Mejor dinero en efectivo – No dejes que te controlen

Dinero en efectivo, el de monedas y billetes que se tocan, respaldados por una autoridad política, que, entre otras cosas, permiten el intercambio de manera anónima, sin que hagan falta explicaciones.

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El dinero, como moneda para el intercambio, es uno de los grandes hallazgos de la Humanidad. Concreta, como ningún otro elemento, la capacidad del ser humano para llegar a acuerdos.

Más que un animal social o político, el hombre es el único animal que llega a acuerdos, siendo el dinero el instrumento que condensa, como ningún otro y de manera inmediata, toda una cadena de acuerdos implícitos.

Bastante antes de que el naciente Estado moderno monopolizara la acuñación de las monedas y, a la vez, fomentara especialmente su uso para facilitar la recaudación de impuestos, el dinero era ya un dispositivo que agilizaba y dinamizaba los acuerdos entre individuos y grupos.

Claro está, me estoy refiriendo al dinero en efectivo, el de monedas y billetes que se tocan, respaldados por una autoridad política, que, entre otras cosas, permiten el intercambio de manera anónima, sin hacer falta la explicitación de nombres en un contrato. El contrato está, eso, implícito.

 

Dinero en efectivo

Ahora hay un gran interés por parte del Estado para eliminar los pagos en efectivo. Un interés que ha recibido un gran impulso con la pandemia, ya que el pago sin el contacto físico con monedas o billetes parece más aconsejable.

A ello, hay que reconocer la comodidad que aporta pagar con un teléfono móvil o una tarjeta de plástico, siempre en el bolsillo, y no tener que ir a una oficina bancaria o buscar un cajero automático para conseguir dinero en efectivo.

El Estado utiliza los mismos argumentos con que se enfrenta a las criptomonedas: el anonimato de los pagos es una cobertura para blanquear actividades delictivas, generar una economía sumergida y el fraude fiscal.

A pesar de que el psicoanálisis ha llegado a representar el dinero (efectivo) como algo sucio que mancha, la cuestión es que tiende a no dejar huella. Y esto es lo que molesta en especial al Estado, el que escape a su control.

Si se paga con tarjeta de crédito, a través de las cuentas bancarias o alguna de las opciones que la industria de pagos ha puesto en marcha, siempre pasando por una cuenta nominal, las corporaciones gestoras, los bancos y, por supuesto, el Estado puede dejar a los ciudadanos plenamente desnudos, sabiendo de ellos todo.

Desde las enfermedades (gasto en determinadas medicinas), hasta las expectativas (gasto en educación), pasando por todas las prácticas de ocio. La privacidad y, por ende, la libertad quedan bajo mínimos.

 

Corralito y otras maneras de combatir el crimen

Es cierto que el carácter anónimo del dinero puede llegar a cubrir actividades criminales y no deseables por el conjunto de la sociedad, sea con dinero en efectivo o con criptomonedas; pero suponen una mínima parte de todo ese dinero.

Hay otras maneras de combatir el crimen, sin necesidad de reservarlo todo al seguimiento del dinero. En el otro lado de la balanza, está la libertad, la sensación de no verse observado constantemente.

Además, el Estado está especialmente interesado en saber nuestros patrimonios y la situación de nuestras cuentas, por razones que van más allá del control fiscal o de la sanción de la criminalidad.

En un contexto de fuerte endeudamiento del Estado, siempre puede echar mano de nuestros ahorros. Al menos, puede limitar su uso. Eso que se llamó ‘corralito’ a principios de este siglo XXI, una de las grandes aportaciones del castellano al vocabulario financiero.

El Estado derrochador, por definición cuando se trata de gestionar el dinero de otros, se queda con nuestros ahorros. En una sociedad fuertemente bancarizada, como la española, lo tiene relativamente fácil. Si, además, todo el dinero circulante es el digitalizado, por la prohibición del dinero en efectivo, lo tendría mucho más fácil.

España es uno de los países desarrollados donde más dinero en efectivo se sigue utilizando. No obstante, como indicábamos, la pandemia ha impulsado su posible disminución. La pandemia y el cierre de oficinas bancarias y eliminación de cajeros automáticos. Un menor uso especialmente concentrado entre jóvenes y ciudades.

 

Cierre de oficinas bancarias

En las zonas rurales y entre la población de más edad, todavía domina ampliamente el dinero en efectivo. Tal vez, por ello y como castigo, no cesa el goteo de cierre de oficinas bancarias en nuestros pueblos.

Esas oficinas en las que, hace bastantes años, obligaron a sus ciudadanos a abrir una cuenta, para cobrar el salario y pagar los recibos. Esas oficinas en las que se hace cola el primer día de cada mes, con la libreta en la mano, y se saca el efectivo para los gastos de todo el mes.

Cierre de oficinas bancarias contra personas mayores, sin que el Estado -en sus distintos niveles- mueva un dedo. Estos mayores que, cuando llaman al teléfono que le han dejado en el cristal de la oficina de toda la vida, son preguntados si se han dado de alta en el ‘servicio online’.

El resentimiento de sus descendientes conduce directamente a las fintech, las criptomonedas, y cualquier otro dispositivo que les permita no volver a fiarse ni de los bancos, ni del Estado.

 

 

Javier Callejo
Catedrático de Sociología en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Licenciaturas en Periodismo y Derecho

Artículo publicado en el Observatorio Blockchain
29-08-2022

Origen de las imágenes:
pexels.com

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