Diarios de viaje – En los dominios del cóndor – Perú – La cultura Chancay

 

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Como tantos otros aficionados a aprender cosas del pasado, mi área de exploración siempre ha sido aquello cercano y conocido, es decir, el entorno mediterráneo. Una vez tomada la decisión de cruzar medio mundo, largamente demorada por diversas causas, emprendí el largo viaje hasta la costa pacífica de América el Sur, con el único objetivo de llegar hasta el celebérrimo asentamiento inca conocido como Machu Picchu. El resto de mi estancia lo dejé al albur de las circunstancias del momento.

Y eso me condujo a la sorpresa de aprender que no solo los incas fueron una civilización potente y desarrollada, sino que mucho antes que ellos, una gran variedad de pueblos habitaron aquellos parajes sucediéndose unos a otros desde hace más de cuatro mil años, y que uno de los artífices de la difusión de estos conocimientos fue un hombre originario de otro país lejano y milenario.

Se llamaba Yoshitaro Amano y su afición por las culturas preincaicas lo llevó a reunir una notable colección de objetos procedentes de hallazgos arqueológicos.

Nacido a finales del siglo XIX, este ingeniero naval, reconvertido en hombre de negocios, culto y aventurero, fundó diversas empresas en varios países de América del Sur, pasando su juventud viajando entre uno y otro, hasta que en 1931 fue uno de los primeros visitantes de Machu Picchu, ese emplazamiento arqueológico de la civilización incaica que yo también deseaba conocer, sacado a la luz pública hacía pocos años tras las investigaciones arqueológicas auspiciadas por la Universidad de Yale y National Geographic.

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Fotografías: ©2016 Marisa Ferrer P.

Durante la segunda Guerra Mundial su condición de japonés le acarreó no pocos inconvenientes, llegando a permanecer internado en un campo de prisioneros y devuelto a su país, desde el que atravesó nuevamente el océano para, después de varios intentos frustrados que no consiguieron mermar su voluntad, llegar a Perú en 1951. En 1954 se casó con Rosa Watanabe y en 1956 nació Mario, el hijo de ambos.

A partir de entonces, su labor de búsqueda de restos arqueológicos se centró en Chancay, muy cerca de Lima, de donde procede la mayoría del acervo conservado en el museo que lleva su nombre, en el turístico barrio de Miraflores, lugar de visita obligada para quienes se interesan por el legado de las antiguas civilizaciones preincaicas. Después de mi frustración por no poder visitar el Museo de la Nación, a causa de unas obras de restauración, visitar el Museo Amano representó un paliativo inesperado y extraordinario.

De sobra conocida es la cultura incaica, de la cual tenía conocimientos superficiales que refresqué y amplié, pero el descubrimiento de los testimonios dejados por muchas otras para mí desconocidas hasta entonces me absorbió y cautivó. La cultura Chancay no es ni de lejos de las más antiguas, pues de desarrolló entre los años 1200 y 1470 d.C. La delicadeza de los bordados expuestos, la finura del diseño de las cerámicas, la laboriosidad presente en los tapices a base de plumas de ave, son solo algunos de los aspectos que más llamaron mi atención.

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Fotografías: ©2016 Marisa Ferrer P.

Esta civilización fue precedida por otras muchas establecidas en toda el área andina desde la época de las famosas pirámides de Egipto. En Perú concretamente, las culturas más antiguas existieron hace unos 3000 años, como testimonian los restos de la ciudad sagrada de Caral, considerada la ciudad estado más antigua de Perú. Unos 1500 años más tarde siguieron los habitantes de Chavín, poseedores de notables conocimientos de astronomía recibidos de los dioses según la leyenda; los Paracas, hábiles tejedores; los Nasquenses, expertos buscadores de agua; o los Mochicas, grandes ingenieros hidráulicos y forjadores de metales, de cuya cultura se supieron más cosas tras el descubrimiento de la tumba del que fue llamado el señor de Sipán por el lugar donde se hallaba. La espectacular ciudad de Chan Chan, cercana a la actual Trujillo, era la capital del reino Chimú y constituye la mejor muestra de esa civilización; los Tiwanacu, pastores de llamas y alpacas sembraron el altiplano de templos de piedra pulida; los Wari fueron grandes urbanistas… tal número y tan diversas características de esas culturas han desbordado mi capacidad de asimilación y de asombro.

Así como en el siglo XV se descubrieron las tierras donde habitaban esas gentes llamándolas el Nuevo Mundo, ante mí se abre ahora un mundo nuevo de interés para intentar saber algo más de aquellas gentes, habitantes seculares de aquellas tierras, descubiertos por casualidad al haberse cruzado en el camino de unos arriesgados navegantes afanados en la búsqueda de una mejor ruta para llegar a las Indias.

 

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Marisa Ferrer P.

 

 

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2 – 01-03-2017
1 – 09-01-2016