Cata de vinos de ‘Mas d’en Gil’ – Priorat vitivinícola

El Priorat vitivinícola tiene una historia profunda, iniciada en 1194 por la cartuja de Escaladei

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Coctelarium del Hotel Arts, Barcelona
Wine Pairing whit Marta Rovira i Carbonell
31 de enero de 2019

Fotografías: ©2019 L. Sedó

Marta Rovira i Carbonell, Director of Mas d’en Gil Winary nos ha presentado cuatro variedades de vino elaboradas en la finca Mas d’en Gil.

Su familia compró hace 21 años esta finca situada en Bellmunt del Priorat, uno de los nueve municipios del Priorat histórico, donde cuidan y cultivan una de las fincas más emblemáticas y antiguas de la Denominación de Origen Calificada Priorat: Mas d’en Gil el Priorat (Tarragona).

La finca está situada a 350 metros sobre el nivel del mar y ocupa una extensión de 125 hectáreas de viña, olivos, almendros, avellanos, cereal y bosque mediterráneo. Articulada en cinco valles con microclimas y terroirs diferenciados, la finca es una imagen a escala del entorno abrupto del Priorat, una de las grandes regiones vitivinícolas del mundo.

 

El Priorat, tierra adentro   

Imágenes gentileza Mas d’en Gil

El Priorat es una tierra adentro cerca del mar, un sistema de valles y laderas de relieve difícil que determina una agricultura dura y paciente. Está rodeado por montañas y atravesado por barrancos que desembocan en el río Siurana. La geología es muy antigua, originada en el Paleozoico, hace 400 millones de años. En la superficie, una cubierta de pizarra quebradiza llamada llicorella es uno de los rasgos más característicos del Priorat. El clima es mediterráneo con influencia continental, de inviernos fríos y secos, veranos tórridos y primaveras y otoños lluviosos. Destaca el régimen de vientos, marcado en invierno por el cierzo o serè, viento frío y seco del noroeste, y en verano por la refrescante garbinada, procedente del sureste, del mar. La vegetación está dominada por el encinar y el coscojar o garriga, con su sotobosque aromático típicamente mediterráneo.

 

Historia del Priorat vitivinícola

Imágenes gentileza Mas d’en Gil 

El Priorat vitivinícola tiene una historia profunda, iniciada en 1194 por la cartuja de Escaladei, ubicada a poco más de 15 kilómetros al norte de Mas d’en Gil. A lo largo de los siglos, este monasterio impulsó el cultivo de la vid hasta que la desamortización de 1835 puso a subasta las propiedades religiosas, iniciando así la época moderna del Priorat. A finales del siglo XIX la comarca llega a tener 20.000 hectáreas de viñedo, 10 veces más que en la actualidad. Justo después, sin embargo, la plaga de la filoxera y el éxodo de población hacia las ciudades industriales marcan la apatía del Priorat, que no comienza a recuperarse hasta casi el final del siglo XX. A lo largo de los años de decadencia sólo un pequeño grupo de elaboradores, entre ellos la Masía Barril –nombre comercial de los vinos de Mas d’en Gil entre 1931 y 1998–, es capaz de mantener vivo el aliento de calidad y singularidad de los vinos prioratinos.

 

Comienzos del Mas d’en Gil 

Fotografías: ©2019 L. Sedó

Marta Rovira nos explica: “Cinco valles conforman el paisaje de Mas d’en Gil: Valle de El Bellmunt, Valle de El Grinyó, el Clot de l’Oliver, Valle de La Coma y Valle de El Sas. Cada uno de estos entornos tiene características propias: un terroir diferenciado, microclimas particulares, orientaciones diversas y un aprovechamiento adaptado a las condiciones del lugar.

En 1998, la familia decidió comprar la finca y recuperar el nombre histórico: Mas d’en Gil. Mi padre, Pere Rovira, era uno de los grandes profesionales del vino del Penedès.

Un elemento común es el suelo de llicorella, un tipo de pizarra que también la encontramos en el Bierzo. Es una pizarra que no se rompe facilmente con los dedos, más dura y, al contrario de lo que podría parecer, hace vinos un poco más suaves y sedosos.

En el Priorat actualmente hay 106 bodegas que, en conjunto, producimos 5 millones de botellas. Es un lugar pequeño. Para comparar tenemos que en la Rioja se elaboran 500 millones de botellas. Es una zona que fundaron los monjes cartujanos y desde hace más de mil años se hace vino. La finca ha sido propiedad de tres familias, nosotros somos la tercera. Es una finca que tiene más de 150 años de historia y nunca se ha dividido”.

 

Cata de vinos

Hemos probado dos vinos blancos. El ‘Coma Alta’, procedente del valle de la Coma, “l’Enfant Terrible”, nos comenta Marta. Elaborado con un 100% de garnacha blanca. Su envejecimiento en barrica es de seis meses y su crianza en botella ha sido de tres años.

El ‘Coma Blanca’, procedente de las cuatro viñas de más de 60 años, al que se le llama ‘vino de Finca’, con un 40% de garnacha blanca y un 60% de Macabeo. Su envejecimiento en barrica es de 6 meses (30% en barrica nueva) y su crianza en botella ha sido de tres años.

Fotografías: ©2019 L. Sedó

Estos blancos hay que tomarlos en pequeños sorbos ya que no son los blancos jóvenes a los que se está acostumbrado.

Pasamos a los tintos. El ‘Coma Vella’, del valle de la Coma, con un 70% de garnacha, un 20% de Cariñena y un 10% de Syrah. Su envejecimiento en barrica es de 12 meses (20% en barrica nueva) y su crianza en botella ha sido de dos años. Este tinto es ideal para maridar con carne a la brasa, arroces, carne de cordero o atún.

El ‘Clos Fontà’, al que se le llama ‘vino de Finca’, con un 60% de garnacha y un 40% de Cariñena. Su envejecimiento en barrica es de 14 meses (30% en barrica nueva) y su crianza en botella ha sido de dos años.

“En el Priorat la variedad principal es la garnacha tinta, la llamamos variedad femenina porque tiene la piel más fina, es más dulce y perfumada. La garnacha es la parte dulce que notamos al inicio del paladar.

La variedad Cariñena, pasa a ser la variedad masculina, tiene la piel más dura, de estilo tánico, aporta estructura al final de boca. Nuestros tintos tienen mayoría de garnacha. Los terrenos les dan pinceladas de fruta, aromas a hierbas del sotobosque mediterráneo como son el romero o el tomillo. La llicorella, esta pizarra dura, da a nuestros vinos un toque de frescor en el centro del paladar”, nos aclara la experta.

Fotografías: ©2019 L. Sedó

Marta Rovira nos explica también que por el tema de la mineralidad del suelo sus vinos son de guarda, o sea que tienen aptitudes adecuadas para su envejecimiento en botella. Aunque la producción no es muy grande -el ‘Coma Alta’, unas cuatro mil botellas y el ‘Coma Blanca’, algo más de dos mil-, hace más de diez años que están en el mercado con continuidad de calidad. Exportan a 35 países y les gustaría ‘ser profetas en su tierra’, o sea que sus conciudadanos conocieran sus productos y los compraran.

Con respecto a la etiqueta redonda que lucen todas las botellas, es debido a que los padres de Marta, quisieron explicar con la forma de la etiqueta que los productos venían de una finca ecológica, que trabajaban con la luna. Actualmente cultivan con el método biodinamico.

Al finalizar la cata nos han entregado un pequeño calendario lunar en el que están marcados los días desde un punto a cuatro. Según cómo está la luna, sabe el vino. Los días que tienen 1 y 2 puntos, el vino tendrá poca expresión aromática, en cambio los días que están marcados con 3 y 4 puntos, los vinos estarán “más contentos”. Hoy, el calendario marcaba 2 puntos.

 

L. Sedó
Barcelona, 31-01-2019

Fuente:
Mas d’en Gil