Monasterio de Sant Pere de Casserres, Osona (Barcelona) – Arquitectura original del primer románico o...

 

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Nos instalamos en el Parador Vic-Sau, que tiene el aspecto de una grandiosa y tradicional masía catalana. Está situado en la comarca de Osona (Barcelona), muy cerca de Vic, tiene como fondo la serranía de las Guilleries, el pantano de Sau enfrente y está rodeado de naturaleza.

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Fotografías: ©2018 S. Xambó 

Por la mañana nos levantamos y la niebla cubría completamente el pantano. Con el sol se fue disolviendo lentamente la capa nubosa blanca dejando ver la increíble vista del pantano de Sau a nuestros pies.  

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Fotografías: ©2018 L. Sedó

Después de desayunar y ya con un sol radiante aunque el aire era fresco, nos dirigimos a pie al Monasterio de Sant Pere de Casserres. Enamorados del románico, queríamos visitar uno de sus monumentos más importantes en Catalunya.

Casserres es el único monasterio de la orden Benedictina fundado en la comarca de Osona con vida monástica durante muchos siglos y el que ha dejado el legado histórico y monumental más importante. Está situado en el término municipal de las Masies de Roda, en la comarca de Osona (Barcelona), en lo alto de un meandro muy pronunciado del río Ter, actualmente medio rodeado por el pantano de Sau.

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Fotografías: ©2018 L. Sedó

El sendero que nos conduce a Casserres tiene tramos fáciles para alguien no acostumbrado al senderismo y algunos más complicados que salvamos a base de agarrarnos a troncos de árboles o apoyándonos donde podíamos.

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Fotografías: ©2018 L. Sedó

Después de hora y cuarto llegamos sanos y salvos a la explanada del párking del monasterio y continuamos caminando un poco más hasta llegar a nuestro destino.   

Nos cuentan que en un principio fue la capilla del castillo de Casserres (Castillo de las Serres), dedicada a San Pedro, y que en 1006 la vizcondesa Ermetruit, que en el año 980 había quedado viuda del conde Guadall II, compró el dominio alodial de Casserres al conde Ramón Borrell de Barcelona con la intención de construir un monasterio dedicado a San Pedro.

Según la leyenda el monasterio fue fundado por los vizcondes de Osona y Cardona sobre las reliquias de un niño de los vizcondes que a los tres días de nacer habló y dijo que no viviría más de treinta días y, que una vez muerto, su cuerpo se depositara en un arca cerrada sobre una mula y que donde se parara el animal, se tendría que edificar un monasterio  bajo la advocación de San Pedro.

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Fotografías: ©2018 L. Sedó

La leyenda continúa diciendo que las reliquias de este niño fueron muy veneradas en el monasterio y que cuando había sequía se bajaba en procesión hasta el rio Ter y se mojaba el arca en sus aguas.

Volviendo a la vizcondesa Ermetruit de Osona-Cardona, consta que en el año 1006,  junto con su nuera Engúncia, recaudaban dinero para la fundación del monasterio que querían convertir en el cenobio familiar. Finalmente fue Engúncia de Osona-Cardona quien pudo ver la consagración de la abadía en el año 1053, aunque a partir del año 1012 ya empezó a vivir en ella una comunidad benedictina. Allí se enterró a las personas de este linaje y de otras familias nobles de la comarca, principales benefactores de la comunidad. También fue lugar de retiro para algunas mujeres solas que iban a morir al monasterio dejando en herencia sus bienes a cambio de estar acompañadas en el momento de su fallecimiento.

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Fotografías: ©2018 L. Sedó

En el año 1079, los vizcondes de Osona y Cardona unieron el monasterio a la abadía benedictina de Cluny, pasando a ser el centro administrativo de las posesiones de este monasterio en Cataluña, entre ellas el monasterio de Sant Ponç de Corbera y el de Sant Pere de Clarà.  Los obispos de Vic, que en algunos momentos intervinieron activamente en la vida del monasterio, fueron en un principio protectores decididos de Casserres, pero la despoblación de los siglos XIV y XV, la falta de entrada de dinero y las deudas marcaron su decadencia.

Su prior Pere de Mataró estuvo preso en el palacio episcopal de Vic mientras un grupo de hombres saqueaban el monasterio. A partir de entonces comenzó a tener priores comendatarios. El primero de ellos fue Pedro Martinez de Luna, futuro papa de Aviñón y de Peñíscola con el nombre de Benedicto XIII, en el año1376.

En 1573, Felipe II, ante la muerte de su último prior, lo unió al colegio de jesuitas de Belén de Barcelona, hasta que Carlos III en 1767 decretó la expulsión de la Compañía de Jesús. A partir de entonces, el cenobio quedó en manos de particulares hasta el año 1991 cuando el Consejo Comarcal de Osona adquirió el edificio. Entre 1994 y 1998 el Consell Comarcal junto con la Generalitat de Catalunya realizaron una reforma completa, respetando la estructura y el sistema de construcción original. Fue declarado Monumento Histórico Artístico en el año 1931.

Después de oír la historia del lugar nos dedicamos a visitarlo. Entramos primero en la iglesia que es de planta cuadrangular, algo más ancha que larga, con tres naves separadas por dos pilares que soportan los arcos torales. Están cubiertas las tres naves por bóvedas de cañón y acabadas cada una de ellas con un ábside semicircular, cubiertas con bóveda de cuarto de esfera, originalmente decoradas con pinturas murales. Hemos podido ver algún fragmento.

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Fotografías: ©2018 L. Sedó

Pasamos por el claustro, con columnas cuyos capiteles (adornados con temas vegetales y geométricos no muy elaborados) son réplica de los originales que fueron trasladados al Museo Episcopal de Vic. Sólo se dejó como muestra el que se encuentra en el ángulo noreste.

Entramos en la cocina decorada con elementos actuales ya que los originales desaparecieron. La bodega, lugar donde los monjes recibían y almacenaban los productos alimentarios procedentes del mismo monasterio o de las producciones que los campesinos recolectaban de las propiedades del mismo.

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Fotografías: ©2018 L. Sedó

Vimos el refectorio donde hay una mesa preparada, el dormitorio con un camastro reproducción de los que se supone usaban los miembros de la comunidad, la sala capitular donde los monjes se reunían para debatir los temas de la vida diaria de la comunidad, el escritorio, donde se pueden ver restos de pinturas, y la cámara prioral, abovedada y construida sobre la bodega, lugar particular para el prior o el abad, donde disfrutaban de más comodidades que los monjes.

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Fotografías: ©2018 L. Sedó

Nos informaron que en el Museo Episcopal de Vic se conservan algunos capiteles y dos sarcófagos, uno datado entre los siglos IX y X y otro con el escudo de los Tavernet (nobles enterrados en el monasterio). También se conserva una lipsanoteca de cristal del siglo XI y unos fragmentos de pinturas murales.

Finalizada la visita, descansamos un poco en el único restaurante del lugar y emprendimos el regreso a pie por la carretera, muy poco frecuentada ya que era un día laborable. El sol era intenso, próximas las dos de la tarde y, aunque nuestra intención era la de caminar, pasados 30 minutos, decidimos pedir que nos vinieran a buscar en coche. Al poco estábamos cómodamente sentados en el vehículo dirigiéndonos a Tavérnoles donde, en el restaurante a la entrada del pueblo, ya nos esperaba una mesa puesta con deliciosos productos autóctonos.

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Fotografías: ©2018 S. Xambó

Después de la comida, un paseo por el pueblo y por un bosque cercano, vuelta al parador para descansar y organizar la excursión del día siguiente y, a las 21 horas en punto, nos dirigimos al restaurante del Parador Vic-Sau donde nos tenían preparada una excelente cena.  

 

 

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L. Sedó

 

 

 

 

1 – 01-04-2018