III – Sexo, drogas y rock ‘n’ roll


© María Donapetry

 

Lo de sexo depende de dos, así que es cuestión de poner esa boquita que Dios nos ha dado a todos a funcionar para comunicarse. Hay mujeres cuyo deseo sexual baja de intensidad por razones psicológicas o físicas. La hay que parecen haber perdido todo interés en el asunto. Y hay otras a quienes les apetece más que nunca y en plan orgiástico. El caso es que la pareja se encuentre bien en cada caso. No es cuestión de seguir un manual sino las inclinaciones propias y las de la pareja.  Los médicos y los libros dicen que el acto sexual no tiene inconvenientes, ni efectos secundarios o dañinos para el feto. Muy bien. Eso no quiere decir que a una le tenga que apetecer, particularmente si está en plena fase de náuseas, le duele algo, está dispuesta a complacer a su pareja pero no llega ni de broma a un orgasmo, etc. No se me ocurre ninguna idea que no sea perogrullesca: hablar, tantear el asunto, probar juegos previos (algo así como ejercicios de calentamiento antes de un partido) y no forzarse o forzar a la pareja bajo ninguna circunstancia. Esto último lleva indefectiblemente al resentimiento por ambas partes tanto si una se cree en la obligación de complacer como si se quiere complacer voluntariamente. La repetición de algo que no resulta placentero en sí “porque sí” es una historia que acaba mal y que sí tiene efectos secundarios.


Si algo le sienta mal a la mujer embarazada
, le va a sentar mal a toda ella incluyendo el feto. Si se chuta heroína, evidentemente la sustancia va a llegarle al cerebro, a los pies y al feto, con el inconveniente añadido de que el feto llegará a ser un individuo diferente y los pies o el cerebro no. Por la misma razón que creo que la manipulación tecnológica de la imagen del feto separada de la de la mujer me parece una manera de manipular a la mujer con fines menos que honestos, la propia mujer embarazada tiene que asumir la simbiosis que existe entre su cuerpo y el cuerpo que está formándose dentro de ella. Ella es quien decide sobre sí misma, porque el feto es parte de ella misma.  Me llaman la atención las legislaciones e intentos de legislaciones sobre las mujeres embarazadas que sitúan a éstas en posición de antagonismo con respecto al feto. Esta actitud de “Gran Hermano” usa la retórica de culpabilizar a la mujer.


Cada vez se anuncian más y más sustancias que pueden perjudicar
la salud del futuro bebé, y se anuncian de manera alarmante a base de advertir a la embarazada sobre posibles resultados catastróficos.  ¿Quién no ha oído hablar del síndrome de alcohol fetal?, ¿o de la perniciosa influencia de la cafeína en el feto?, ¿o del veneno que supone fumar? Si se supone que todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario, ¿por qué se supone que la mayoría de las embarazadas sufren de lobotomía transitoria?  Si una mujer es medianamente inteligente, se cuidará lo mejor que sepa y pueda durante el embarazo (y antes y después) porque sabe que su estado de salud se refleja en todo su cuerpo y esto incluye su feto.  Si la mujer embarazada es alcohólica o drogadicta, lo que necesita es ayuda y tratamiento, no una condena sumarísima.


En cualquier caso, la embarazada, como la no embarazada
, tiene el derecho a escoger si quiere o no tratamiento. Hay países donde tomarse uno o dos cafés al día se considera totalmente normal. Hay médicos que dicen que un vasito de vino o de cerveza al día con la comida no hace daño alguno. Hay incluso médicos que le dicen a una fumadora que reduzca todo lo posible el número de cigarrillos, sin que la reducción se convierta en fuente de ansiedad perenne. Hay países, si embargo, en los que se puede acusar a una mujer embarazada que está tomando una bebida alcohólica de “poner en peligro la vida de otro ser humano” y que la lleven a la cárcel (y hablo de los EE.UU., no de países exóticos). En España, sin ir tan lejos, hay quienes se permiten el lujo de insultar y amonestar a una mujer embarazada porque está tomando una caña o un culín de sidra. Con todo, el sentido común y la moderación suelen prevalecer. Pero el sentido común y la moderación no venden publicidad, ni llegan a las páginas de un periódico ni de una revista. De ahí que se hayan llegado a publicar cosas como “Dos vasos de vino le quitan 7 puntos al Coeficiente Mental del futuro bebé”, o “un reciente estudio sugiere que existe alguna conexión entre la gripe en una mujer embarazada y esquizofrenia en su hijo”. Estos “estudios” normalmente carecen de base y, por desgracia, llevaría mucho tiempo buscar sus fuentes y repasar los procesos hasta llegar a comprobarlos. 


Es una pena, porque no estaría nada mal llegar hasta las últimas
consecuencias y poner en evidencia a la publicación que con tanto ahínco se ha dedicado a crear pánico y noches de insomnio en muchas mujeres embarazadas. Casi nadie dice nada de los gases nocivos que todos respiramos en la calle. Casi nadie advierte al futuro padre de que su estado de salud antes y durante el coito afectará la salud del feto. ¿Por qué será?


Cuando yo misma estaba embarazada de casi ocho meses
, me invitaron a una boda en Escocia. Me sentía oronda pero contenta. Todos los sábados pasaba la mañana haciendo ejercicios en la piscina de mi pueblo y había conseguido tener a tono la musculatura y un cierto nivel de agilidad. La cosa es que la boda se celebraba en un hotel-castillo escocés cerca de Aberdeen con dos grupos musicales: uno de rock y otro de música popular escocesa con gaitas y todo. Lo del rock no me llamaba mucho la atención, entre otras cosas, porque no tocaban música que me gustase. Sin embargo, al oír las gaitas se me debió despertar el espíritu de patria chica (soy híbrida astur-galaica) y me apeteció aprender a hacer pinitos escoceses.


Primero observé al personal en sus evoluciones
y después le pedí a un pariente político que me enseñara algunos pasos. Antes de lanzarme a la pista, una señora escocesa me echó una mirada de total desaprobación y luego me advirtió que “eso no se hacía en mi estado”. Pasé olímpicamente tanto de la mirada como de la advertencia y me divertí de lo lindo rodeada de paisanos con faldas a cuadros y música de gaitas de fondo. Es curioso que a una le recomienden que escuche a Mozart o a Chopin para beneficio del feto pero consideren bailar a ritmo de gaita algo indecoroso y perjudicial. Dependerá de lo que le guste a la mujer que está embarazada, ¿no? No tengo ni idea de cuánta música y poesía puede asimilar un feto cuando las susodichas música y poesía vienen de fuera, pero me asusta pensar que puede absorber tanto como dicen, porque eso significaría que el feto también se está enterando de todas las palabrotas que dicen alrededor del cuerpo de la madre, todas las estupideces, todos los ruidos desagradables, toda la música y la letra de las canciones de ese cantante insoportable que ponen en todas las tiendas y cafeterías. En fin, a lo largo del día se oyen y se sienten sonidos y movimientos de todo tipo. A lo largo de nueve meses, ni les quiero contar.


Y termino con el embarazo por el momento
con un “caveat” para las instituciones gubernamentales, religiosas, y médicas, además de a las propias mujeres interesadas en el embarazo: a nadie le gusta ni le puede parecer natural que le exijan responsabilidades absolutas a la vez que se le quitan los derechos a decidir. Por lo mismo que no existe el ser humano perfecto, no existe el embarazo perfecto.  Pensar en el embarazo como un proceso y camino de perfección es arriesgarse a pensar en el bebé como producto manufacturado. Una cosa es que procuremos hacer el embarazo cuanto más llevadero mejor para la mujer y para su feto, y otra cosa totalmente distinta es que esperemos y creamos que podemos condicionar al bebé desde su concepción para que se convierta en Einstein o Marie Curie con el físico de un atleta, la capacidad creativa de Picasso, la sensibilidad poética de Lope, etc. etc.

 

Capítulo I – Sola (y callada) ante el peligro

Capítulo II – ¡Estoy embarazada! Pues mira que bien

mdonapetry@yahoo.com


Ilustrador: Juan Moreno
e-mail: beloncio@inicia.es

 

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article.wn.com/view/2012/06/08/Two_Men_Dead_In_Scottish_Highlands_Van_Crash

 

1- 23-03-2003