El Teaming – Microdonaciones en equipo – Mucho por muy poco

 

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Jil van Eyle dejó aparcada su vida de lujo y exceso cuando nació su hija Mónica con una grave enfermedad. Luchar por ella le ha transformado por dentro y por fuera. También le ha inspirado una sencilla idea, el ‘teaming’, una iniciativa solidaria basada en hacer equipo donando cada mes un euro del salario.

Donar un euro del salario mensual a una oenegé puede parecer poca cosa. Pero si se trata de una empresa de, pongamos por caso, 600 empleados, un euro se transforma en 600 que, multiplicados por los 12 meses del año, suman 7.200, cantidad nada desdeñable. Pero lo interesante no es la cifra –o no sólo– sino el modo en que se consigue esa cantidad de dinero. Porque para que un euro individual llegue a 7.200 se requiere una cadena de gente, un grupo… un equipo.

teaming-jil-eyleMicrodonaciones en equipo. O lo que es lo mismo, teaming. Así de sencillo suena en palabras de Jil van Eyle la explicación a una idea que le vino inspirada por el nacimiento de su hija, Mónica, en octubre de 1998, afectada por una grave enfermedad llamada hidrocefalia. Hasta entonces, él era “un idiota”, confiesa. “Mi vida se basaba en el éxito material. Pero mientras mi hija estaba en la UCI del hospital, me empecé a fijar en el personal que la atendía, los médicos, las enfermeras y enfermeros, con qué cariño la trataban… y sentí ganas de cambiar mi vida. Me preguntaba por qué, pero en realidad la pregunta adecuada sería para qué”, nos cuenta, en un castellano perfecto.

 

Jil van Eyle
(Hilversum, Holanda, 1967)

Sus padres se divorciaron cuando él tenía ocho años. Se quedaron sin casa, sin dinero… El padre se marchó y nunca regresó, por lo que fue su madre quien peleó por sacar adelante a los cuatro hijos. A los quince años, Jil se prometió a sí mismo dos cosas: tener un Porsche antes de cumplir los 30 y ser el mejor padre del mundo. Estudió Económicas, trabajó mucho y progresó rápido en su carrera profesional. El Porsche se lo compró a los 28, nadó en la abundancia, se arruinó… y cuando trabajaba como directivo de la cadena de hoteles Riu, en Mallorca, en 1998 nació su primera hija, Mónica, enferma por una hidrocefalia y con pocas posibilidades de sobrevivir. A partir de aquí nació un nuevo Jil y el ‘teaming’. En su libro Cómo dejé de ser un idiota, relata el antes y el después de este ejecutivo transformado, por el amor a su hija, en un emprendedor social… y en un ser feliz.

 

De milagro en milagro, nació el ‘teaming’

A pesar de los malos pronósticos del principio, Mónica empezó a mejorar. “Cada avance era un pequeño milagro”, relata Jil. Poco a poco salió de la gravedad, y comenzó otro periplo, el de las oenegés, a la búsqueda de apoyo de todo tipo, incluido el económico. “Conocí a gente con una actitud de entrega increíble, pero siempre veía que faltaban los recursos económicos. Pensé que, siendo yo economista y con la experiencia que tenía en el mundo empresarial, a lo mejor podía hacer algo. La idea de ir pidiendo dinero de uno en uno me parecía poco efectiva, y fue entonces cuando se me ocurrió el ‘teaming’: a la gente le resultaría más fácil hacer microdonaciones, de un euro al mes, por ejemplo, pero en cadena, o en equipo, para que la suma resultara interesante”, explica con unos ojos que parecen querer salir de las órbitas.

¿Qué queda de aquel chico cuya máxima meta era comprarse un Porsche antes de cumplir treinta años? En apariencia, nada. Pero quizás el entusiasmo del soñador que nunca tira la toalla. Solo que ahora ha cambiado de sueño. La primera página web que hizo con su idea de ‘teaming’ obtuvo una respuesta deprimente: cuatro visitas… Pero siguió confiando porque Mónica tiraba de él con una fuerza inusitada a la que sólo podía responder yendo hacia delante.

Ocuparse de Mónica le cambió la vida en todos los sentidos, no solo interiormente. La cantidad de operaciones que sufrió su hija, con ingresos hospitalarios frecuentes debido a su frágil salud, le exigían mucho tiempo y dedicación hasta tal punto que perdió su trabajo. Sin dinero, y en paro, acabó aceptando ocupaciones menos cualificadas. “Pasé de vestir trajes caros de Hugo Boss a atender llamadas en un ‘call center’ de la marca Philips, a las órdenes de una joven de 22 años. Los clientes pedían ayuda para resolver problemas del tipo ‘la cafetera que compré el otro día no funciona bien’”, relata entre risas.

 

El brazo derecho de Frank Rijkaard

Sin embargo, un día de 2004 un hecho inesperado frenó la racha tormentosa. Un tal Frank Rijkaard acababa de llegar a Barcelona como entrenador del Barça y para instalarse en la ciudad, buscaba una persona de confianza… y de origen holandés. Por esas casualidades de la vida, un amigo de El Mundo Deportivo se enteró de la necesidad de Rijkaard, sabía de los apuros económicos de Jil y les puso en contacto.

El flechazo entre los holandeses fue inmediato, según relata Jil: “Nada más presentarnos, Frank y yo hicimos ‘clic’. Fue como si nos conociéramos desde hacía tiempo. Me sentí muy tranquilo. Le expliqué mi vida, la historia de Mónica, el ‘teaming’… Le gustó mucho el proyecto, por lo que suponía para hacer equipo, y empecé a trabajar para él. Le ayudé a encontrar una casa y un colegio para sus hijos, le asesoraba en cuestiones económicas, incluso me ocupaba de su perro cuando viajaba… Fui su persona de confianza”.

Fueron pocos años de dedicación exclusiva, porque sabía que su trabajo tenía fecha de caducidad, pero Rijkaard le ayudó mucho a dar visibilidad al ‘teaming’. “Es persona más humilde que he conocido y tiene mucho humor. Muy comunicador, muy trabajador… y un líder nato”. Con el gancho mediático del entrenador de los azulgranas, el teaming dio el salto y creció. Aquella web que apenas nadie había visitado está hoy traducida a doce idiomas y recibe a internautas de todos los puntos del planeta.

Mereció la pena perseguir el sueño. Rijkaard se quedó sin trabajo y, en consecuencia, Jil también. De nuevo, algo inesperado se cruzó en su camino: la consultora holandesa &Samhoud le concedió un premio a la innovación social (que mide la felicidad de los empleados en una empresa y el beneficioso efecto contagio que produce en la economía y en la sociedad). El premio es una especie de beca que le permitió mantenerse a flote durante dos años más. “Premiaron el ‘teaming’ porque funciona tanto en empresas pequeñas con buenos resultados, como en las que no van tan bien y necesitan un método para hacer equipo”, explica Jil.

 

Los efectos positivos del ‘teaming’

¿Cómo influye el ‘teaming’ en una empresa? Es algo que la Universidad de Barcelona está investigando, dados los buenos resultados que produce. Entre sus bondades, resalta que fomenta el trabajo en equipo porque requiere la implicación de los empleados y, además, ésta se genera de abajo arriba. “La responsabilidad social corporativa está de moda, pero los empleados no se sienten vinculados”, apostilla Jil. Uno de los logros del ‘teaming’ es que crea un puente que une a los empleados con las oenegés y a éstas con las empresas. Un ejemplo: la consultora Everis, que cuenta con más de 6.000 empleados en distintos países del mundo, tiene en proyecto desarrollar una comunidad virtual de ‘teaming’.

Hoy las cosas parecen haberse puesto en su sitio para Jil“Mónica es un bebé recién nacido, que ni oye, ni ve, y necesita una silla de ruedas para moverse, pero disfruta mucho de algo tan simple como comerse un helado, sentir la lluvia y el viento… Esos pequeños detalles de la vida que la mayoría de nosotros nos perdemos. También es muy sensible y llora cuando la gente a su alrededor está triste y se ríe cuando nota alegría”, relata Jil con una inmensa sonrisa, como si leyera un cuento en voz alta. Tras divorciarse  de la madre de Mónica cuando ésta contaba un año, Jil rehizo su vida familiar con otra mujer con la que ha sido padre de otra niña, África. Trabaja para el Grupo Intercom –uno de los grupos empresariales con más experiencia en negocios por Internet– cuyo presidente, Antonio González Barros, fue de los primeros en aplicar el ‘teaming’ y ahora se ha embarcado en una nueva aventura social: invertir en iniciativas de emprendedores en África. “El primer paso ha sido montar una línea de autobús en Camerún cuyos beneficios revertirán siempre allí, nunca volverán a España, eso lo ha dejado muy claro”, nos explica.

Toda esta historia ha quedado recogida en un libro que, a juzgar por las ventas, se vende como rosquillas. En Cómo dejé de ser un idiota, Jil se desnuda explicando cómo los sucesivos fracasos de su vida le han ayudado a avanzar. “La gente me pregunta si creo en Dios… llámalo como quieras, Dios, energía, amor, no importan las palabras. Yo creo en Mónica. Gracias a ella soy mejor persona. Ella ha estado a punto de morir en varias ocasiones y, después de haber pasado por esa experiencia, ahora vivo sin miedo a nada”.

 

Si quieres incorporar el ‘teaming’ en tu empresa, tu club, tu sociedad, tu grupo de amigos, tu asociación… estos son los pasos a dar:

1. Informa y convence a tus compañeros.
2. Firmad el documento de aceptación.
3. Elegid una causa para la donación: hay miles de iniciativas.
4. Informad a la empresa.
5. La empresa abre una cuenta en la que ingresar las donaciones.
6.‘Teaming’ extiende un certificado.

En la página web teaming se explican estos pasos al detalle y te puedes descargar los documentos necesarios para hacer ‘teaming’.

 

 

Artículo publicado en la Revista Cancha, editada por Caja Navarra   

 

Páginas de origen de las imágenes:
heroesocial.es
Logo ‘teaming.info’
Imagen Jin van Eyle tal como aparece en la web: hcvsinfronteras.org.ar
Fotografía Jin van Eyle ©2010 Leonor Sedó
Imagen portada libro tal como aparece en la web: lasendadelalma.com

 

 

 

 

 

 

 

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1 – 03-12-2010

nº 30, junio 2010