Historia de la suite 156 de Pablo Picasso – Su última obra gráfica

 

[Cultura – Pintura]   

 

Kosme de Barañano

La Suite 156 es la última obra gráfica de Picasso, constituyendo, asimismo, la última exposición realizada en vida del artista, que fallece el 8 de abril de 1973. Se trata de un conjunto de 156 planchas de cobre que graba fundamentalmente entre enero de 1970 y marzo de 1972. Para ser precisos, las dos primeras imágenes son un poco anteriores, una del 24 de octubre de 1968 (pero retomada y terminada el 15 de febrero de 1970) y otra de finales de junio de 1969. Las dos estampas, como si fueran un prólogo a este Libro de sus ultimas horas, tienen como tema el mundo del arte.

 

Realización y edición

Las 156 planchas son todas de cobre y de diferentes tamaños pero sólo cuatro de ellas (cat. Bancaixa nos 26, 74, 80 y 83) se editan y se firman a lápiz por el artista antes de su muerte, aunque dio el «bon à tirer» para toda la serie en 1972. Fueron sus estampadores, los hermanos Aldo y Piero Crommelynck, los que editaron el resto de los grabados, por encargo de Louise Leiris, siendo firmados con un sello con el nombre de Picasso. La edición consta de 50 ejemplares (numerados de 1/50 a 50/50), 15 pruebas de artista (marcadas E.A. I/XV a XV/XV) y 3 pruebas de impresor (señaladas A/C, B/C, y C/C). De todos los grabados existen tres pruebas de cada estado antes de acerar la plancha y tres pruebas después de haber sido rayada la plancha en 1979.

Sólo hay tres series completas de 156 grabados de la Suite 156, dado que de la estampa cat. Bancaixa nº 7, una pequeña aguatinta, sólo se hicieron tres pruebas y nunca se editó (tampoco se ha encontrado la plancha de cobre).

La Suite 156 de Bancaixa es la número 10/50, siendo la estampa cat. Bancaixa nº 7 (catálogo Bloch 1862, catálogo Baer 1867) la prueba Etat I. Las tres únicas series completas que existen de la Suite 156 se encuentran en el Museo Picasso de París, en una colección particular y en Bancaixa. La Bibliothèque Nationale de París, el Museum Ludwig de Colonia y el Museo Picasso de Barcelona poseen la Suite 156 pero con 155 estampas. Leiris editó al mismo tiempo que la Suite 156 dos estampas de 1966, el Retrato de Angela Rosengart y Venus y Cupido.

La Suite 156 se expuso por primera vez en la Galerie Louise Leiris de París, a principios de enero de 1973, todavía en vida del artista. Llamó más la atención el desparpajo erótico de los temas que la seguridad y consistencia del trazo de Picasso. La importancia de la Suite 156 se asimiló y se recibió cinco años después, cuando se expuso en la Kunsthaus de Zúrich, del 31 de marzo al 16 de mayo de 1978. Esta exposición estableció el punto de partida de la posterior recepción histórico-artística de esta serie, valorada en profundidad y no como una simple diversión del Picasso anciano. Era precisamente este Museo el que el 11 de septiembre de 1932 había realizado la primera retrospectiva de Picasso organizada por una institución pública, con 224 cuadros, 121 dibujos, 4 esculturas y 85 grabados, realizados entre 1898 y 1932. Curiosamente, en el diario Neue Züricher Zeitung, la exposición recibió una dura crítica del psicoanalista Carl G. Jung, que meses antes había criticado también el Ulysses de James Joyce (ambos textos fueron reimpresos en Wirklichkeit der Seele, en 1934), Jung no entendió la obra de Picasso pero al menos acertó en el comienzo de su texto: «Picasso como hermano artístico de Joyce…».

 

Lugar de realización

Con más de ochenta y nueve años Picasso se encuentra como Ulises de vuelta de todo. En 1969 se ha publicado su libro El entierro del Conde de Orgaz y en 1970 se ha realizado una amplia exposición de su obra más reciente en el Palacio de los suite-156-picasso-peq-okPapas de Aviñón, organizada por Yvonne Zervos. Picasso vive en la casa llamada Notre-Dame-de-Vie en el pueblecito de Mougins, en una colina sobre la bahía de Cannes. Su compañera es Jacqueline Roque, con la que está casado desde marzo de 1961. Han dejado la casa La Californie de Cannes y el Château de Vauvenargues, cerca de Aix-en-Provence. En el hotel Vaste Horizon de Mougins había pasado los veranos de los años de la guerra civil española. El poeta Rafael Alberti, bajo el titulo Picasso Mougins. La frénésie de vivre, ha descrito y cantado así el paisaje que habita Picasso en Mougins :

En aquella colina no se conoce el día ni la noche.
Todo es allí una misma hora, una edad misma sostenida
en una igual tensión,
una cinta de aire vibradora, irrompible,
a prueba de los años, de las arremetidas más feroces
del tiempo.

Picasso se entrega en los amplios espacios del caserón a seguir sintetizando el pulso de su existencia en el papel, en el lienzo o en el cobre. Aquí le ha visitado William Rubín, para ofrecerle -en nombre del Museum of Modern Art de Nueva York- el cambio de su Guitarra, realizada en cartón en 1912, por un cuadro de Cézanne. Orgulloso del reconocimiento de su escultura y celosamente secuestrado por Jacqueline en el caserón, se entretiene Picasso grabando sus últimas horas en el cobre que, como el aere perenne de Horacio, es el monumento de una vejez de verdes años. Librado de visitas, cuenta Picasso con la comodidad de la presencia cercana de los estampadores Crommelynck, que se han instalado en Mougins.

 

Sujeto temático y memoria visual

La primera estampa de la Suite 156 es un retrato de Piero Crommelynck, el estampador de Picasso, con su mujer y su hija, como si hubieran ido a recoger al estudio de Picasso las planchas de cobre para llevárselas a su taller de grabado. Frente a ellos aparece una especie de caballete que centrifuga energías lineales. En la pared de fondo coloca Picasso, clavada, una paráfrasis de un desnudo femenino en Ia línea del Baño turco de Ingres. Toda la Suite 156 va a girar alrededor del desnudo femenino y de referencias histórico-artísticas de Rafael a Rembrandt, de Velázquez a Courbet, de Ingres a Delacroix, de Manet a Degas, de Picasso a Picasso.

La segunda estampa, anterior también a 1970, incide en ese sentido de prolegómeno a una nueva visión del tema «el pintor y su modelo», en tanto que representa a un «vieux peintre et vieux modèle».

A partir de enero y hasta el 25 de mayo de 1970 graba Picasso más de 50 planchas de cobre. Una segunda etapa arranca el 25 de febrero del año siguiente hasta el 16 de junio, con casi 100 planchas, entre ellas las 38 dedicadas a la imagen de Degas acudiendo de observador a un burdel. Finalmente en marzo de 1972, habiendo sobrepasado ya los noventa años, realiza 3 cobres (dos para esta Suite 156), que tienen asimismo un cierto aire de colofón.

Si en la primera obra, en el retrato de Piero Crommelynck, el caballete aparece como una forma casi abstracta, la última, Mujer ante el espejo, se caracteriza también por una especie de dinamismo lineal abstracto, un all over que araña toda la composición. Premonitoriamente en sus Poemas en menguante, obra publicada en París en 1928, el cubano Mariano Brull escribía así sobre Picasso:

A principios de marzo, exactamente los días 4 y 6, Picasso realiza una imagen que consta de múltiples cambios y representa, asimismo, el tema del pintor y su modelo. Esta obra es la única importante, del último año de vida del artista, que no pertenece a la Suite 156 pero que corresponde al mismo concepto de Libro de horas. Este grabado sirvió de frontispicio para La chute d’lcare de Jean Leymarie, editado en 1972 por Albert Skira en Ginebra. Trabajada la plancha en dos días, el tema se metamorfosea en una película de 13 pruebas de estado.

Es interesante seguir el proceso evolutivo de las diferentes pruebas de estado, pues lo que comienza siendo un auto-retrato yaciendo con una mujer, ambos de perfil, termina representando al pintor con dos mujeres, los tres de frente, quedando el sexo de la mujer como si fuera un bodegón.

El tema del «pintor y su modelo» recorre toda la obra de Picasso, pero especialmente le ocupó en los años sesenta. En el invierno de 1963-64 lo tematizó, en más de treinta ocasiones, en febrero y marzo de 1965 en otras tantas, y, en 1966, lo utiliza para ilustrar el último poema de Pierre Reverdy, Sable mouvant. La muerte de este poeta, retirado en la abadía de Solesmes desde 1926, acaeció el 17 de agosto de 1960 y fue comunicada únicamente a Tériade, Braque y Picasso. En octubre de 1952, Reverdy había escrito en Le Point con acierto sobre Picasso: «un oeil de lumière et de nuil». Al ilustrar su poema, Picasso lo hace con 10 aguatintas, sacando la imagen del «pintor y su modelo» de la oscuridad de la manera negra.

 

Última tarea en Notre-Dame-de-Vie

La Suite 156 es, del principio al fin, un ajuste de cuentas con su propia memoria visual, con la iconografía de las mujeres de Goya, con el juego técnico de las apruebas de estado de Rembrandt, o con las ensoñaciones eróticas de Ingres ya anciano.

Además de referencias a la Historia del Arte, Picasso introduce en la Suite 156 referencias a su obra anterior, a la Suite Vollard, a sus mujeres e incluso a su  propio padre. En la obra comenzada el 25 de enero de 1970, cat. Bancaixa nº 5, no sólo encontramos referencias a la maja de Goya, a una bañista de Ingres, o a una especie de escultura de Matisse, sino que aparece en la esquina, observando todo, el padre del artista, Don José Ruiz Blasco. Esta presencia se observa ya en la Suite 347, como había estudiado Beryl Barr-Sharpe (Art Bulletin, diciembre 1972) antes de la edición de la Suite 156. La Suite 347 es el antecedente de la Suite 156, el cahier de apuntes de un momento anterior. Es la lección hercúlea de Picasso, que con ochenta y siete años, entre el 16 de marzo y el 5 de octubre de 1968, es decir en 204 días, realiza nada menos que 347 grabados. Es su revolución de mayo del 68, su asalto al poder de un medio, las planchas de cobre, convirtiéndolas en una especie de cuaderno personal. Como ha señalado Brigitte Baer, el «love affair» de Picasso con la plancha de cobre «continúa hasta sus últimos días. La plancha fue su juguete, su confidente, su interlocutora más fiel, la que le entiende y comparte las penas, ansiedad, orgullo y humor así como los pensamientos sobre la vanidad de la vida. Más aún, es la única que podía, en forma de obras maestras, devolver todo ello a su público -el público tan vital para Picasso, y de aquí los temas recurrentes del teatro, del circo, etc. Esta afinidad, comprensión y amor, entre Picasso y la plancha de cobre, que se extiende más de 70 años, condujo a algo verdaderamente atemporal: Picasso, sin duda, permanecerá hasta el fin del mundo como el gran grabador de nuestro siglo«.

 

 

Fuente: 
Sala Municipal de Exposiciones Museo de la Pasión, Valladolid, España
La exposición titulada ‘Alrededor de la suite 156 de Pablo Picasso’ se expuso durante los meses de abril y mayo de 2007
Fue comisariada por
Juan Carrete Parrondo

 

Imágenes cedidas por la Sala Municipal de Exposiciones Museo de la Pasión

 

Ver:
>
Picasso. Musas y modelos 
> Los Picassos de Antibes
> Historia de la suite Vollard – Pablo Ruiz Picasso
 

> «Yo, Picasso»: Genio y chamán – Sus amadas amantes
>
Picasso – Proceso de transformación y simplificación de la serie de litografías del toro
> Picasso y Tolouse-Lautrec en el Museo Opisso del Hotel Astoria de Barcelona
   

 

 

 

 

1 – 08-04-2007