Sus sueños VI – Kima Guitart entre sedas y anilinas


[Relatos]

 

© Marisa Ferrer P.

 

Si ha habido en el mundo una ruta comercial famosa ha sido, sin duda, la Ruta de la seda. Llamada así precisamente por la principal mercancía que por ella circulaba, este largo y peligroso trayecto que se iniciaba en Asia Central, serpenteaba hacia Occidente a través de estepas y desiertos, sembraba a su paso ciudades que prosperaban o declinaban según los envites de las guerras o las sacudidas de la tierra y acababa a orillas del Bósforo, fue utilizado durante siglos por intrépidos mercaderes que con el trasiego de sus caravanas propiciaron el intercambio comercial entre Oriente y Occidente.

La seda, presente de reyes y símbolo de grandeza, obtuvo tal aceptación en Europa que aquellos privilegiados que tenían acceso a ella no se conformaron con comprarla a precios exorbitantes, tenían que fabricarla. El celo de los emperadores chinos que durante milenios habían guardado el secreto de su fabricación, castigando incluso con la muerte a quien osara desvelarlo, no fue suficiente para preservarlo. Una vez «presentado en sociedad» un diminuto gusano devorador de hojas de morera, el Bombyx mori, ya fue cuestión de habilidad y cuidado conseguir su reproducción en masa para obtener el preciado hilo que envuelve a su crisálida.

Y ése fue el soporte que Kima eligió para dar salida a su creatividad.

Cuando la conocí, por razones de trabajo que apuntaban una colaboración que no llegó a cristalizar del todo, hacía mucho que no me fijaba en esa minúscula espiral que se despereza con el paso de los días hasta formar una hoja de helecho que puede llegar a ser enorme; que no refrescaba mis pobres conocimientos sobre los bosquimanos y su arte rupestre; que no recordaba si alguna vez había sabido el nombre del gusano de seda… Y mira por dónde, todo eso se me hizo presente en el curso de las pocas semanas de colaboración, cuando constaté de dónde sacaba la inspiración, esa señora que no aparece de pronto, sino que es fruto de un trabajo previo.

Vaya donde vaya, tanto si son bosques tropicales como desiertos africanos, Kima aprovecha todo los que ve, lo que vive, lo que aprende, lo que siente, para transformarlo y adaptarlo a su pincel, Porque es como una pintora, sólo que su  lienzo tanto puede colgar de una pared, estático, como cobrar vida al ritmo del movimiento humano.

Artista inquieta donde las haya, desde muy joven Kima supo qué quería. Tan importante como la vocación es el respaldo familiar y ella tuvo ambas cosas. Contaba con el apoyo incondicional de unos padres que la dejaron buscar su propio camino. También los setenta eran tiempos de apertura, de posibilidades para espíritus inquietos que no temieran los cambios ni el alejamiento del hogar conocido y seguro. Lo tenía todo a su favor, la edad, el apoyo, el deseo; y lo aprovechó.

Su primera salida al mundo exterior, por así decirlo, no podía tener otro destino que el que tuvo, la cuna del Renacimiento, la ciudad del David, de Miguel Ángel, de la cúpula de Brunelleschi,  de la puerta este del baptisterio del duomo o del Ponte Vecchio… Tenía veintidós años, había acabado sus estudios en Barcelona: de dibujo en la Escola d’Arts i Oficis y de esmaltes en el taller de Montserrat Xicola, y acababa de conseguir una beca para estudiar orfebrería y esmalte en el Istituto d’Arte di Porta Romana, en Florencia.

Rebelde; enmendaba la plana a sus profesores florentinos de esmalte. Tenía sus propias ideas que aplicaba sin pudor alguno. Pero algo no funcionaba; el esmalte es creativo hasta un punto a partir del cual todo deviene mecánico y rutinario. Empezaba a aburrirse. Debía seguir buscando… Y surgió la chispa que la hizo escapar a las clases de teñido, estampado y pintado a mano sobre tela.

Utilizó los meses de la beca para inundarse de belleza recorriendo cuantos museos, iglesias y exposiciones se le pusieron a tiro lo que, tratándose de esa ciudad no es poco… y sin enjambres de turistas…

De vuelta a casa, sólo se quedó el tiempo necesario para preparar nuevo viaje, esta vez, a París, para estudiar técnicas japonesas de pintura sobre tela. Después, se estableció en Barcelona y en 1973 expuso por primera vez. Ya sabía por dónde tirar. Se encadenaron los estudios en Nueva York y Madrid: creación artística, diseño, investigación sobre arte y moda, patronaje… ya nada la detuvo.

Me parece que ya ha pasado un siglo pero no hace tanto desde el día en que la vi por primera vez.  Vi a una mujer ya asentada en su profesión, con un bagaje rico en experiencias, con esa serenidad que da el convencimiento de haber trabajado bien y a gusto.

Kima Guitart ha dedicado su vida a trabajar con la seda, esta delicada y al tiempo resistente tela que en sus manos ha pasado de ser un tejido de alta calidad para transformarse en objetos primorosos, delicados, vaporosos y llenos de color, como las alas de las mariposas.

 

 

Otros sueños:

Sus sueños I – La farmacéutica Maite    

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Sus sueños – V     

Sus sueños – VII

Sus sueños – VIII   

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Sección Relatos 

 

Fotografías:
©2010 Marisa Ferre P.

 

 

 

 

 

 

1 – 24-10-2010