V – Ahora empieza lo bueno: ¡ya eres mamá!


© María Donapetry

 

Sí, por fin se acabaron los gruñidos, los jadeos, el “¡empuja, empuja!” y tienes un bebé como una rosa. La verdad es que es un milagro que tanto tú como tu bebé hayáis sobrevivido la ordalía así como así por muchos millones de mujeres y bebés más en todo el mundo que acaben de hacer exactamente lo mismo: parir. Pero, recuerda, aún estás en el hospital y tú vas a decidir más bien poco sobre cómo funcionan las cosas contigo misma y con tu bebé.

¿Que has parido con epidural y casi no te has enterado? Enhorabuena, porque te van a hacer falta las fuerzas para lo que viene detrás. Te mereces los ramos de flores, los regalos, los bombones, en realidad te mereces un Oscar, pero no te lo van a dar, así que disfruta de lo que te den, sea lo que sea, mientras se trate de reconocer que eres una campeona de “tiramuros”, que ni Alejandro Magno se las tuvo que ver con batalla tal, que no sólo no eres una representante del “sexo débil” sino que acabas de dar evidencia de que los ovarios serían una mejor metáfora que otros órganos para referirse al valor y la entereza que un ser humano puede demostrar, o sea que el caballo de Espartero, en realidad, era una yegua, que has roto las leyes de la Física aunque no te den el Nobel.

Hoy en día en muchos hospitales te ponen a tu bebé encima de ti en cuanto nace para que no se dé la posibilidad de un trauma psicológico de separación. Dice La Guía Prenatal que “el contacto físico de la madre con el bebé produce en ella una reacción en gran medida instintiva e irracional” (así somos las mujeres, qué se le va a hacer), “casi automática, que constituye un componente importante de su relación con el niño”. Y añade: “es primordial que la madre sepa lo importante que son sus primeros momentos junto al niño y que, a pesar del cansancio que sigue al parto, deberá hacer todo lo posible para dedicarle atención y afecto desde el principio”.  Hace unos cuantos años, en los hospitales, se llevaban al recién nacido al nido y volvía a la habitación de la madre cuando “tocaba”, bien para darle de mamar, bien porque había ciertas horas que se consideraban apropiadas para que la madre y el bebé estuvieran juntos. Se trata de políticas hospitalarias completamente distintas cuya puesta en práctica no se consulta con cada madre, ni siquiera con grupos de madres en general. Alguien lo ha decidido y no hay más que hablar. ¿O sí?

¿Qué es “mejor”?, ¿hay varios “mejores”?, ¿quién o quiénes determinan ese “mejor” para la madre y para el bebé? Vamos por partes: cuando la mujer acaba de parir o de tener una cesárea, por muy “bien” que lo haya hecho, se sentirá como poco débil y necesitada cuando no hecha unos zorros. Físicamente la que menos tiene unos puntitos bien cosidos que empezará a notar en cuanto se mueva. Esto me recuerda que también hay modas en cuanto a la episiotomía o el rasgado: en algunos hospitales la política es cortar a los dos lados para controlar la apertura, en otros el último grito es dejar que la madre se rasgue por donde “la naturaleza” quiera. ¿Cuál es “mejor”? Pero divago. A lo que iba: a este estado de cosas hay que añadirle que poco a poco le vendrá el “golpe de leche”, esto es: se le pondrán los pechos, por insignificantes que pudieran parecerle en otro tiempo, como los de Rocío Jurado, como melones, como sandías, como balones de reglamento (de balóncesto, nada menos), etc., y tendrá hemorragia. Y, epidural previa o no, el cuerpo entero le hará saber que acaba de hacer un esfuerzo mayestático. Psicológicamente se sentirá asaltada por muchas y muy variadas emociones que pueden ir del impulso “instintivo e irracional” de abrazar a su criatura al impulso igual de “instintivo e irracional” de echarse a dormir y que la dejen en paz. Las habrá que se lo tomen con calma y las habrá que no sepan dar pie con bola, entre otras cosas, porque nunca se han visto en esa situación. Todo su cuerpo (y recordemos que su cerebro es parte de su cuerpo) ha sufrido un cambio importante y necesita tiempo para recuperarse. Pero héte aquí que ese tiempo se va a llenar de casi todo menos de relajación y paz.

 

Capítulo I – Sola (y callada) ante el peligro  
Capítulo II – ¡Estoy embarazada! Pues mira que bien
 
Capítulo III – Sexo, drogas y rock ‘n’ roll
  

Capítulo IV –  El feliz acontecimiento o “poner a parir”

 

mdonapetry@yahoo.com

Ilustrador: Juan Moreno
e-mail: beloncio@inicia.es

Página de origen de la imagen:
cositasfemeninas.com/luego-del-parto.html

 

2 – 15-02-2013
1 – 28-04-2003