‘Razón y emoción’ – Recursos para enseñar a pensar

Cómo utilizar la razón para gestionar mejor nuestras emociones y para entender por qué actuamos como lo hacemos

[Familia – Niños – Adolescentes / Tendencias]

 

Ferran Salmurri, autor de ‘Libertad emocional’, nos habla de ‘Razón y emoción – Aprender a usar la razón para gestionar la emoción’, un libro editado por RBA Bolsillo, que nos da recursos para enseñar a pensar y para cambiar las estrategias con las que gestionamos nuestras vidas y las de nuestros hijos.

Salmurri es psicólogo clínico, estudioso y aventajado practicante de la corriente de la psicología cognitivo-conductual, un enfoque cuyos beneficios se ha comprometido a trasladar desde las consultas y las aulas hasta la cotidianeidad de la vida de la gente de a pie.

Está convencido de que la felicidad puede «aprenderse» y «enseñarse» y de que la sociedad necesita, y merece, una mejor educación en el ámbito emocional que le ayude a evitar sufrimientos innecesarios o a combatirlos con recursos mejores. Con ‘Razón y emoción’, ha satisfecho sobradamente ambas aspiraciones.

 

Gestión de las emociones

Los seres humanos no hemos puesto la inteligencia al servicio del progreso emocional y aún vivimos sometidos a principios primitivos que nos convierten en esclavos de nuestras propias emociones.

La ciencia ha demostrado que, en lo referente a gestión de las emociones, el ser humano apenas ha avanzado nada en más de mil años. Ferran Salmurri defiende que un mundo con siete mil millones de habitantes que, al igual que en la Prehistoria, se rigen por el egoísmo y la emocionalidad descontrolada, es del todo insostenible.

Esta es una obra clara y didáctica que nos enseña cómo utilizar la razón para gestionar mejor nuestras emociones y para entender por qué actuamos, pensamos y sentimos como lo hacemos.

Nos ofrece recursos para aprender y enseñar a autocontrolar la conducta y las emociones, para vivir (y convivir) más libres y felices, mejorando nuestra autoestima, asertividad y gestión del estrés.

 

Dominados por las emociones

El beneficio individual inmediato ha dominado, constantemente, las acciones de los hombres y mujeres del planeta. Al mismo tiempo y por los siglos de los siglos se ha creído y se nos ha enseñado que los seres humanos somos los ‘animales racionales’, se supone que en comparación con los demás seres del reino animal. Nada más lejos de la realidad. Puede que nos cueste aceptarlo, pero los seres humanos estamos tan dominados por las emociones como cualquier otra especie del reino animal. Heredamos una manera egoísta de ir por la vida y, a pesar de que nos ha permitido subsistir como especie, hoy en día ya no puede sostenerse como motor del andar humano. En un mundo de más de siete mil millones de personas ya no es sostenible la idea de ‘si lo quiero y puedo, lo he de tener’, puesto que aunque podamos lograr lo individualmente ya no es soportable ni conveniente para el colectivo humano.

 

Una sociedad hacia la decadencia

Necesitamos una nueva cultura, lejos de los parámetros primitivos bajo los que vivimos y convivimos en la actualidad. Y es necesario que este cambio se realice con urgencia y de forma generalizada en el mundo global del siglo XXI. Y necesitamos una sociedad en la que las diferentes personas, sin perder la individualidad, aprendamos y ejercitemos una forma más humana y menos primitiva de pensar, sentir y actuar. No podemos permitirnos seguir patrones y valores anticuados que solo nos conducen a la autodestrucción y a la extinción de los humanos como especie. Necesitamos utilizar la razón para una gestión más adecuada de nuestras emociones. Y también necesitamos liberarnos de muchos prejuicios y, de este modo, dejar de convertir la vida en un juicio permanente o de transformar la normalidad del ser humano en una medicalización creciente, en lugar de aprender a cambiar aquello que sabemos, podemos y debemos cambiar. No podemos seguir escondiendo la cabeza bajo el ala mientras la tormenta no nos afecte directamente. Una sociedad que se dice civilizada no se puede permitir un silencio cómplice que conduce indefectiblemente al sufrimiento y, en último término, a la decadencia. Hoy disponemos de conocimientos suficientes para revertir esta situación, herramientas útiles para cada uno de nosotros y para que tanto nosotros como nuestros hijos dejemos de ser esclavos de nuestras emociones más primarias.

 

Falta de evolución en la gestión de sentimientos

El primitivismo y la falta de evolución en la gestión de los sentimientos y las emociones ante las cambiantes circunstancias de la vida nos conducen indefectiblemente, como primera consecuencia, a un creciente padecimiento emocional, y en último término a sucumbir como especie. La necesidad de disponer de unas habilidades emocionales más adecuadas y de mejores competencias sociales es imperiosa. Ello nos lleva a la también imprescindible tarea de aprender, para poder enseñar a nuestros menores todo aquello que les tenga que ser de utilidad en este sentido.

 

El egoísmo de querer poseer más y más

Los seres humanos tenemos tendencia a vivir sin tener excesiva conciencia de lo que hacemos. Lo que decidimos, lo que comunicamos o lo que pensamos está fuertemente influido y mediatizado por nuestras emociones. Con frecuencia hemos considerado aquello que sentimos como aspectos del ser humano que hay que esconder y negar, algo de lo que hay que avergonzarse. Y, de este modo, no hemos reparado o no hemos querido reconocer que nuestra vida es primordialmente emocional. El problema es que a menudo hemos estado y estamos dominados por nuestras emociones negativas, nuestros miedos, inseguridades, celos, envidias y demás. En aras de conseguir mayores cuotas de seguridad y menores miedos, los seres humanos hemos intentado poseer más y más sin pararnos a pensar si poseer más nos proporciona mayores cuotas de seguridad o si nos ayuda a sentirnos mejor. Hemos vivido y seguimos viviendo sometidos a la esclavitud de los sentimientos y las emociones, sin más. Así, hemos desarrollado una fuerte actitud egoísta.

El egoísmo ha sido el motor del andar humano. El egoísmo, consustancial a todos los seres humanos, ha sido el gran motor del quehacer de las personas. Esto puede haber sido válido, útil y necesario para la supervivencia en los albores de la especie, pero en la actual situación de la vida en nuestro planeta esta realidad se vuelve absolutamente en contra nuestra.

 

Enseñar la autoaceptación

La autovaloración de los aspectos positivos personales, junto a la práctica de la empatía, son de suma importancia para una adecuada evolución socioemocional. Aprender y enseñar autoaceptación, es decir, sentirse cómodo con lo que se es, se debe practicar en lugar de anclarnos en conductas, comentarios y consignas que están caducas y obsoletas en sus objetivos.

 

Educación de los hijos: Tener más estudios no hace más felices a las personas

Muchos padres esperan que sus hijos sean estudiosos, buenas personas, cultos e instruidos. Es más, algunos adultos creen firmemente que en la vida lo más importante es tener formación y conocimientos sin más, en el convencimiento de que sin estudios no se llega a ninguna parte. Establecen un estrecho paralelismo entre estudios y felicidad. En cambio, es bien conocida la insignificante relación entre nivel de estudios y felicidad. Hay quien incluso establece relaciones entre felicidad y nivel académico, y valor y categoría de la persona, quizás por aquello de igualar bienestar económico y bienestar emocional. Sin duda alguna, estos pueden ser deseos bienintencionados. A pesar de ello, si lo pensamos un poco llegaremos todos o casi todos a la misma conclusión: debemos reconocer que lo que esperamos y deseamos para nuestros hijos es idéntico a lo que deseamos para nosotros mismos: que sean felices. Nos ayuda a sentirnos bien ver felices a los hijos y nos solemos sentir afectados negativamente cuando los vemos afligidos o poco felices.

Así pues, el objetivo como padres es la felicidad de los hijos. Por tanto, la función de los padres es enseñar a los menores a que aprendan a ser más felices, a sentirse bien con ellos mismos y con lo que les toca vivir. Pero antes de entrar en cómo lograr este objetivo, es importante tener claros algunos conceptos previos:

 

> La función de los padres es enseñar a los hijos a ser más felices.

> Las pautas pedagógicas que aplicamos a nuestros hijos son subjetivas y, por tanto, falibles

> Solemos educar en función de nuestras emociones y no de la conveniencia para el menor.

> El error de diferenciar constantemente lo bueno de lo malo

> Nuestros errores nos demuestran que somos humanos, no fracasados ni culpables.

> Compararse para ser mejor o peor

> Cada uno de nosotros somos individuos únicos, diferentes, singulares y no comparables.

 

 

Departamento de Comunicación
RBA Libros
prensa@rba.es

Imágenes cedidas por RBA Libros

 

VER:  
> Razón y emoción – Ferran Salmurri nos explica cómo aprender a ser más felices   
> Educar sin gritar – Guía, reflexiones y estrategias  
> Fernando Alberca – Preocupaciones por las notas de los hijos 
> Pautas a seguir si es tu hijo quien realiza el Bullying
> 5 beneficios de aprender un segundo idioma durante la infancia
> Decálogo sobre los e-derechos de la infancia en Internet – Una iniciativa de UNICEF 
> La autoridad de los padres – Elemento esencial en la educación
> Transtorno de la lateralidad – Problemas en el lenguaje, lectura y escritura
> Niños superdotados – Un 2% de la población infantil es superdotada
> César Bona – Uno de los cincuenta mejores maestros del mundo
> Niños AID (Internet Addiction Disorder) – ¿Necesita un niño móvil?
 

 

 

 

 

 

3 – 13-06-2017
2 – 08-05-2016
1 – 18-01-2015