantísima para mi. Soy conocido, como decías tu, porque soy muy pequeño y porque existe un género llamado «género femenino» y no es por daros coba,  pero lo aprecio enormemente.

P. La menopausia ¿es un momento difícil?

R. La menopausia es una anécdota como otra cualquiera. Sino lo es es porque, culturalmente, se le ha dado un significado peyorativo. Los científicos tenemos que demostrar que no es así. El hombre tiene una biología tan aburrida como una meseta. Sólo cambia un poquito cuando entra en la adolescencia y empieza a decir «tengo algo entre las piernas» y grita y hace tonterías, aunque la adolescencia del hombre es tan mala como la de la mujer.
Culturalmente el hombre tiene todavía unos vicios muy negativos para la convivencia. Sólo se han liberado las mujeres que tienen chófer, tres guardaespaldas o son ministras, y estas no representan a todas las mujeres. Es como si me dijera que toda la sociedad médica la forman los tres médicos que están en el candelero. No sólo la constituyen esos facultativos sino también el médico que está todos los días frente a veinte enfermas, y que quiere hacerlo bien. Y generalmente lo hace bien y sino que se lo pregunten a mi mujer. Ella lo hace muy bien. Llega a casa agotada, porque visitar 28 o 30 pacientes en un módulo en seis horas y media, es muy difícil y lo hace muy bien. Con la infraestructura actual es muy complicado ejercer bien la medicina. Cuando llega una menopáusica, ¿qué pasa?: «Mire, tómese usted esto». Y no. Porque la menopausia significa que estamos en un momento de nuestra vida en el que van a surgir unos problemas determinados. La forma de afrontarlos es importantísima. Si, además, la mujer tiene otras preocupaciones, entonces la menopausia no se puede concentrar en solucionar sólo los sofocos o la sequedad vaginal, hay que abordarla desde un punto de vista más globalizado. Para ello se necesita hablar con la paciente, introducirse en todo su ser. ¿Por qué tiene tristeza?, si la tiene. Quizás porque aquel esfuerzo que ha hecho durante años para que el hijo fuese ingeniero, que les ha costado un esfuerzo a los padres, a él y a ella, pero que además ella ha tenido que hacer malabarismos con la cesta de la compra, y ahora el hijo está sin trabajo y les dice: «Los culpables sois vosotros, vuestra generación», entonces esta mujer se pregunta «¿dónde está mi mundo?». Y si encima el marido es tan imbécil como para decirle: «Oye, no sigas con estas histerias, que me voy a buscar dos de veinticinco», entonces ya es el colmo.

«¡Cómo me gusta el café!», exclama el profesor Dexeus en voz baja, casi como si confesara una travesura. Sonríe mientras saborea lentamente su taza de café con un poco de leche. A su lado, silenciosa, discreta, asintiendo en ocasiones, la doctora Ojeda, la mujer del doctor.

«¿Qué te pasa a ti?», le pregunta él. Se miran a los ojos y se sonríen con complicidad.
Yo también sonrío. Le echo un capote.
-Está escuchando.
-Luego me dirá: No lo has hecho bieeen…
-¿Mandamos mucho las mujeres?
-A mí me gusta que mande. Hoy le he preguntado por el traje que tenía que ponerme y ella escogía otro.
-Claro.
-Pero no le he hecho caso. Yo sólo me iba con unos pantalones. Le he dicho: «Búscame unos pantalones un poco oscuros porque si me mancho, estoy perdido».
-Claro.
-En Cádiz tengo que estar delante de unos señores con corbata. ¿He cogido una corbata? Bueno si no, compraremos una.

P. ¿Plantearse tener hijos a los cuarenta años es ir un poco en contra de la naturaleza?

R. La mujer no, es la sociedad está en contra de la mujer.

P. Pero ustedes las ayudan para que sean madres a unas edades muy avanzadas.

P. Claro, porque nosotros tenemos que ayudar a la paciente que padece. Si una mujer padece la falta de hijos, entonces nosotros la ayudamos. Pero éste no es el problema, el problema viene de atrás. Constituye una problemática muy seria y tiene su origen en el contexto social. Vamos a ver muchas madres solas porque llega un momento en que se cansan del botarate de turno.

«Usted es muy guapa», se refiere a la joven responsable de prensa que nos acompaña también durante la entrevista. «Todas son guapas, pero ella más. Porque nació en la clínica del Tibidabo…a lo mejor. Por esto es más guapa, ¿no lo ven? Esto póngalo. Todas las mujeres que nacen conmigo son más guapas», bromea el doctor.

P. Yo nací en casa.

R. Si le digo dónde nací yo…

P. No me diga que un taxi, o en un tren, o en un coche.

R. No, no. Yo nací en la calle Muntaner 292. Mi padre había inaugurado una clínica en la que decía que no debían asistirse partos en las casas. Nací en mi casa porque mi madre, que tenía cuarenta y cinco años, así lo decidió. Mientras tanto, mi padre hacía propaganda para que las mujeres fueran a los hospitales para tener a sus hijos, acababa de inaugurar una clínica con todos sus ahorros… y  mi madre que no, que yo había de nacer en casa. ¡El poder de las mujeres! Mi padre no quería asistir a domicilio porque vio morir a muchas. La última, precisamente, en la calle Muntaner 292. La asistió una comadrona. Tuvo una hemorragia postparto y mi padre no pudo hacer nada para salvarle la vida.

P. ¿Se debería informar más a las mujeres sobre la menopausia?

R. El primer libro que escribimos sobre la menopausia fue en el año setenta y cuatro y tuvo mucho éxito. Lo hice en colaboración con la señora Pàmies. Ella le dio al libro un tono irónico precioso. Yo iba más al grano: sequedad vaginal, sofocos… Ella decía por ejemplo: «Cuando un hombre peina canas, está más atractivo. Cuando peina canas una mujer, corre hacia la peluquería». Años después hicimos una segunda edición Margarita Rivière y yo y fue un fracaso. ¿Por qué? Pues porque le pusimos como título: «La aventura de envejecer». Nadie quería aventurarse y menos envejecer. Le cambiamos el título al cabo de cuatro años: «Vivir la madurez con optimismo». Se agotó la edición. Éxito. Curioso. Era el mismo libro, sólo que con otro título.
Usted le pregunta ahora a una mujer de veinte o veinticinco años, que qué es la menopausia y  le contestarán únicamente una cosa: quedarme sin regla. La menopausia no es quedarse sin regla. Esto no es del todo exacto. Es el ovario que fracasa en su función y como consecuencia, desaparece la regla. Se le puede extirpar el útero a una mujer y no ser menopáusica porque tiene los ovarios funcionando perfectamente. Esta encuesta se hizo hace unos treinta años en los Países Bajos y el veinte por ciento no supieron contestar lo que era la menopausia. Entonces, ¿qué es lo que hay que explicar a la mujer? Pues que la mujer es muy superior al hombre, porque nosotros somos una meseta, pero no una meseta bonita, castellana, con un cielo maravilloso, sino una meseta fría, triste… siempre iguales. Se nos levanta el pito a la edad que sea y luego se nos baja. Ustedes no. Ustedes poseen matices diversos de los que nosotros carecemos, porque su biología es mucho más importante que la del hombre: la maternidad, la reproducción…
«En la creación, no fue el hombre que cedió su costilla a la mujer para crearla, fue la mujer que cedió muchas otras cosas para que el hombre fuera hombre», concluye divertido.

P. ¿Preferiría haber nacido mujer?

R. Sí, sufragista. Mujer y sufragista. Sí, lo sería de verdad. A mí vivir los debates de aquellas dos sufragistas de la I República, Concepción Arenal y Victoria Kent, me hubiera apasionado -comenta el doctor Dexeus sin abandonar su buen humor.

 

 

 

marina.torne@gmail.com
Barcelona, 20 de octubre de 2012
Entrevista realizada durante el Fórum Mujer y Menopausia

 

 

Fotografías realizadas durante el Fórum Mujer y Menopausia – ©2012 Marina Torné