Diarios de viaje – Necrópolis etrusca de la Banditaccia (Italia) – El legado etrusco –...

 

[Cultura – Historia / Viajes]

 

Por Marisa Ferrer P.

 

Incierto es el calificativo aplicado habitualmente al origen de los etruscos. Un pueblo del que no se conocen vestigios distintivos hasta el siglo VII a.C., a partir del que se han datado los textos encontrados, en su mayoría inscripciones, en un lenguaje durante largo tiempo sin descifrar. Esta civilización, extraña según el parecer de escritores clásicos, fundamentó su economía en la agricultura y en el hierro de Etruria.  

Para unos llegaron al norte de Italia después de cruzar los Apeninos, hacia el año 1000 a C, mientras que para otros aparecieron por el sur de la península, procedentes de Asia Menor, aunque la teoría que parece más aceptada es que se trata de una evolución de una cultura anterior, la de Villanova, es decir, el mismo pueblo en distintos momentos históricos. Sin embargo no hay certezas incontrovertibles al respecto. Lo que sí puede deducirse a partir de los restos arqueológicos es la pronunciada influencia de la cultura griega sin que por ello a la etrusca se la pueda considerar una imitación, habida cuenta de sus particularidades diferenciales incluso entre las diversas zonas de su territorio, que abarcaba principalmente la actual Toscana.

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Gran parte del conocimiento que se tiene de esta cultura antigua y algo misteriosa proviene de los numerosos asentamientos funerarios encontrados por toda su zona de influencia. A falta de grandes construcciones como se han conservado de los egipcios, griegos o romanos, los emplazamientos funerarios son abundantes y la riqueza de su ajuar ha sido una valiosa fuente de información.

Su religión era rica en ceremonias y fórmulas mágicas, dictaba comportamientos como la construcción de templos y murallas o la celebración de banquetes, según dictaminaran los sacerdotes después de interpretar la voluntad de los dioses; eran menos proclives a consultar los oráculos que las señales y los presagios, preferían observar el vuelo de los pájaros o las entrañas de un animal después de un sacrificio ritual.

En la necrópolis de Banditaccia, en Cerveteri, se encuentran tumbas de túmulo, las más antiguas, de planta redonda y dimensiones notables. En las de mayor tamaño, pertenecientes a las familias más notables, se depositaban no solamente los cuerpos de los señores sino que también podían contener los restos de sus sirvientes. Predominan las llamadas de cámara, de un solo ambiente las más sencillas y de varias estancias conectadas entre sí las más fastuosas. Gracias a la decoración de su interior es posible deducir aspectos de la vida diaria, no tan distinta de otros pueblos en otras latitudes.

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Sirva como ejemplo la tumba Dei Rilievi (Los Relieves) (s IV a C), una de las más importantes, que pertenecía a la familia Matuna, a la que se accede por una larga escalera que acaba en una estancia amplia, con dos columnas centrales donde aparecen reproducidos objetos de uso cotidiano y varios nichos en cuyas paredes se aprecian representaciones de personajes del mundo infernal, como en este caso Scila y Cerbero. Destaca también la tumba Dei Capitelli (Los Capiteles) (s VI a C), nombre debido a las columnas con capiteles labrados que sostienen el techo. Las llamadas de cubo, de época posterior, son de planta cuadrada y se encuentran alineadas una junto a otra. Las tumbas de la zona sur, las más simples, están excavadas directamente en la roca, sin ninguna clase de ornamentación.

El interés de la necrópolis de Monterozzi, en Tarquinia, reside en gran parte en las pinturas murales encontradas en su interior. Se empleaban pigmentos minerales en una base de paja y arcilla, aplicados sobre una capa de cal fresca, con un estilo influenciado probablemente por el arte griego del que no se han conservado sino cerámicas. El número de tumbas se calcula en unas 6000, todas excavadas en la roca, de las cuales se han estudiado una veintena.

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La llamada tumba Delle Leonesse (Las Leonas) (530-520 a C) –se trata en realidad de panteras- debe su nombre a los dos felinos enfrentados en actitud belicosa que preside la parte superior de la pared frontal. Representaciones de danza, con una bailarina tocada con un sobrero picudo llamado tutulus, amplios ropajes y botas, y en las paredes laterales diversas escenas con gente sentada en actitud relajada, quizá representaciones de parientes celebrando un banquete. La tumba Della Caccia e Pesca (La Caza y la Pesca) (500 a C), llamada así por las escenas cotidianas de estas actividades, pescadores en su barca como se deduce de la presencia de delfines, que además intentan cazar alguno de los pájaros que la sobrevuelan. Y así, cada una sorprende con su peculiaridad: la Dei Leopardi (Leopardos) (470 a C), en una de cuyas paredes hay unos músicos conocidos como ”los tres músicos”; la de Pulcella (Pulguita) (s V a C), con sus llamativas franjas rojas y blancas del techo; la Moretti (500-490 a C), en honor a Mario Moretti, un experto en la materia; la Dei Fiorellini (De las Florecillas) (475-450 a C), por las diminutas flores del techo junto a los motivos circulares… Todas similares y todas diferentes en su ornamentación, de la viveza de cuyo colorido da fe el que todavía se aprecia.

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Los cultos pre antropomórficos (a las piedras, las armas, los ríos…) se unían a los de los dioses antropomórficos, como demuestran sus nombres etruscos, antes del sincretismo propiciado por los dioses extranjeros, especialmente griegos e itálicos. La cremación, ritual practicado en tiempos más antiguos para ahuyentar a los fantasmas, fue dando paso por influencias ajenas a la inhumación posterior de los difuntos y la creencia en otra vida después de la muerte. Tras la ruptura con Grecia, el mundo de ultratumba, oscuro y temible volvió a emerger. Una gran parte de la temática tratada en los textos hallados se refieren a cultos y religión y el interés despertado en los romanos ha permitido conocerlos a través de sus referencias.

De sus siete siglos de preponderancia, las más de 10000 inscripciones encontradas llevan a deducir la abundancia de su producción escrita, así como las particularidades de su lengua, adaptada del griego a las exigencias de su fonética; los signos se pueden leer pero no se pueden comprender. Era el etrusco un pueblo culto y avanzado a los ojos de los investigadores, refinado y hedonista, capaz de excitar las críticas de otras civilizaciones. Su dominio de las técnicas metalúrgicas queda patente en las armas encontradas, máscaras, yelmos, y la habilidad de sus artesanos se constata en los enseres y joyas encontrados. El mar tampoco tenía muchos secretos para ellos, si se ha de dar crédito a las afirmaciones de sus contemporáneos sobre las actividades de piratería que se les atribuían.

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Gracias a las urnas cinerarias, se adivina la estructura y características básicas de sus casas, de madera y ladrillos sin cocer, cubiertas con ramajes y revestidas de barro, de planta redonda o cuadrada, algunas con techos a dos aguas. Otras, rematadas por cabezas humanas, quizá en representación del difunto, y algunas incluso decoradas con verdaderas esculturas de una o más personas, como el famoso sarcófago de los esposos, de Cerveteri, de terracota pintada. La importancia dada a la parte superior del cuerpo en detrimento de los detalles inferiores es característica de los trabajos etruscos; la actitud de intimidad de la pareja testimonia la igualdad entre hombres y mujeres, también apreciada en las pinturas murales, con la presencia femenina en banquetes y ceremonias sociales; algo que no se halla en las expresiones artísticas de otras culturas contemporáneas.

 

Fotos cedidas por  María Paz Gómez