Museo Nacional de Arte de Catalunya (MNAC) – Itinerario ‘Mujeres y Modernidad’

 

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Museo Nacional de Arte de Catalunya (MNAC), Barcelona
Inauguración Itinerario “Dones i Modernitat” (Mujeres y Modernidad)

20 de enero de 2016
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Fotografías: ©2016 Marisa Ferrer P.

Hay muchos modos de visitar un museo según las preferencias de cada uno: por artistas, por épocas, por estilos… pero hacerlo con visión de género no es muy usual. Por ello, el ICD (Institut Català de la Dona) ha colaborado en divulgar una nueva promoción del MNAC (Museu Nacional d’Art de Catalunya) que permite hacerlo. Elisabet Pueyo y Esther Torres, jefas de los departamentos de marketing y promociones, respectivamente, han sido las embajadoras del museo presentando esta promoción, dirigida a entidades y asociaciones, durante la cual se pretende atraer a grupos de visitantes bajo el lema ‘El Museu és teu’ (El Museo es tuyo). Su objetivo es prestar apoyo a la organización de estas visitas colectivas, cuyos integrantes podrán beneficiarse de entrar gratuitamente y tendrán a su disposición todos los servicios del museo, es decir, visitas guiadas, acceso a espacios singulares o restaurante.

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Fotografía: ©2016 Marisa Ferrer P.

Al itinerario inaugural que ha sido el auspiciado por el ICD, han asistido miembros de distintas asociaciones femeninas y personas vinculadas. Distribuidas en pequeños grupos, las asistentes han podido apreciar a través de las explicaciones de la guía, en qué condiciones tenían que desarrollar su actividad aquellas mujeres que a finales del siglo XIX y principios del XX intentaron dedicarse a su vocación artística, condiciones de las que son un claro exponente las pinturas contempladas durante el itinerario. La visita ha sido un breve recorrido por la historia reciente, a través de esas actividades femeninas, coartadas por un entorno poco o nada propicio a dejar que las expresaran, en el sobreentendido de su nula capacidad para hacer otra cosa que dedicarse a la casa o a lucir; un rápido repaso a las corrientes artísticas hasta llegar al surrealismo, cuando las mujeres comenzaron a sentirse cómodas para expresarse libremente.

En general, a las mujeres les estaba vedado dar a conocer su talento creativo, solamente eran objeto de interés por ser susceptibles de ser pintadas: retratos de damas encargados por sus maridos para lucimiento propio, bailarinas, gitanas, como la pintada por Marià Fortuny después de un viaje a Granada, dementes… En ocasiones la escena, aun pintada por un hombre, resultaba reivindicativa, como la obra de Ramon Casas, ‘Au Moulin de la Galette’, que representaba una mujer sola en una mesa de café, desafiando las normas imperantes.

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Fotografías: ©2016 Marisa Ferrer P.

El ambiente artístico del París de aquella época bullía de actividad y era destino obligado para quien tuviera ambiciones en ese sentido y algunas mujeres empezaban, a pesar de todo, a incorporarse a ese mundo, mujeres rebeldes e inconformistas que buscaron el modo de abrirse paso en un mundo de hombres.

En una sala dedicada a autorretratos, solamente uno de ellos es de una mujer, Luisa Vidal, quien por haber nacido en el seno de una familia acomodada pudo permitirse el lujo de estudiar en la ciudad de la luz para dedicarse a la pintura y exhibirse orgullosa con los pinceles en la mano, al contrario de sus colegas masculinos quienes no necesitaban mostrar las herramientas de su actividad y buscaban con su autoimagen el reconocimiento de su público. No precisaban reafirmarse en una profesión de la que estaban excluidas las mujeres al serles imposible ingresar en las academias, objetivo que les costó casi dos siglos alcanzar. Sirva como anécdota ejemplificadora la obra de Johan Zoffany, en la que aparecen los socios fundadores de la Royal Academy of Arts, de Londres, entre los cuales había dos mujeres, vetadas para estar en las sesiones aunque representadas por sus retratos colgados de la pared.

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Fotografías: ©2016 Marisa Ferrer P.

Con el tiempo empezaron a surgir nombres como Mela Mute, que conoció a Josep Dalmau y en cuya galería barcelonesa expuso sus primeras obras a principios del siglo XX. Suzanne Valadon, inmortalizada por Toulouse-Lautrec en su cuadro ‘La Bouveuse’, fue hija de madre soltera, modelo y amante de pintores de quienes aprendió los rudimentos de ese arte para acabar convirtiéndose ella misma en una pintora cotizada. Uno de ellos, Miguel Utrillo, activo participante en sentar las bases del modernismo catalán, acabó reconociendo al fruto de su relación amorosa.

Olga Sacharoff, de origen ruso, es otro nombre sobresaliente. Considerada por algunos la introductora del cubismo en Barcelona, vivió en esta ciudad casi en el anonimato los primeros años, hasta acabar consiguiendo un merecido reconocimiento poco antes de su muerte en la ciudad condal.

Y así, durante hora y media, las asistentes han escuchado con atención las explicaciones y observado con cuidado las diferentes obras elegidas para ilustrarlas, hasta dar fin al programa previsto, que ha sabido a poco, como han expresado una vez de vuelta al punto de partida.

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Fotografías: ©2016 Marisa Ferrer P.

Esta iniciativa del MNAC sin duda atraerá a grupos deseosos de disfrutar del arte en compañía, que aprovecharán las ventajas de la oferta para visitar no una vez, sino muchas, las instalaciones de un museo, ya no solo notable por la magnificencia del edificio que lo alberga, sino por los valiosos tesoros que guarda. Su colección de arte románico es la más completa y antigua de Europa, con pinturas murales y sobre tabla de una extraordinaria calidad, además de piezas de orfebrería y tallas en madera; de la etapa gótica se conservan piezas maestras de importantes artistas locales, así como retablos, pergaminos y piezas decorativas, amén de obras renacentistas y contemporáneas; un fondo museístico de alta calidad y variedad que merece ser visitado con asiduidad.

 

 

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Marisa Ferrer P.
Barcelona, 20 de enero de 20116