‘Mundo Orwell’ – Ángel Gómez de Ágreda

Manual de supervivencia para un mundo hiperconectado 

[Cultura – Literatura – Tecnología] 

 

“Si pretendemos adentrarnos en el mundo del Gran Hermano, si vamos a vivir la distopía descrita por Orwell, necesitamos un manual de supervivencia”. Ángel Gómez de Ágreda.

 

En ‘1984’, George Orwell (su nombre verdadero: Eric Arthur Blair) imaginó un mundo en el que se reescribía el pasado para adaptarlo al presente. En esta obra el autor creó el concepto de ‘Gran Hermano’, que desde entonces pasó al lenguaje común de la crítica de las técnicas modernas de vigilancia.

“En 2019 hemos llegado a uno en el que —gracias a unos medios de comunicación que el escritor británico jamás intuyó— podemos reescribir incluso el presente, retorcer el espacio-tiempo y afirmar una cosa y su contraria. No existe el derecho al olvido, pero se ha relativizado tanto la verdad que recordarla no aporta argumentos al debate”.

“Detrás de eso, las empresas. Como en tantas distopías que presenta el cine, algunas de estas corporaciones se han convertido —al modo de Omni Consumer Products en la saga Robocop y la Federación de Comercio en ‘Star Wars’— en grandes monopolios cuyos límites van mucho más allá de la jurisdicción de los Estados”.

El autor, Ángel Gómez de Ágreda, es coronel del Ejército del Aire, ha sido jefe de cooperación del Mando Conjunto de Ciberdefensa y representante español en el Centro de Excelencia de Cooperación en Ciberseguridad de la OTAN.

 

A 70 años de la publicación ‘1984’ 

En el 70 aniversario de la publicación de ‘1984’, el clásico de las distopías que se planteaba como una crítica de los totalitarismos ya existentes trasladados a un lúgubre futuro, ‘Mundo Orwell’ recupera parte del espíritu de la obra y se propone servir de aviso a navegantes –de la red y de la vida cotidiana– frente a los desafíos de un nuevo mundo. Un mundo definido por la aceleración de los cambios tecnológicos que se nos imponen en todos los ámbitos de la vida a una velocidad desenfrenada, determinando hasta nuestra manerade pensar.

Un mundo que implica además peligros sustanciales para los valores, identidades y concepciones que nos han acompañado, al menos, desde la Ilustración. El autor asume en esta obra la tarea de revisar, con una amenidad digna de encomio, el estado de la cuestión: la manipulación informativa, la ocultación de la verdad, el final del trabajo tal como lo conocíamos hasta ahora, el cuestionamiento de valores como la privacidad y los riesgos para las libertades individuales y colectivas. No se trata de argumentar las bondades o los perjuiciosde la tecnología, lo que hace el autor es recalcar la necesidad de desarrollarlas herramientas intelectuales necesarias para sobrevivir a la nueva realidad y, de ser posible, para sacarle el mayor partido. Es poco menos que un imperativo moral asumir la responsabilidad de construir un mundo mejor, habitable, so pena de acabar en un ‘Mundo Orwell’.

 

Algunos extractos de la obra

‘Mundo Orwell’ no trata de tecnología. Ni siquiera sobre su aplicación. Es, o quiere ser, una reflexión sobre las implicaciones de la tecnología. Sobre cómo ésta afecta a nuestra forma de ser, a nuestra forma de vivir, a nuestra forma de relacionarnos. Quiere integrar conocimientos y disciplinas: psicología, sociología, política, economía… e incluso tecnología. Pero sin olvidar nunca que las personas son lo que más interesa.

Después de redactar una enciclopedia de casi nueve mil páginas, ‘La historia completa de la civilización’, los esposos Will y Ariel Durant resumieron su contenido en otra obra con tan solo cien, ‘Las lecciones de la Historia’. Finalmente, comprimieron todo ese conocimiento en una única frase: ‘La única revolución real está en la ilustración de la mente y en la mejora del carácter; la única emancipación real es individual, y los únicos revolucionarios reales son los filósofos y los santos’.

Con ese ánimo de ilustración de la mente y emancipación individual, la obra pretende trazar una historia de nuestro futuro reciente, ese que está a punto de haber sucedido ya. Una historia de la gente que vivirá en ese mundo y de cómo llegaremos a él”.

 

Cuestión de valores

“Lo digital nos ha cambiado. No a todos, ni a todos igual. Pero lo ha hecho. El salto generacional que siempre se ha percibido entre padres e hijos es ahora una brecha cultural y de valores. Los jóvenes Play Again virtualizan el mundo físico y se ven a sí mismos como avatares de ese mundo de vidas y oportunidades infinitas, en el que el tiempo no es importante porque siempre se puede volver a poner el reloj a cero, volver a empezar.

Trivializan el peligro para quejarse amargamente cuando se ‘acaban las vidas’. No hay prisa para nada porque no van a ninguna parte. La moda del balconing —saltar entre los balcones de un hotel o desde estos a la piscina— ilustra esa idea de la creencia en que los errores se pueden borrar y es posible seguir probando algo hasta que salga bien. No son generaciones mejores la una que la otra, pero sí son radicalmente distintas. Los ritmos, las capacidades de adaptación a los cambios, los valores mismos en los que se basan lo son. Y ambas están conviviendo en el mismo mundo y en el mismo instante. Es más, conviven en buena medida en cada uno de nosotros creando una disfunción que origina dificultades en nuestra vida relacional y en las propias expectativas que nos imponemos”.

 

Fake News

“Habría que hablar de ‘falsas noticias’ en lugar de ‘noticias falsas’. Fundamentalmente porque no son noticias, sino relatos con apariencia de noticia que se han redactado con el objetivo de conseguir una reacción emocional, no con el de transmitir una información. Por tanto, no se trata de noticias falseadas, sino de relatos falsamente noticiosos. En suma, propaganda […]. Es más, una Fake News no tiene siquiera que ser mentira (casi nunca lo son completamente) porque el contenido que transmite es irrelevante para el emisor, interesado tan solo en los efectos emocionales que causa el mensaje.

Si queremos reforzar la seguridad en este ámbito, no será suficiente con actuar sobre las capas tecnológicas para mitigar los problemas que surjan. Habrá que adoptar medidas en la capa de los contenidos —por ejemplo, verificando los hechos (fact-checking)— y sobre las capas en las que el emisor del mensaje y el receptor del mismo actúan directamente. No basta con evitar la automatización de las difusiones, sino que conviene establecer mecanismos para evitar en la medida de lo posible que las falsas noticias entren en el flujo de Internet —o para identificarlas cuanto antes—y adaptar la educación que reciben los internautas al tipo de entorno en el que se van a mover”.

 

 

Departamento de prensa
Editorial Ariel

 

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