‘Sólo tú me tendrás’ – Toni Muñoz relata un crimen verdadero

Celos, mentiras y muerte en el crimen de la Guardia Urbana de Barcelona 

[Cultura – Literatura]

 

En ‘Sólo tú me tendrás’, Toni Muñoz, relata un True Crime fascinante en torno al crimen que destapó intrigas, amoríos y corruptelas en la policía municipal de Barcelona. En mayo de 2017, un cuerpo calcinado aparece junto al pantano de Foix, abandonado en el maletero de un coche al que han prendido fuego. Solo una prótesis de columna permite reconocer el cadáver: pertenece a Pedro Rodríguez, un agente de la Guardia Urbana de Barcelona suspendido de empleo y sueldo desde hacía meses tras propinarle una paliza a un motorista.

Su vida, poco antes de la agresión, había dado un vuelco: acababa de separarse de su mujer para iniciar una relación con otra agente de la Guardia Urbana, Rosa Peral. Llevaban juntos desde entonces. Pero Rosa, cuando le comunican la noticia, apenas se inmuta. De hecho, se refugia de inmediato en un antiguo novio, Albert López, miembro también del mismo cuerpo de seguridad. Y empieza a sugerir que quizá su exmarido, Rubén, agente de los Mossos d’Esquadra, tiene algo que ver con la muerte de Pedro.

Lo que la investigación destapó a continuación -mentiras, encubrimientos, relaciones paralelas, episodios de violencia policial, porno venganzas, manipulaciones y chapuceros intentos de desviar la atención- consternó a la opinión pública y dibujó como pieza central de esta tragedia a una mujer, Rosa Peral, que siempre lo quiso todo. Y que solía conseguirlo.

En el libro, el periodista retrata la personalidad de cada uno de los personajes a partir de la investigación policial y judicial, pero, sobretodo, a través de familiares, amigos y personas cercanas a los dos acusados y a la víctima.

 

Inicio de la narración

Nada más entrar en el despacho de su jefe, el agente de la Guardia Urbana, Albert López, ve que en aquella habitación hay alguien más. Por la estatura y la corpulencia de aquellos dos hombres no tiene ninguna duda de que son policías, como él. Los agentes de la autoridad albergan un sentido especial para detectarse los unos a los otros. Los hombres son, en efecto, Mossos d’Esquadra.

No los conoce, pero sabe que lo están esperando. En cuestión de segundos, su mundo se desmorona. Los malos augurios que le han sobrecogido en los últimos días no han sido sino una premonición de lo que está ocurriendo en ese momento. Antes de que los Mossosa articulen palabra, Albert López se adelanta.

– Estoy detenido, ¿no?
– Lo está.

El encargado de practicar el arresto es el inspector Sebastián, que lleva varios días sin dormir, obsesionado por un caso que acaba de dar un paso decisivo. Proceder a la detención de Albert le brinda la oportunidad de conocer de cerca al hombre que tanto ha ocupado su tiempo y el de toda la Unidad de Homicidios de los Mossos d’Esquadra en la última semana.

Son las 13:45 horas. Albert baja la cabeza, como si tuviera asumido aquel desenlace. Como si solo fuera cuestión de tiempo.

– Solo os pido una cosa, requiere Albert.
– ¿Qué?, pregunta el inspector.
– No me pongáis las esposas, por favor.

Albert teme que todos sus compañeros lo vean cruzar la comisaría esposado, engrilletado, según la jerga que utilizan los urbanos. No hay mayor deshonra que ser arrestado en la sede policial, estando de servicio, ante los ojos de sus colegas. Sobre todo si es por el asesinato de un compañero.

Durante los últimos días se ha sentido acorralado. Ha notado el aliento de la policía tras él. De nada han servido las explicaciones dadas en comisaría después del hallazgo del cadáver de Pedro. Ha comenzado a asumir que los Mossos consideran que está implicado en su muerte y ha pensado que la mejor forma de alejarse de todo es no pensar en el crimen.

Fuera de la comisaría ha llevado una vida normal. Ha ido al gimnasio, a comer con los amigos y ha salido de fiesta. Nada que no hiciera antes. Pero en la comisaría es imposible abstraerse. Todo el mundo habla de Pedro, de la evolución de la investigación, de los interrogatorios que los Mossos están haciendo a todos los agentes de la comisaría, de las preguntas que planean sobre el asesinato.

– ¿Quién ha sido capaz de hacer algo tan atroz? No se habla de otra cosa.

Seguro que ella ya estaba pensando en contarlo todo.

El día de la detención, Albert siente que el pecho se le encoge. Es como si le apretaran el esternón tan fuerte que le cuesta respirar. Tiene los músculos entumecidos por la tensión y la mente nublada. Tiene 37 años, es policía y ha arrestado a multitud deindividuos a lo largo de su carrera, pero vivirlo en la propia piel es distinto. Con los años, ha logrado un cierto grado de autocontrol para situaciones de tensión.

Levanta la vista y apacigua su rabia. Respira hondo. No comprende por qué tanta precipitación, que lo apresen estando de servicio. Se pueden escoger muchos momentos para detener a alguien, lo podían haber hecho cuando ha salido de su casa por la mañana o al finalizar el turno, pero ¿ahora?, ¿por qué en la comisaría? ¿Y qué ha cambiado de ayer a hoy? O incluso, ¿qué ha cambiado justo esta mañana de sábado?

La respuesta aflora por sí misma entre la cascada de interrogantes: le han delatado. Y no tiene ninguna duda de quién ha sido. Los últimos días ella ha rechazado todas sus llamadas. Lo esquiva. Seguro que para entonces ya estaba pensando en contarlo todo.

 

El móvil del crimen

El crimen se produce tras un año de gran intensidad emocional para Rosa y Albert. Rosa se ha divorciado de Rubén. Albert ha buscado una nueva vida lejos de Rosa. Ella, como demuestra el artículo que envió, piensa que el karma la ha premiado con un nuevo novio, Pedro, pero que la relación no funciona.

Pedro, a diferencia de Rubén, la controla. Tiene miedo a que su novia pueda mantener otras aventuras o engañarlo con Albert. La libertad de Rosa se ve restringida. Y eso la ahoga. Albert vuelve a aproximarse a Rosa y todo apunta a que retoman la relación. Pocos días antes del crimen, éste le regala un anillo. En una fotografía, Rosa luce una sortija en cada mano: una de Pedro y otra de Rubén. Por si fuera poco, tiene por delante el juicio de la porno venganza, en el que desafía a la cúpula de la Guardia Urbana.

La presión que soporta es brutal. A esto se suma la disputa judicial con Rubén por la custodia de sus hijas, lo que más quiere. Sus compañeras en prisión llegan a revelar que Rosa urde un plan desde la cárcel para matar a su exmarido por medio de un sicario.

-Lo odio y le quiero muerto, dicen que les dijo.

La palabra de las internas puede ponerse en duda, pero lo que afirman, de ser cierto, da pistas de los sentimientos de Rosa hacia Rubén. Si el crimen hubiera salido bien, el exmarido hubiera sido el perjudicado. Y Albert no tenía ninguna disputa con Rubén. Este punto, sin duda, juega en contra de Rosa. Los investigadores sospechan que en el trasfondo del crimen está la voluntad de Rosa y Albert de volver a estar juntos, deshaciéndose de Pedro y de Rubén al mismo tiempo.

 

Sobre el autor

Toni Muñoz (Sant Feliu de Llobregat, 1984) es licenciado en Periodismo por la Universitat Pompeu Fabra y en Ciencias Políticas por la Universitat Autònoma de Barcelona. Es redactor de sucesos y tribunales en ‘La Vanguardia’. Ha trabajado en la Cadena SER y en RAC1, donde también ha ejercido como enviado especial a zonas de conflicto y crisis humanitarias. Colabora en varios programas de RAC1, de 8TV y de otros medios. Es profesor en el grado de Periodismo de la Universitat Oberta de Catalunya.

 

 

Departamento de prensa
Ediciones Península
Manuel Haro – mharo@planeta.es

Páginas de origen de las imágenes:
elperiodicodearagon.com
Ella Hoy

 

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