La salud mental prioridad sanitaria y social – Depresión unipolar, ansiedad, esquizofrenia, epilepsia, abuso de...

 

[Salud / Familia]

 

Por el Dr. José Jaime Melendo Granados*

 

Los trastornos mentales constituyen la causa más frecuente de carga por enfermedad en Europa, por delante de las patologías cardiovasculares y del cáncer. Su impacto en la calidad de vida de los pacientes y sus familiares es superior al de las enfermedades crónicas como la artritis o la diabetes. En España, según la última Encuesta Nacional de Salud del Ministerio de Sanidad, el 21,3% de la población de 16 años o más (15,6% de los hombres y 26,8% de las mujeres) presenta riesgo de mala salud mental, que se acrecienta a medida que aumenta la edad.

Las enfermedades más destacadas por la OMS en el adulto son la depresión unipolar, la enfermedad bipolar, la ansiedad, la esquizofrenia, la epilepsia, el abuso de alcohol y otras sustancias, el estrés postraumático, el insomnio y los trastornos obsesivo-compulsivos y de pánico. Los niños y los adolescentes sufren también este tipo de patologías. Se estima que dos de cada diez padecen algún trastorno psíquico y esa misma Encuesta indica que entre los cuatro y los 15 años, el 22,1% presenta riesgo de mala salud mental. Las patologías más destacadas, entre este importante segmento de la población, son el autismo, el trastorno por déficit de atención y la depresión.

No existen suficientes datos para valorar el coste económico exacto que los trastornos de la mente suponen en Europa, pero se estima que está entre el 3 y el 4% del PNB, por encima de los 182.000 millones de euros anuales. Hacia mediados del siglo pasado, una serie de factores se conjugaron para generar el modo actual de asistencia en Salud Mental. La aparición de los primeros medicamentos para enfermedades mentales, la sustitución de los manicomios-asilos por nuevos recursos de tratamiento y rehabilitación y el movimiento en pro de los derechos de los pacientes se fusionaron para emprender formas de atención bajo el término de Psiquiatría Comunitaria.

Con sus claroscuros, la Psiquiatría Comunitaria persigue disminuir la hospitalización, evitando la segregación, facilitar la reinserción, promover la salud mental, evitar los trastornos mentales y disminuir sus consecuencias. Esta nueva política ha hecho que se incrementen los servicios de Salud Mental comunitarios extra-hospitalarios y se creen recursos intermedios. 

En el nuevo modelo asistencial, el enfermo y la familia se constituyen como ejes del sistema. Tanto en la atención a niños y adolescentres, como en la asistencia al trastorno mental grave. El recurso a la colaboración familiar se hace imprescindible y empiezan a aparecer en España, a finales de los sesenta, los primeros movimientos asociativos.

Por otro lado, la lucha contra el estigma, la discriminación y la marginación se hacen ineludibles: desterrar la “marca” denigratoria entre los propios profesionales sanitarios, la población, los medios e, incluso, entre los familiares, se convierte en objetivo prioritario. Además, la coordinación entre el “médico de familia” (Atención Primaria) y el Especialista (Salud Mental) se convierte en prioritaria, así como el trabajo en Equipo Multidisciplinar (Psiquiatra, psicólogo, enfermero, trabajador social…).

Uno de los retos que plantea la asistencia al enfermo mental grave es la llamada continuidad de cuidados. Por una parte exige una red asistencial dotada de diversos recursos intermedios (hospitales de día, centros de día, centros de rehabilitación psicosocial, pisos protegidos…) que “acompañe” al paciente en su itinerario. Por otra, exige de una estrecha colaboración (cooperación), entre los profesionales en los diversos recursos implicados. Este aspecto va íntimamente unido al anterior del trabajo en equipo y en la forma de afianzar la idea de que, si es necesario, un internamiento es sólo un aspecto más del tratamiento integral. El continuum es la rehabilitación y la recuperación, una esperanza.

Son retos a los que se enfrentan los servicios de salud y a los que las Administraciones sanitarias están dedicando esfuerzos y recursos con el objetivo de acercar al enfermo a la comunidad y desterrar formas de rechazo que veían en la exclusión manicomial la única forma de tratamiento de la enfermad mental grave.

Aun así, y como en todo proceso de cambio, existen temas pendientes, como la preocupación prioritaria por la prevención del suicidio. En las enfermedades mentales la tasa de suicidio, en el caso de la esquizofrenia, es nueve veces mayor que en la población general. Por otro lado, pese a su importante desarrollo en los últimos años, hay que potenciar con recursos tanto humanos como institucionales, la asistencia a niños y adolescentes. Es una forma más de ayudar en la detección precoz. Además, las adicciones a estupefacientes y al alcohol deben recibir especial atención. Finalmente, los trastornos de personalidad, junto con patologías emergentes, representan un punto de impacto que posiblemente seguirá un desarrollo exponencial en este siglo.

 

 

*Coordinador del Área Asistencial, Oficina Regional de Coordinación de Salud Mental. España
Publicado en la Revista muf@ce, nº 215

 

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Página de origen de la imagen:
enbuenasalud.org  

 

 


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