Discriminación de las mujeres – Y las mujeres, ¿dónde estamos?

La discriminación de las mujeres es histórica. Despreciadas e invisibilizadas, parece que solo tengamos valor en la medida que nuestro cuerpo siga el que la sociedad entiende como perfecto ¿Es [tan] difícil entender que las mujeres queremos que se nos valore y nombre por nuestras capacidades, por nuestras aptitudes, aciertos o yerros, pero con independencia de nuestro aspecto, de la talla que usamos, de si somos o no madres o de la edad que tengamos?

[Mujeres Hoy]

[Texto libre de IA]

 

Hace tiempo un titular de la prensa decía que la ministra Montero piensa qué ponerse por la mañana, la ropa, quiero decir. Y yo me preguntaba quien no piensa en esto todos los días.

Que a una miembra del Gobierno, portavoz y ministra de Hacienda (Entre 2018 y 2026 fue ministra de Hacienda, siendo además portavoz del Gobierno entre 2020 y 2021 y vicepresidenta del Gobierno desde 2023 hasta su dimisión.), […] se la recuerde por su vestuario, nos da una idea del sexismo que hay en los medios. Fiel reflejo de la sociedad.

Poco hemos evolucionado desde aquel titular del escote de Angela Merkel que revolucionó los medios alemanes o de aquella imagen que comparaba las nalgas reales y las de la primera dama francesa. Vergonzoso.

¿Es [tan] difícil entender que las mujeres queremos que se nos valore y nombre por nuestras capacidades, por nuestras aptitudes, aciertos o yerros, pero con independencia de nuestro aspecto, de la talla que usamos, de si somos o no madres o de la edad que tengamos?

 

La discriminación de las mujeres 

La discriminación de las mujeres es histórica. Despreciadas e invisibilizadas, parece que solo tengamos valor en la medida que nuestro cuerpo siga el que la sociedad entiende como perfecto.

Tanto da que profesión tengas, en que cosa destaques, el físico continua siendo lo más importante para el sexo femenino.

A pesar de ser mas de la mitad de la población y sostener el mundo trabajando dentro y fuera del hogar, de continuar encargándonos mayoritariamente de los trabajos domésticos y de la atención de las personas, pocas veces podemos llegar a tener ni tan solo aquella habitación propia de Virginia Woolf.

El mundo laboral nos discrimina y las dobles y triples jornadas que realizamos nos dificultan para poder acceder a mejores sitios. Contratos precarios, salarios más bajos y jornadas reducidas para poder conciliar. La toma de decisiones, los espacios de poder parecen estar reservados para el sexo masculino.

Androcentrismo y sexismo son los fundamentos del patriarcado, el hombre como medida de todo. Un mundo en masculino donde los valores dominantes e importantes son los que se asimilan a los hombres.

 

La mujer y las capacidades añadidas

A nosotras, las mujeres, se nos enseña desde bien pequeñas que -si bien los estudios y el trabajo son importantes- si eres mujer, además, tienes que tener una serie de cualidades añadidas que tiene que ver más con el aspecto físico que no con la inteligencia o las capacidades.

Si hablamos de los contenidos académicos, las mujeres están prácticamente desaparecidas. Cuando conocemos a científicas o músicas, pintoras o aventureras, es gracias al trabajo de feministas que reivindican la historia escondida de las mujeres, ya que la de la humanidad parece ser del hombre. 

Todo eso son violencias contra las mujeres por eso, per serlo. De más o menos intensidad, son la base de otras formas brutales de esta violencia machista.

También lo es ignorarnos en el lenguaje, usando un masculino que supuestamente es genérico y que en absoluto nos incluye. Y cuando pedimos un lenguaje que incluya a más de la mitad de la humanidad, siempre hay reacciones a menudo violentas. […]

 

El sexo débil

Estamos hartas de ver que se nos representa como dependientes del hombre, como madre-esposa, el sexo débil, dedicada al trabajo doméstico, pasiva y sin control sobre los sentimientos. 

La eterna menor de edad a la cual el hombre tiene que proteger, orientar, ayudar y mantener. Por descontado en otra vertiente sexuada, objeto de deseo y placer.

Tenemos que ser conscientes de esta realidad y enseñar a las criaturas, a la juventud, la necesidad de romper estereotipos, pero es muy complicado que la escuela o familia puedan luchar contra todos los mensajes con que la sociedad bombardea contra ellas.

 

El lenguaje

Una sociedad patriarcal que sostiene todas estas discriminaciones y que se empeña en perpetuarlas.

Que continua usando un lenguaje que nos invisibiliza, a pesar que desde el siglo pasado haya cada vez más propuestas para hacer un uso no sexista de él.

Propuestas que siempre provocan reacciones virulentas de una parte de la población y que son criticadas, muchas veces aludiendo a la necesidad de economizar palabras. 

Y en cambio, no todos los recursos utilizados en un lenguaje inclusivo recargan el discurso, antes al contrario. Además, si para usar menos palabras el texto es ambiguo y no sabemos de quien o a quien va dirigido, algo no está bien.

El objetivo de la comunicación es que el mensaje se entienda. Más aún cuando tenemos a nuestro alcance multitud de materiales que nos ofrecen fórmulas que -sin transgredir las normas gramaticales- nos orientan para hacer un uso del lenguaje no discriminatorio.

Las consecuencias de este uso del masculino, reservándolo para aquellas actividades de más prestigio, invisibiliza a las mujeres y nos pone muy difícil el acceso a puestos de poder y decisión.

 

Las cosas no cambian mucho

Vemos que unas y otras discriminaciones a las mujeres son violencias machistas, de mayor o menor intensidad, pero que condicionan la educación de las criaturas, el desarrollo de las jóvenes y futuras profesionales, y, en suma, la felicidad y salud de todas nosotras. El cincuenta y uno por ciento de la población.

Malos ejemplos hay muchos y corroboran que las cosas no han cambiado mucho. Aunque conseguimos avanzar gracias al feminismo, un paso adelante provoca otra reacción patriarcal. Como decía la periodista Marisa Kohan, hay quien quiere devolvernos a las catacumbas. Pero aquí estamos para impedirlo.

 

La diferencia sexual está ya dada, no es la lenga quien la crea. Lo que debe hacer el lenguaje es nombrarla, simplemente nombrarla puesto que existe. No nombrar esta diferencia es no respetar el derecho a la existencia y a la representación de esa existencia en le lenguaje.  (Meana Suárez, Teresa: Sexismo en el lenguaje: apuntes básicos).

 

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Macu Gimeno Mengual
Activista feminista y sindicalista
Funcionaria de la Generalitat Valenciana
Miembro de la Intersindical Valenciana

Traducción del artículo: Equipo Torrese

Origen de la imágen: 
magnific.com – pikisuperstar

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