Esther Chávez – Empezó la base de datos de los femicidios de Ciudad Juárez
Su método fue recopilar información periodística sobre cada una de las víctimas: cómo fue asesinada, dónde y por quién fue encontrada, qué acciones tomaban las autoridades, quiénes eran sus familiares. Denunció en diferentes países la violencia que se vive en Ciudad Juárez.
Esther Chávez Cano (Chihuahua, 2 de junio de 1933 – Ciudad Juárez, 25 de diciembre de 2009) fue una contadora pública, ponente y activista de derechos humanos, defensora de la mujer, que luchó en contra de los feminicidios en Ciudad Juárez.
En 1993, participó, junto con Irma Campos en la formación del Grupo 8 de marzo, movimiento que buscaba defender los derechos de las mujeres en la frontera con Estados Unidos y que registró por primera vez los asesinatos de mujeres y niñas en este estado.
En 1999 creó Casa Amiga – Centro de Crisis, primero como centro de atención para mujeres víctimas de delitos sexuales. Después el lugar se convirtió en un centro de atención de mujeres que sufren de abuso doméstico.
El 29 de marzo del 2007 se instituyó el Premio Esther Chávez Cano de Labor Social, y el 8 de marzo de 2018, en el marco del Día de la Mujer, fue develada una placa conmemorativa a la labor de Esther Chávez Cano.
Esther Chávez Cano

Esther Chávez estudió contabilidad en Guadalajara. Desde 1963 trabajó en la Ciudad de México y llegó a Ciudad Juárez en 1982. El 25 de diciembre de 2009 murió de cáncer en Ciudad Juárez.
Fue una de las principales activistas que buscaron darle visibilidad internacional a los cientos de asesinatos de mujeres jóvenes y niñas cometidos en la ciudad fronteriza Ciudad Juárez.
Su método fue recopilar información periodística sobre cada una de las víctimas: cómo fue asesinada, dónde y por quién fue encontrada, qué acciones tomaban las autoridades, quiénes eran sus familiares. Denunció en diferentes países la violencia que se vive en Ciudad Juárez.
Fue una crítica de la desatención hacia la violencia de género, especialmente en Ciudad Juárez, donde encontró patrones criminales en los antes llamados ‘homicidios seriales de mujeres’.
Tracy Wilkinson escribió en Los Angeles Times que Chávez consideraba que la tendencia de las maquiladoras de contratar mujeres fue lo que provocó una reacción machista que dio lugar a estos asesinatos.
Trabajó de la mano con otras activistas, como Lydia Cacho, quien dice que “fue Esther quien intuyó que las cloacas simbólicas no eran subterráneos callejeros sino instituciones del Estado mexicano y colectivos de hombres capaces de asesinar por placer y por poder”.
Muertas por femicidio
Según laverdadjuarez.com (09-03-2026), los nombres de 109 mujeres asesinadas en Ciudad Juárez durante 2025 y lo que va de 2026 fueron pronunciados y colocados en la Cruz de Clavos, ubicada a un costado de las garitas de pago del puente internacional Paso del Norte.
La acción fue una protesta para exigir justicia por las víctimas y por aquellas que siguen enfrentando violencia sexual, institucional y familiar. Madres de las víctimas encabezaron el acto, acompañadas por el Movimiento Estatal de Mujeres de Ciudad Juárez.
Durante la manifestación, dieron lectura a un posicionamiento para denunciar la violencia persistente en la comunidad y exigir respuestas efectivas a los tres niveles de gobierno.
Equipo Torrese
eMagazine 39ymas.com
Fuentes:
Wikipedia
laverdadjuarez.com
Recordando a Esther Chávez
La periodista Sara Lovera escribía en 2009 que la cuenta del feminicidio en Ciudad Juárez era contundente: poco más de 745 mujeres fueron asesinadas entre 1993 y 2009. En un año más de 120, caídas en medio de la guerra interna que en México se lleva a civiles inopinadamente.
La Dra. Julia Monárrez, socióloga e investigadora me dio sus últimas cifras hace unos cuantos días y me contó cómo se tomó de la mano de Esther Chávez Cano, esa indomable mujer espigada, sensible, de mirada de águila, incansable, feminista que murió en esta navidad a los 72 años.
Esther Chávez Cano es la mujer que empezó a contar a las asesinadas en la juarense frontera de la ignominia. A ella debemos que se haya corrido la cortina del silencio para hacer notar en el mundo la crueldad que ha cegado la vida a cientos de mujeres productivas, las mismas que un día tuvieron, como todas, un pedazo de alegría.

Se fue Esther, 33 días después de que Irma Campos, abogada y activista feminista, también muriera. Ambas dolidas por la vida, porfiadas luchadoras por la libertad de las mujeres.
Ambas víctimas del feminicidio en Ciudad Juárez, murieron de cáncer esa temible enfermedad que va minando los tejidos de la vida, por razones no identificables todavía por la ciencia, sin atribución exacta, pero que siempre está ligada a la tristeza, a la fatiga que produce el dolor social.
Cómo empezó la base de datos
Fue Esther quien con las notas de la página roja de los diarios empezó a interrogarse qué había tras los asesinatos crueles contra las mujeres en Ciudad Juárez.
La misma que empezó a anotar, en enormes legajos de hojas cuadriculadas los casos. La que dio la voz de alarma en nuestra realidad contemporánea.
En 1993 narró su hallazgo, enseñó a la periodista Sonia del Valle, sus hojas de anotaciones que envió al Distrito Federal para que se supiera. Corrió, caminó, anduvo todas las oficinas públicas con su preocupación que se fue convirtiendo en el motivo de su vida. Así, durante más de 3 lustros, sin descanso.
La base de datos, éstos de la ignominia, se formó entre las tres: Julia Monárrez, Esther e Irma Campos. Ellas decidieron documentar caso por caso, hecho por hecho y luego el nombre fue brutal: feminicidio, asesinato a personas sólo por ser mujeres.
Ningún reconocimiento al terrible continum de la estulticia, ninguna política, como las anunciadas en Juárez para parar el fenómeno; ninguna denuncia, nacional e internacional ha parado esos asesinatos, que según Julia Monárrez son sexuales, sistemáticos, donde operan el secuestro, la tortura, la desaparición forzada, la desazón de las familias, de las madres, de los habitantes norteños.

Juárez
Juárez, esa pequeña ciudad de un millón 500 mil habitantes, levantada sobre la explotación de las obreras maquiladoras, donde hoy cunde el miedo a los enfrentamientos cotidianos en cada esquina, en cada recodo del camino, en cada bar, en cada casa, en cada escuela, enfrentamiento entre policías y ladrones, se dijera, sin respetar a sus habitantes, hombres y mujeres.
Ahí, en Juárez, mundialmente conocida como la ciudad de las cruces rosas, que ha sido señalada como el lugar donde el gobierno mexicano ya fue condenado por la Corte Interamericana de Justicia, que ha sido recorrida por todos los organismos de Derechos Humanos del Planeta, Esther e Irma dejaron sus mejores acciones, la experiencia de mirar al otro o a la otra, con profunda generosidad.
Juárez ensangrentada por acontecimientos como el ocurrido el 30 de noviembre de 2009, en que Flor Alicia Gómez de 23 años muere a manos de “un hombre armado”, que nadie descubre.
Esta chica, como cientos, sobrina de Alma Gómez, vocera del grupo de madres denudadas e impotentes llamada Justicia para Nuestras Hijas, su vida cegada precisamente unas horas después de haberse conocido la sentencia de la Corte.
El alma desgarrada
Y un día, Esther Chávez Cano, la herlada de las terribles noticias de cada uno de los asesinatos, me contó como se le desgarraba el alma, quizá la figura más elocuente de esta forma en que se ubica en el cuerpo el terrible mal, que abate los glóbulos blancos y destruye: el cáncer.
La muerte de Esther, de Irma y de Flor Alicia, son todos resultado de la impunidad y la no justicia, de la incapacidad institucional para hallar a los culpables, de la espesa selva negra que acaba con las vidas, del no se sabe quién o quiénes conspiran cotidianamente contra la alegría.
No habría espacio para contar la vida de Esther, homenajeada, mujer que en palabras de la antropóloga feminista Marcela Lagarde, cambió muchas vidas, porque “el encuentro con Esther ha implicado para tantas mujeres surgidas de no sabemos qué vidas lastimosas, la llegada de una vida libre de peligro, la experiencia del abrigo, el aprendizaje de otras formas de ser y relacionarse, el inicio de la cicatriz tras el daño, la pérdida del miedo, la rehechura de la vida, casi, diría yo, un renacimiento”, porque Esther creó la Casa Amiga, para las mujeres víctimas de violencia.
Pionera en la lucha contra el femicidio
Y era esa parte de la “paradoja… unos dañan sin la menor responsabilidad a las mujeres y son mujeres quienes se ocupan de remontar los estragos. Mujeres que frente a lo propio inventan mundos, pequeños territorios para acoger a quienes lo han perdido todo menos la vida”.
Y la describió: “En ella la palabra lucha es breve no nos alcanza para decir las dimensiones de su quehacer cotidiano, complejo, contradictorio, lleno de miserias y de algunas lluvias refrescantes”.
Nuestra querida Esther “transita por el mundo más miserable, tal vez por el horror que le provoca, por la rabia y por la más profunda de las tristezas cobra aliento e inventa ungüentos, alivia, sana y trastoca de a poquito nuestro mundo”.
Sin duda, Esther Chávez Cano luchadora, irreverente, militante política, feminista, sabia, amiga, anunciadora, fue la pionera en luchar contra el feminicidio en todo el mundo, tanto como fundar el primer centro de la zona fronteriza para escuchar y orientar a las mujeres violentadas.
Recibió en 2008 el Premio Nacional de Derechos Humanos otorgado por la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH); y recibió un reconocimiento de la Red Todos los Derechos para Todas y Todos, en la sede de Naciones Unidas en el Distrito Federal.
Denunció la vida maltrecha de las obreras de las empresas maquiladoras de exportación, inspiró la denuncia, la investigación y el cuerpo legal contra el feminicidio.
Publicado en Cuadernos Feministas, 03-01-2010
saralovera@yahoo.com.mx
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Principal: Cimacnoticias – CIMACFoto
mujeresparaeldialogo.wordpress.com
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Dra. Julia Monárrez: Universidad de Costa Rica
Irma Campos: La Verdad Juárez
Esther Chávez: soundcloud.com
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