Enfermedad de Chagas (T. cruzi) I – Origen, transmisión y tratamiento

La enfermedad de Chagas se puede curar si el tratamiento antiparasitario se administra precozmente, en la fase aguda. En las infecciones crónicas, el tratamiento y el seguimiento pueden prevenir o frenar la progresión de la enfermedad y evitar su transmisión durante el embarazo y el parto. Si no se diagnostica ni se trata a tiempo, la infección crónica provoca alteraciones  importantes.

 

[Salud]

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Se calcula que en el mundo hay alrededor de siete millones de personas, la mayoría en América Latina, que están infectadas por Trypanosoma cruzi, el parásito causante de la enfermedad de Chagas.

T. cruzi se puede transmitir por vía congénita durante el embarazo y el parto por medio de vectores (triatominos1), por vía oral a través de los alimentos, por vía transfusional a través de la sangre o de productos sanguíneos, por trasplante de órganos y por accidentes de laboratorio.

La enfermedad de Chagas se puede curar si el tratamiento antiparasitario se administra precozmente, en la fase aguda.

En las infecciones crónicas, el tratamiento y el seguimiento pueden prevenir o frenar la progresión de la enfermedad y evitar su transmisión durante el embarazo y el parto.

Si no se diagnostica ni se trata a tiempo, la infección crónica provoca alteraciones cardiacas en hasta un tercio de los casos, y en uno de cada diez, trastornos digestivos, neurológicos o combinados que pueden requerir un tratamiento específico.

Las principales estrategias de prevención son:

> realizar pruebas de detección a niñas y mujeres en edad fértil y tratar a las infectadas;

> controlar los insectos vectores en América Latina; examinar la sangre antes de las transfusiones y los trasplantes;

> establecer un diagnóstico lo antes posible, acompañado de la atención y el seguimiento exhaustivos; y

> ofrecer información, educación y comunicación a los profesionales de la salud y a la población.

 

Panorama general

La enfermedad de Chagas se debe a la infección por el parásito protozoario Trypanosoma cruzi. No obstante, también refleja un problema de salud complejo, característico tanto de las enfermedades tropicales desatendidas como de las enfermedades condicionadas por factores sociales y ambientales.

Cuando el diagnóstico es erróneo o tardío y el tratamiento y el seguimiento son inexistentes o incompletos, esta infección puede resultar mortal.

Se calcula que cerca de siete millones de personas en todo el mundo están infectadas por T. cruzi. Cada año la enfermedad causa unas 10.000 muertes y más de 100 millones de personas corren riesgo de infectarse.

A pesar de su creciente presencia mundial, la enfermedad sigue concentrándose sobre todo en zonas endémicas de 21 países continentales de América Latina2, donde su transmisión ha estado estrechamente vinculada a la presencia del insecto vector.

En los últimos años, la transmisión congénita se ha convertido en la principal vía de contagio y ocasiona más de 10.000 casos nuevos cada año.

La enfermedad lleva el nombre de Carlos Chagas, médico e investigador brasileño que la diagnosticó por primera vez en una persona el 14 de abril de 1909. 

 

Distribución

En el pasado, la enfermedad de Chagas estaba restringida a las zonas rurales continentales de las Américas.

Sin embargo, como resultado de los cambios socioambientales y del aumento de los desplazamientos demográficos, la mayoría de las personas infectadas vive hoy en zonas urbanas y la infección se ha detectado en 44 países, entre ellos Canadá, Estados Unidos de América y varios países europeos y algunos de las regiones del Pacífico Occidental, África y el Mediterráneo Oriental.

 

Transmisión

En América Latina, la transmisión de T. cruzi ha ocurrido principalmente por contacto con las heces o la orina infectadas de triatominos hematófagos (vinchucas, chinches).

Estos insectos suelen habitar en grietas de paredes y tejados de las viviendas y de estructuras cercanas en zonas rurales y suburbanas, como gallineros, corrales o almacenes.

Durante el día permanecen ocultos y por la noche salen para alimentarse de la sangre de animales y seres humanos. Generalmente pican en zonas expuestas de la piel, como la cara, y defecan u orinan cerca del lugar de la picadura.

Los parásitos penetran en el organismo cuando la persona, al sentir escozor en la picadura, se rasca instintivamente y favorece el contacto de las deyecciones con la picadura, con los ojos o la boca, o con alguna lesión cutánea abierta.

La infección también puede producirse al ingerir alimentos o bebidas contaminados con el parásito, por ejemplo tras el contacto con deyecciones de triatominos (vinchuca, chipo, chinchorro o pito, chirimacha, chinche y barbeiro) o de zarigüeyas comunes infectados; este tipo de transmisión suele dar lugar a brotes. T. cruzi puede infectar además a diversas especies de mamíferos que actúan como reservorios silvestres, entre los cuales destacan las zarigüeyas comunes.

El parásito T. cruzi también puede transmitirse en cualquier región del mundo:

> durante el embarazo o el parto;

> mediante transfusiones de sangre o de productos sanguíneos;

> por trasplante de algunos órganos, como el corazón o el riñón; y

> por accidentes de laboratorio.

 

Signos y síntomas

La enfermedad de Chagas se desarrolla en dos fases. La primera es la fase aguda, que comienza tras la infección y se prolonga durante unos dos meses.

En ese periodo puede haber una gran cantidad de parásitos circulando en la sangre; sin embargo, en la mayoría de los casos no aparecen síntomas o estos son leves e inespecíficos.

Los más frecuentes son fiebre, dolor de cabeza, inflamación de los ganglios linfáticos, palidez, dolor muscular, dificultad para respirar, hinchazón y dolor abdominal o torácico.

En un número mucho menor de casos, las personas picadas por un triatomino presentan signos iniciales visibles característicos: una lesión cutánea denominada ‘chagoma’ o una hinchazón amoratada de un párpado conocida como signo de Romaña.

En la fase crónica, los parásitos permanecen ocultos, sobre todo en la musculatura cardiaca y digestiva. Entre 10 y 30 años después de la infección, hasta un tercio de los pacientes presentan trastornos cardiacos y uno de cada diez, alteraciones digestivas —de forma característica, un aumento del tamaño del esófago o del colon—.

Además de manifestaciones neurológicas o mixtas. Con el paso de los años, la infección puede dañar el sistema nervioso, el miocardio y el sistema digestivo, y provocar manifestaciones y complicaciones clínicas como arritmias cardiacas, insuficiencia cardiaca progresiva y muerte súbita. 

 

Tratamiento

La enfermedad de Chagas puede tratarse con benznidazol o nifurtimox. Ambos eliminan el parásito y resultan eficaces para curar la enfermedad cuando se administran al inicio de la fase aguda, incluso en los casos de transmisión congénita.

No obstante, su eficacia disminuye cuanto mayor es el tiempo transcurrido desde la infección y, además, las reacciones adversas son más frecuentes y potencialmente más graves en edades avanzadas.

El tratamiento también está indicado cuando la infección se reactiva (por ejemplo, en situaciones de inmunodepresión) y al comienzo de la fase crónica, especialmente en las niñas y las mujeres en edad fértil —antes o después del embarazo— con el objetivo de prevenir la transmisión congénita.

También se recomienda tratar a los adultos infectados, en particular a quienes no presentan síntomas, ya que los antiparasitarios pueden evitar o ralentizar la progresión de la enfermedad.

En otros casos, los posibles beneficios del tratamiento para prevenir o retrasar el avance de la enfermedad deben valorarse frente a la duración del tratamiento, que puede prolongarse hasta dos meses, frente a las posibles reacciones adversas, que presentan hasta un 40% de los adultos.

Ni el benznidazol ni el nifurtimox deben administrarse a embarazadas ni a personas con insuficiencia renal o hepática.

El nifurtimox también está contraindicado a las personas con antecedentes de trastornos neurológicos o psiquiátricos. Además, con frecuencia es necesario instaurar un tratamiento específico y realizar un seguimiento de por vida de las manifestaciones cardiacas, digestivas o neurológicas. 

 

Ver: La enfermedad de Chagas II – (Tripanosomiasis americana) – Control y prevención

 

Día Mundial de la Enfermedad de Chagas: 14 de abril 

 

Equipo Torrese 
eMagazine 39ymas.com 

Fuente:
www.who.int/es/news-room   

Origen de la imagen:
magnific.com – erik-karits-2093459

Ver:

> La enfermedad de Chagas II – (Tripanosomiasis americana) – Control y prevención
> Brote de ébola en la República Democrática del Congo y Uganda – Emergencia de salud 

> Virus de Marburgo – De la familia del Ébola
> La viruela del mono – Informaciones sobre este virus   
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1- Vinchuca (desde Ecuador hasta la Patagonia), chipo (Venezuela), chinchorro o pito[1] (Colombia), chirimacha (en Perú), chinche (en México, Panamá y Chile), y barbeiro (Brasil).

2- Argentina, Belice, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Estado Plurinacional de Bolivia, Guatemala, Guayana Francesa, Guyana, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Bolivariana de Venezuela, Suriname y Uruguay.