Normandía – Mont Saint-Michel, Colleville-sur-Mer, Caen, Honfleur y Étretat

Nos adentrarnos en Normandía empezando por Mont Saint-Michel, el pueblo que desde lejos aparenta ser de cuento, pero que en realidad se agrupa alrededor de la Abadía del mismo nombre, en la cima de la isla rocosa en el estuario del rio Couesnon.

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Hemos programado nuestro itinerario por Normandía, región del norte de Francia con unos 600 km de costa entre el Mont-Saint-Michel y Le Tréport, donde se alternan acantilados de caliza blanca, puertos pintorescos, y cabezas de playa de la Segunda Guerra Mundial, incluida la playa de Omaha, lugar del famoso desembarco del Día D

 

Mont Saint-Michel

Nos adentrarnos en Normandía empezando por Mont Saint-Michel, el pueblo que desde lejos aparenta ser de cuento, pero que en realidad se agrupa alrededor de la Abadía del mismo nombre, en la cima de la isla rocosa en el estuario del rio Couesnon, antigua frontera fluvial entre los ducados de Bretaña y Normandía.

Los galos aparecen en forma de leyenda: en aquel entonces el bosque de Scissy circundaba la cima del monte, y estaba habitado por tribus galas que celebraban sus ritos druídicos dedicando el peñasco al dios del sol, Belenus.

Pero en el siglo III a causa de fuertes fenómenos meteorológicos el bosque desapareció; un manuscrito del siglo XV habla de la especial violencia de la marea en el siglo VIII.

Hacia el siglo IV llegó el cristianismo y, con él, el primer oratorio dedicado a San Esteban. En el siglo VIII o IX, a petición del arcángel Miguel, san Aubert construyó la primera iglesia.

Muerto Carlomagno los normandos devastaron la región hasta obligar a Carlos III a pactar con su caudillo Rollón, lo que hizo el monarca para evitar males mayores.

Los últimos benedictinos abandonaron el lugar a causa de la Revolución Francesa; se convirtió en prisión hasta ser clausurada por Napoleón III.

La iglesia abacial quedó relegada por las continuas reformas y ampliaciones, hasta ser redescubierta a finales del siglo XIX, siendo un magnífico ejemplo de arquitectura prerrománica.

La llegada de peregrinos iba en aumento y obligó a la ampliación y restauración de los edificios que componen esta suerte de complejo abacial, cuyo claustro se halla en una parte independiente por completo, solo para los monjes; con un reconstruido jardín medieval en el centro.

 

Colleville-sur-Mer

Siguiendo la costa se encuentra Colleville-sur-Mer, la población costera que casi al final de la Segunda Guerra Mundial fue testigo del mayor desembarco de las fuerzas aliadas en Europa, y su consecuente batalla contra las fuerzas del Eje.

Las bajas fueron enormes y los restos de más de 10.000 víctimas descansan en las tumbas perfectamente alineadas, ante la mirada de los numerosos visitantes que desean conocer el lugar de un enfrentamiento que cambió el curso de la guerra.

En el muro circular del Jardín de los Desaparecidos se pueden ver inscritos los nombres de más de 1.500 personas.

En el memorial aparecen grabados los planes y operaciones de esta parte de Europa durante el último año del conflicto.

 

Caen

Nuestra próxima parada es Caen, una de las ciudades francesas más duramente castigadas por la Batalla de Normandía puesto que quedó prácticamente destruida a causa de los bombardeos.

Esta antigua ciudad, de la que existen rastros de habitantes desde la época galorromana en la zona de la actual Abayye aux Hommes (Abadia de los Hombres), progresó en la primera mitad el siglo XI cuando el entonces duque de Normandía tuvo un hijo: Guillermo el Conquistador.

A los ocho años heredó el título de su padre y a los veintitrés se casó con su prima Matilde de Flandes, soslayando la oposición del Papa después de negociar que ambos esposos se comprometerían a hacer construir una Abadía con su iglesia, cada uno. De ahí las dos abadías, la ya citada y la Abayye aux Dames (Abadía de las Mujeres).

Hacia 1047 el duque decide residir en Caen, por lo que ordena construir murallas y el castillo en una colina equidistante de las dos abadías.

En el contexto de la Guerra de los Cien Años la ciudad pasó a ser de dominio inglés durante más de treinta años. Cinco siglos después, la II Guerra Mundial volvía a encarnizarse con la ciudad.

Las dos abadías comparten el estilo, románico normando la de los Hombres y románico y clásico la de las Mujeres; en sus respectivas iglesias abaciales, la de Esteban y la de la Santísima Trinidad, se conservan las tumbas de sus fundadores; aunque la de Guillermo el Conquistador, saqueada por las guerras, apenas guarda alguna reliquia. La de su esposa, en cambio, sigue en el coro de la iglesia de la Trinidad.

 

El castillo ducal y la iglesia de San Pedro

El formidable castillo ducal de Guillermo el Conquistador fue construido en el siglo XI, en vísperas de la conquista de Inglaterra, para usos militares y residenciales, transformándose al pasar los siglos en fortaleza, cuartel, escenario de actos diplomáticos, trinchera, objetivo a bombardear…

En el siglo XIII fue entregado como todas las demás construcciones a la corona francesa, reinando Felipe II de la familia de los Capeto, quien reforzó sus fortificaciones.

Una larga historia con multitud de acontecimientos que dejaron su huella: la Guerra de los Cien Años, la Revolución Francesa, cuando fue destruida la torre del homenaje, o la II Guerra Mundial.

En la actualidad, su gran envergadura permite acoger en el recinto dos museos, una iglesia y el Tribunal de Cuentas de Normandía, además de un jardín donde se cultivan las mismas plantas que en la Edad Media.

La arquitectura gótico-renacentista se aprecia claramente en la iglesia de San Pedro, escenario de acontecimientos relevantes, como la abjuración del protestantismo de Enrique IV para abrazar el catolicismo y así acabar con las guerras de religión francesas, en las cuales había participado activamente, escapando por poco del intento de asesinato en el día de San Bartolomé. A él se atribuye la famosa frase “París bien vale una misa”.

En tiempos revolucionarios fue designada como Templo de la Razón, hasta 1795. En 1944, los 72 metros de la aguja se desplomaron sobre la nave, a causa del impacto de un proyectil; trece años después, se elevó de nuevo, pero esta vez con 3 metros más.

 

Honfleur 

Honfleur, enclavada en la orilla sur de la desembocadura del Sena es el siguiente objetivo de nuestra exploración por Normandía.

Se tiene noticia de su existencia desde el siglo XI, su importancia estratégica hizo su fortuna y, a la vez, su ruina según la época, pero siempre resultó ser un polo de comunicación con Inglaterra desde Ruan (Rouan) y, más tarde, con Canadá, las Antillas o las Azores.

Esta ciudad fue protagonista durante la Guerra de los Cien Años, el largo período de combates entre Inglaterra y Francia que acabó en parte por una de sus batallas cruciales, la de Agincourt, la inesperada victoria inglesa conseguida después de haber superado los obstáculos franceses para evitar la toma de la ciudad y su puerto.

La talla en madera de Santa Catalina de Alejandría es visible en la puerta principal de la iglesia de madera consagrada a ella. Se dice que los pescadores iniciaron su construcción poco después de finalizar la Guerra de los Cien Años, con materiales navales; y su campanario se levantó a unos metros de distancia, según unos para evitar que un posible incendio se propagara a ambas construcciones y, según otros, por falta de conocimientos arquitectónicos.

Vale la pena el paseo por sus calles empedradas entre edificios de ladrillo o de entramados de madera, para adentrarse en las muchas galerías de arte o en sus comercios, sin olvidar el antiguo puerto, protagonista principal de importantes hechos históricos.

 

Étretat

Los acantilados de 90 millones de años de antigüedad nos dan la bienvenida a nuestra siguiente etapa: Étretat. Estas formaciones calizas y la belleza de sus playas es motivo suficiente para acercarse a esta pequeña localidad de la costa normanda, como atestiguan los muchos turistas que llenan sus calles, sus restaurantes, comercios y alojamientos.

No en vano los fundadores del impresionismo manejaron allí sus pinceles para intentar reflejar, cada uno con su estilo, el paisaje costero.

Estos acantilados de formas apuntadas y color blanquecino pueden llegar a alcanzar los 90 m de altura. Un sendero atraviesa las formaciones por aberturas naturales como la Porte d’Aval y l’Aiguille d’Étretat, una afilada formación que emerge de las aguas hasta alcanzar los más de 50 m de altura, tras haber perdido parte de su cima; otro arco es el llamado Manneporte, del que Maupassant dijo permitiría el paso de un velero con todo el trapo desplegado.

Desde su capilla en lo alto, Notre-Dame-de-la-Garde ofrece una perspectiva espectacular, la misma que debieron ver los marineros que acarrearon hasta allí los materiales para construirla.

 

Cruzar el Atlántico sin escalas en avión

En 1927, en plena fiebre aeronáutica, dos experimentados pilotos, veteranos de la I Guerra Mundial, Charles Nungesser y François Coli, emprendieron la arriesgada aventura de cruzar el Atlántico sin escalas desde París a Nueva York.

Ya habían obtenido varios premios en vuelos de larga distancia; sin embargo, en esta ocasión la diosa Fortuna les fue adversa y nunca llegaron a su destino; desaparecieron sin dejar rastro.

‘L’Oiseau Blanc’ (El Pájaro Blanco’), un biplano Levasseur PL8, desapareció sin dejar rastro. Los acantilados de Étretat fue el último punto del territorio francés en el que fue avistado.

Dos semanas después Charles Lindbergh, un aviador e ingeniero estadounidense fue el primero en realizar con éxito la hazaña, en sentido inverso.

 

Nos dirigimos ahora a la capital de Normandía: Ruan (Rouen). 

 

Este artículo es de libre de reproducción, a condición de respetar su integridad y de mencionar a la autora y el medio.

 

 

 

 

 

 

Marisa Ferrer P. 
eMagazine 39ymas.com 

 

Origen de las imágenes:
Fotografías Mont Saint-Michel – ©2026 Liliana Allende
Fotografías: ©2026 Liliana Allende
Cementerio Colleville-sur-Mer – es.normandie-tourisme.fr
Fotografías de Caen – ©2026 Liliana Allende
Fotografías de Honfleur – ©2026 Liliana Allende
Imágenes de Étretat – ©2026 Liliana Allende

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