La comida de Navidad de Viña Esmeralda – El vino que transmite luz y amistad

 

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Restaurante La Mamounia Bcn, Barcelona
Comida de Navidad ofrecida por Viña Esmeralda
9 de diciembre de 2014

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Fotografías: ©2014 L. Sedó

La cita es en el restaurante La Mamounia Bcn, calle València 193, a las dos en punto.

En esta ocasión, un nuevo evento organizado por GREYgroup, Agencia de Comunicación, para Viña Esmeralda, desafiaba a un viento helado y tozudo a las puertas de la Navidad.

¿Y qué mejor que reunirse en torno a una mesa para degustar este delicioso vino que armoniza perfectamente con casi todo, en todas las épocas del año, y en todas las ocasiones?

Disfrutar del ‘pequeño viaje exótico’ propuesto en La Mamounia Bcn, ha sido todo un lujo. Buen humor, buenos deseos y, como no, una buena mesa, nos han arropado a lo largo de todo el almuerzo.

Según palabras de Vinyet Almirall, PR Manager en Miguel Torres S.A.: «Este año nos hemos atrevido a crear estas armonías y por esta razón, os hemos transportado a Marruecos. Estamos seguros de que el vino será un complemento perfecto para el menú que os ofreceremos a continuación».

«Viña Esmeralda, es un vino de verano que nos transmite luz; un vino para tomar con los amigos, cuando llegamos a casa y desconectamos… Pero también es un vino de invierno: joven, fresco, frutal, excepcionalmente delicado, aromático y fragante, cuya base se encuentra en el Moscatel de Alejandría (85%) y en el Gewürztraminer (15%), y que presenta aromas de flores blancas con notas de melocotón, albaricoque y un toque cítrico. Espero que este año Viña Esmeralda decore vuestras mesas de Navidad», ha proseguido Vinyet Almirall.

Con la pasión que caracteriza a los amores que perduran, Almirall nos ha explicado: «Hemos cosechado estas variedades en su punto óptimo, a temperatura muy baja durante casi tres semanas. Hoy lo vamos a armonizar con un menú muy marroquí y seguro que os encantará».

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Fotografías: ©2014 L. Sedó

Y así hemos iniciado nuestro breve viaje por horizontes lejanos. Aquí una conversación de trabajo; aquí un comentario festivo… Y poco a poco, vino y vianda han silenciado Iphone y propiciado historias: aquí una de vida, aquí mi tarjeta; aquí: «En mi copa pone Vanessa… y no soy yo».

Para los platos más contundentes, Almirall ha sugerido un tinto. Se trata de Celeste, un crianza 2011, el primer Ribera del Duero de la Familia Torres.

«Pero…¿un tinto?», nos preguntamos sin preguntar.

«Per Nadal, tot s’hi val» («En Navidad, todo vale»), ha dicho Almirall, invitándonos a brindar de nuevo con esta propuesta sorprendente.

Tras una descripción «celestial» de su cata, acariciamos al probarlo casi, casi, las estrellas, como reza su etiqueta.

Si Celeste nace a unos 900 metros de altitud, nosotros nos quedamos a ras de suelo, evocando cerezas, frutos rojos y especias… sin olvidar mi muy amado Viña Esmeralda, con el que he compartido tantos buenos momentos: sola, en compañía, al llegar a casa, en verano, y también en invierno.

Las especialidades marroquíes se suceden una tras otra. Comentamos gustos y discutimos cocciones. Conversamos. Entre los invitados distingo a la cantante Gisela y al actor Octavi Pujades. El postre me trae recuerdos de tierras maternas (y casi propias), de eternos márgenes y de lluvias avaras. La pasta filo del postre se parece mucho a los ‘orellons’ del Priorat, comarca menuda, donde sus vinos ásperos y valientes ocupan un lugar destacado en las mesas más sibaritas.

Ya en la sobremesa, Khaled, a mi izquierda, pide una pipa de agua, con aroma de manzana, que resulta ser un buen bálsamo tranquilizante para los fumadores.

Y así, entre copa y copa, bocado y bocado, y entre calada y calada, la tarde oscurece. El día nos ha regalado besos, sonrisas, pausas y, además, un rayo de sol que calienta la uva blanca en verano, como a mí me gusta describir a este vino.

Un evento perfecto de principio a fin, con la eficiencia y calidez que caracterizan a Grey y a su excelente equipo.

Ya en la calle, parece que el viento amaina.

 

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Marina Torné
Barcelona, 09-12-2014