Violencia de género – Falsas creencias y paradigmas

 

[Mujeres Hoy

Las soluciones para resolver el problema de la violencia de género no consisten en una sola actuación o decisión, personal, colectiva o institucional, porque en la violencia concurren múltiples factores que cristalizan de una u otra forma en cada caso, aunque terminan concretándose con efectos parecidos: el sufrimiento, agresión o muerte de la(s) victima(s). 

En apoyo de esos diversos ‘factores’, no conviene olvidar, ni mucho menos, la existencia de múltiples prejuicios (o letanías) sociales, que se repiten con insistencia, no siendo otra cosa que un vano intento de ciertos segmentos sociales, de eludir con ideas preestablecidas, la dureza de la situación. 

Pero tales prejuicios, por repetidos, pueden acabar creyéndose, y en cualquier caso dificultan la solución del problema; estos prejuicios se dan, tanto en el entorno de la víctima, como en bastantes profesionales que intervienen en la atención a las víctimas de  la violencia; acaban siendo mitos que ocultan la realidad, y condenan de antemano a la víctima, al justificar, a veces, a los agresores. Y sobre, todo dan argumentos manidos para explicar la tolerancia social con la violencia y muchos de los sentimientos de culpa que se generan en las víctimas. 

 

Violencia de género

Antes de tratar esas creencias, mitos o prejuicios, conviene recordar, que la violencia de género, habitualmente, incluye maltrato físico, sexual y emocional. Y aunque el maltrato emocional es el más frecuente, la violencia física y sexual es la más evidente, por lo que el primero queda relegado por menos impactante, aunque las consecuencias en la salud de las víctimas sean demoledoras. 

Violencia física

Por tipificar cada una, se habla de violencia física en las agresiones intencionadas, que pueden llegar a dañar la integridad corporal de la víctima y que cubren un ciclo Tensión-Agresión-Arrepentimiento y habitualmente creciente en intensidad. 

Muy relacionada está la violencia sexual, pues es frecuentísimo que los ataques físicos a la pareja, la incluyan, siendo la violación el rito final habitual, con sus diversas manifestaciones degradantes pero con las mismas consecuencias graves, porque invade la intimidad de la víctima y quiebra su autoestima brutalmente. 

Violencia psicológica

La violencia psicológica o emocional aplicada con las variantes que proporciona el conocimiento de la víctima, incluye el maltrato verbal, el acoso, la reclusión y la privación de recursos financieros y personales; el maltratador controla, intimida y amenaza de forma directa o indirecta. 

Y señalado lo anterior, que conviene recordar siempre que se habla de la violencia de género, resta señalar que estamos ante un problema social, y que por ello, interesadamente o no, existen, arraigados en la sociedad, falsos prejuicios y mitos que conviene desterrar, por la tendencia a amparar muchas actitudes. Por ejemplo:

La violencia familiar es un problema privado

 La violencia no es un problema privado, porque, materialmente, atenta contra la libertad y seguridad de la víctima, y formalmente, tiene la consideración de delito; los delitos jamás son cuestiones privadas. Por otra parte, intentar reducir la violencia al ámbito privado, impide que la sociedad se haga cargo del problema.

Otros problemas sociales, como el alcoholismo, las adicciones, la delincuencia juvenil, el suicidio, etc., son más frecuentes, cuando hay problemas de violencia en el hogar.

La violencia familiar es un problema de clases sociales bajas

La agresión afecta a todas las capas sociales, y económicas; con independencia de la segmentación social. Es muy habitual que las mujeres de clase media-alta, no recurran a los servicios sociales, pues la presentación de una denuncia afectaría a su estatus social, pero la ocultación de la violencia, no la elude.

Las mujeres con bajos recursos acuden más a los servicios sociales y les da menos reparos hablar de su situación, porque no tienen problemas de estatus social. Estas consideraciones, las hacen más visibles, aunque sus casos son menos ‘interesantes’ para un importante segmento de programas televisivos.

Un hombre no maltrata porque sí; ella habrá hecho algo para provocarle 

Esta es la ‘teoría del delito inevitable’; y la inevitabilidad, se sustenta en algo tan intangible como ‘algo habrá hecho’. Este mito es francamente triste, y está muy arraigado en la sociedad.

Responsabiliza a la mujer del comportamiento violento del hombre. El agresor considera provocación que la víctima exprese sus deseos; el maltratador basa su autoestima en su capacidad de controlar y dominar, y pretende la sumisión total de la mujer.

Este es el argumento que utiliza el agresor para culpar a la víctima, y en eso se concreta el ‘algo habrá hecho’: en la falta de sumisión absoluta de la mujer. Cuando la sociedad se hace eco del  mito de la ‘provocación por ser mujer’, impide que la víctima reconozca la violencia que padece.           

Pero además, hay una premisa: nadie tiene derecho a pegar, insultar o amenazar a otra persona, sea cual sea la excusa que se utilice para ello.

Las mujeres maltratadas, no se separan porque les gusta que les peguen 

Esta es una interpretación simplista, que responsabiliza otra vez a la mujer; la mujer resulta ser  tan enferma y anormal, que desea ser golpeada o humillada, y es por eso por lo que no se separa de su maltratador.

Lo cierto es que las víctimas sufren una desvalorización constante, que les impide utilizar sus escasos recursos; además suelen padecen violencia económica, por lo que no manejan dinero, aún cuando ellas trabajen y ganen su propio salario. Sus posibilidades para elegir su salida las llevan a una elección perversa: la miseria absoluta o el maltrato. 

Consecuentemente surge el autoengaño de creer que en el fondo, su pareja la quiere, y que es violento solo porque tiene problemas; quieren creer que su pareja cambiará después de la agresión, pues hay una etapa de arrepentimiento (recordemos el ciclo Tensión-Agresión-Arrepentimiento, anteriormente mencionado).

Su inconsciente la llevará a pensar que, además, si tiene hijos, sufrirán afectiva y económicamente si se separa; además, tendrá vergüenza de hacer pública su situación de maltrato, por lo que este tiene de reconocimiento personal de degradación, frente a familiares, y  entorno en general.

Por otra parte, le asaltará en algún momento el miedo a que su pareja la mate si se separa, miedo real en muchos casos como está constatado. Por todo eso, buscará más argumentos para no separarse, y procurará además, no hacer cosas que crea que provocan al agresor; la situación se autoalimenta.  Por eso, entre otras cosas, no se separan de su maltratador.

Las mujeres maltratadas son masoquistas 

Tiene mucho que ver con el mito anterior. A muchas mujeres, se les hace difícil poner límites y pedir ayuda, porque aprendieron que el amor es espera y sacrificio (otro mito popular: ‘quien bien te quiera, te hará llorar’).

Se les ha educado para pensar que si no tienen pareja fracasaron (otro dicho: ‘se te pasó el arroz’) y experimentan miedo a romper la unión familiar, porque se sienten responsables del éxito de la familia.

Cree, que si ella tolera la violencia, con el tiempo, él cambiará, pero como se ha dicho ya, el ciclo de la violencia se repite y aumenta la intensidad del maltrato y se pasa de los gritos a los golpes. 

Los maltratadores, tienen problemas con el alcohol o drogas 

Es cierto que el consumo excesivo de alcohol es frecuente en estas personas, pero no todos los hombres que son alcohólicos  pegan y maltratan a sus parejas. Las drogas, o el alcohol, pueden agudizar comportamientos violentos, pero no los originan.

Así se suelen justificar muchos maltratadores, pero este hecho no les exime de responsabilidad. Finalmente, si tales consumos, en algunos casos, agravan el comportamiento violento, en consecuencia, debería agravarse el castigo del maltratador que consume alcohol o se droga.

Los maltratadores son enfermos 

Los maltratadores no son enfermos en general; la violencia es el resultado de relaciones de poder entre hombres y mujeres. Tratar a los violentos como enfermos, justifica su violencia.

Es habitual que hombres que maltratan a sus pareja, no sean violentos con otras personas; es más, no es infrecuente que sean socialmente amables y respetuosos; no son violentos a secas; son violentos con su pareja; son maltratadores y practican violencia de género; es decir, descargan su ira en su pareja, porque se sienten con derecho sobre ella, siendo plenamente consciente de sus actos.

Los niños no perciben la violencia en el hogar 

En los hogares donde las madres son maltratadas, lo niños corren serios riesgos de padecer violencia también. Lo más importante para el desarrollo de un niño, es criarse en un ambiente amoroso y libre de violencia. Generalmente, son los niños los que piden a la madre que se separe, porque la situación les resulta insoportable. 

Por otra parte, no conviene eludir, por duro que resulte, un asunto vital: si en el ‘menú’ de la educación del niño, entra el maltrato, lo aprenderá. Su carácter se configurará con ese ingrediente. El ser testigo de violencia, es un riesgo para la salud mental del niño. 

Sobre lo indicado en el párrafo anterior, por su importancia, cabe una segunda lectura: la sociedad, debe luchar contra la violencia de género a través de la educación correcta en esas edades, haciendo un seguimiento efectivo en centros educativos de estas cuestiones; detectarlas, y tomar decisiones al respecto, resulta vital para eliminar esta lacra.

No existe violación conyugal 

Por lo menos una quinta parte de las mujeres maltratadas son forzadas a mantener relaciones sexuales durante el episodio de violencia o inmediatamente después.

El 60 % de las mujeres maltratadas sufren abusos sexuales por sus parejas. La violación está amparada por los supuestos deberes de esposa en hogares con determinadas creencias religiosas o sociales.

Conviene recordar que una mujer es violada, cuando es obligada a mantener una relación sexual que no desea. Sin más. Es violación. Lleva años el que las víctimas de violación superen en todo o parte el trauma.

La violación derrumba la integridad física y psíquica de la víctima, disminuye su autoestima y conlleva severas consecuencias para la salud y la sexualidad. Por eso es un arma de uso habitual del maltratador. Por sus demoledores efectos. Pues existe la violación conyugal; sin mayores comentarios.

El embarazo detiene la violencia 

Por si alguien opina en serio que el embarazo puede mitigar la violencia de los agresores, conviene recordar que con el embarazo aumenta la capacidad de control sobre la mujer, en base a la existencia de mayores limitaciones y dependencias.

El maltratador lo sabe y opera en consecuencia. Generalmente hay una aumento de la violencia durante el embarazo y muchas veces el primer episodio de violencia física se produce durante el embarazo.

Reflexiones

Para terminar el repaso de algunos mitos, puede decirse con cierta liberalidad, que su existencia deriva del intento persistente de poner tono costumbrista a las actitudes tendentes a mantener la prevalencia de un sexo sobre el otro; al respecto cabe citar un ensayo de John Stuart Mill, del año 1869, con plena vigencia hoy:
 
«El principio que regula las relaciones entre los dos sexos, la subordinación de uno al otro sexo, es injusto, y uno de los principales obstáculos, para el progreso de la humanidad, y debe reemplazarse por un Principio de Igualdad».

Finalmente, un recordatorio en forma de cifras:

Tres cuartas partes de todas las mujeres asesinadas, son asesinadas por sus esposos, ex-esposos o compañeros sentimentales.

Las estimaciones a nivel mundial de la violencia de género según el British Council, indican que una de cada cuatro mujeres en el mundo sufre violencia de género.
 
Esta nota es divulgativa, sin carácter científico, y su único objetivo es eliminar los mitos y falsas creencias que mantienen, ocultan y perpetúan la violencia de género.

 

 

 

Elena Neira 
Asociación Violenciastop
violenciastop@gmail.com

 

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Guia ONGs

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1 – 03-03-2011