Ramón Masats – El fotógrafo silencioso

 

[Cultura – Fotografía]  

 

Los creadores de cualquier expresión artística están sumidos en un ejercicio imprescindible de autooxigenación. Pintan, escriben, moldean o cantan porque no son capaces de hacer otra cosa más vital ni necesaria para sobrevivir. La creación se convierte en una necesidad que genera alivio y dolor, en una sístole y una diástole inseparables e imparables y solo moldeadas por los sobrecogimientos y sobresaltos de la experiencia íntima de cada creador. Al resto de los mortales nos queda, eso si, la posibilidad de hacer el recorrido que cada uno de nosotros seamos capaces de vislumbrar en las sugerencias dibujadas por los artistas.

La posibilidad, es un viaje personal en el que interpretaremos a nuestro particular modo los signos percibidos desde la obra. El artista expone y se expone, los receptores recreamos y damos un sentido nuevo a lo expuesto. Este es el juego resultante de los usos de la creación y la comunicación en nuestra sociedad. La fotografía, como artilugio mecánico capaz de reproducir con exactitud aparente el mundo real, ha tardado en ser considerada instrumento de creación. Su utilización como documento veraz, ha encajonado durante mucho tiempo a los fotógrafos como meros oficiantes maquinistas. Es el tiempo que la sociedad ha necesitado para descubrir un lenguaje nuevo que desde la reproducción de lo real, alcanza sugerencias simbólicas y expresivas inherentes a la creación. A lo largo de este recorrido, no todos los que han disparado una cámara lo han hecho con esta conciencia creadora, es más, la conciencia creadora no es en absoluto el determinante en los inicios de la fotografía, es el paso del tiempo el que ha dibujado un mapa nuevo de méritos en el desarrollo del lenguaje fotográfico.

ramon-masats2Desde el espectador, la fotografía parece atravesar un periodo de desconcierto. De la certeza del documento se ha pasado a un barroquismo exuberante de usos, propuestas y contenidos. La accesibilidad y popularización de los nuevos soportes digitales y la falsa creencia de que todo aquel que obtenga fotos es un creador de imágenes, dibujan un panorama pleno de ruidos visuales, en los que el artificio sustituye al discurso del autor y la comunicación de imágenes se cotiza por el alcance del ruido obtenido.

En medio de tanto ruido, parece imposible obtener una melodía visual.

Ramón Masats (1931) es un fotógrafo silencioso. Está empeñado en que el ruido no perturbe sus imágenes. No pretende dar lecciones. Niega toda declaración de intenciones antes de disparar su cámara. Se mantiene al margen de cualquier corriente, escuela, o doctrina fotográfica y le horroriza el encasillamiento que cualquier postura ideológica conlleva. Su decisión es utilizar la fotografía como un francotirador en busca de las emociones que se puedan desprender de sus imágenes, un fotógrafo, en definitiva, que dispara intuitivamente y prefiere que cada espectador elabore su propio discurso ante la imagen silenciosa. En su trayectoria profesional, Masats ha vivido dos estapas muy diferentes separadas por un intervalo de más de una década en la que se dedicó a la realización de cine y televisión. En los primeros años sesenta, Ramón Masats revolucionó el adormilado panorama de la fotografía española con una manera radicalmente diferente de construir imágenes. Se trató entonces de suprimir los esteticismos clásicos de una fotografía domesticada por un nuevo discurso fotográfico pleno de  puntería y sobriedad. Este nuevo lenguaje supuso la mayoría de edad del reportaje que por vez primera pareció  descubrir una sintaxis propia, definitivamente despegada de influencias academicistas. Con esta decisión creadora Masats hizo un retrato lúcido y certero de la España que le tocó vivir y consiguió para el reportaje la categoría de autor. Masats apuntaló su obra en tres libros de culto: Neutral Corner, Los Sanfermines y Viejas historias de Castilla la Vieja, publicados en los primeros años sesenta, y en los que está la esencia de su visión. A  través de ritos y fiestas donde se concentra la vida, el fotógrafo obtiene imágenes sobrias,  ausentes de artificio, que constituyen un retrato certero, desprovisto de voluntad discursiva en los contenido. Así lo entendieron y apreciaron los museos y colecciones de fotografías que incluyeron ávidamente la obra de este autor. Entre lo anecdótico cabe destacar que su famosa foto de los seminaristas jugando al fútbol fue la primera fotografía española que adquirió el Museo de Arte Moderno de New York. Para opinar, para construir discursos, Masats abandonó la fotografía por la realización de cine y televisión. Este cometido le aparta de la fotografía durante más de una década, una etapa fecunda en documentales, series y hasta un largometraje. Decide retomar la cámara de fotos cuando le apremian para compromisos de continuidad en la plantilla de realizadores de Televisión Española, misión imposible para un francotirador que valora su libertad e independencia por encima de todo. 

A su regreso, se ha recrudecido el problema del tránsito del negro al color en el soporte fotográfico. Esto obliga a tomar decisiones mucho más allá del simple cambio de carrete y que implican nuevas
consecuencias. No es una nimiedad, muchos fotógrafos no se sienten nada cómodos en un nuevo soporte cuyas especificaciones técnicas son tan determinantes que casi constituyen una firma que se superpone a la del fotógrafo. Los inicios técnicos del color aplastan la libertad creadora, señalan las horas posibles para la toma de imágenes, constriñen la decisión del disparo. Es un cambio de paso demasiado fuerte al que algunos sucumben o toman decisiones definitivas. Cartier Bresson se desespera y acaba destruyendo todo el color realizado. Arnold Newman difícilmente soporta el color en sus retratos y desvía el uso de este soporte para otros cometidos.

ramon-masats-peqMasats se enfrenta al problema con la sensatez propia de su talante. Se trata, una vez más, de restar. El color añade millones de matices al ojo que antes se resumían en una escala de grises. Aplicando la economía de medios que hizo eficaz su mirada cuando obtuvo aquel retrato de la España del desarrollo, utiliza el color para resaltar las cualidades inherentes al cromatismo. La figura humana pierde ahora importancia en favor de texturas y geometrías coloristas, el mensaje está inherente en las formas más que en los contenidos, la sugerencia se abre a la abstracción cromática. De esta nueva concepción se nutre toda su producción en forma de libros que desde 1981 publica Lunwerg. Entre ellos destacan España diversa, Andalucia; Madrid, Madrid, Madrid; Sevilla y Toro.

Esta decisión no es casual, no es solo un invento de adaptación al nuevo soporte.

La obra de Masats siempre ha tenido un fiel aliado en la geometría. De forma intuitiva ha construido sus fotografías con peso matemático. Nunca lo hizo como ejercicio voluntario, como receta aprendida, sino como la consecuencia coherente de aplicar el principio que hoy se enseña en toda escuela de fotografía: Lo menos es más.

Esta coherencia es la que aporta un peso específico, la seguridad de una mirada interesada por encima de todo en la excelencia del lenguaje fotográfico, en que la cámara hable en silencio, imponga sus normas dialécticas al plano bidimensional de cada imagen y que esta sugiera en la percepción de cada cual su interpretación particular. 

Recuerdo que este fue el discurso que promovió en la exposición titulada Contactos (Sala Municipal de Exposiciones San Benito, Valladolid, julio-agosto de 2007) al juntar en una mirada dos imágenes separadas por veinte, treinta o más años, hechas en soportes diferentes, que avalaban una trayectoria creadora radicalmente coherente a lo largo de casi cinco décadas aun cuando el contenido de las imágenes fuera radicalmente diferente en cada etapa.

Las imágenes de blanco y negro, inéditas en su mayoría, eran ejercicios de un jovencísimo Masats en los inicios de la década de los cincuenta, en búsqueda de un lenguaje propio. Junto a ellas, las fotografías en color, tomadas a partir de los años ochenta hasta 2007, ejemplificaban esta curvatura del círculo creativo.

El hecho de presentarlas como dípticos virtuales, provocó además una nueva construcción de sugerencias en el espectador. La relación que se establecía entre las dos imágenes en contacto construyó además otro discurso paralelo al geométrico y meramente visual.

Este nuevo discurso evidencia la verdadera confesión de fe en la austeridad de la construcción fotográfica que ha guiado al autor a lo largo de toda su trayectoria creadora,  a la vez  que provoca en el espectador la posibilidad de una  reinterpretación libre y personal de los significados de esta confrontación.

 

Chema Conesa

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Biografía

> Ramón Masats (Caldas de Montbui, 1931), pertenece al grupo de fotógrafos que consiguieron elevar el reportaje patrio a la categoría de trabajo de  autor.

> Sus inicios tienen lugar en la Sociedad Fotográfica de Cataluña junto a Miserachs, Maspóns y Terré, alineados contra la formalismo de la fotografía domesticada que se practicaba en las asociaciones. Sus planteamientos entrocan con los del combativo grupo AFAL, al que Masats perteneció.

> En 1957 se traslada a Madrid para trabajar como reportero de Gaceta Ilustrada, tal vez la mejor publicación gráfica del momento. Crea junto a Ontañón, Cualladó, Paco Gómez y Leonardo Cantero el grupo La palangana, una especie de sucursal castiza del operante AFAL

> Recorre España con diversos encargos obteniendo un retrato descarnado y personal, lleno de puntería gráfica, de los ritos y costumbres que él califica como tópicos. Esta vision la recoge en tres libros de referencia: Neutral Corner (Lumen 1962), Los Sanfermines (Espasa-Calpe 1963) y Viejas historias de Castilla la Vieja (Lumen 1964).

> Desde 1965 y hasta 1981 trabaja como realizador para el cine y la television. Documentales, series y un largometraje ocupan estos años.

> Decide retomar la fotografía, y de la mano de la editorial Lunwerg obtiene un nuevo retrato de España, esta vez en color y como soporte de lujosos libros que festejan una sociedad luminosa y en pleno desarrollo.

> Masats cambia ahora de registro. Sus fotos atienden a las exigencias del soporte color, el grafismo y la jerarquía cromática se imponen con clara evidencia a la figura humana.

> La exposición Contactos, que celebró el Premio Nacional de Fotografía 2004 otorgado a Masats, y que se realizó en la Sala Municipal de Exposiciones San Benito de Valladolid (España) en los meses de julio y agosto de 2007, pretendió explicar el círculo creativo del autor contraponiendo en forma de dípticos virtuales dos etapas de producción separadas por 30, 40 o más años.

> Las imagenes en blanco y negro, inéditas en su mayoría, correspondían a sus primeros años como fotógrafo aficionado en busca de lenguaje propio. Las de color correspondían a su trabajo editorial desde 1981 hasta 2006.


 

Fuente:
Sala Municipal de Exposiciones San Benito, Valladolid (España)

 

Página de origen de la imagen principal:
antoniocabello.info
Las demás fotografías han estado cedidas por la Sala Municipal de Exposiciones San Benito

 

VER: 
Ferdinando Scianna – “La fotografía es para mí un trabajo, una manera de vivir”
Henri Cartier-Bresson – El padre del fotoreportaje      
Lola Garrido – Pionera del coleccionismo fotográfico en España – “Dudas, contradicciones y revelaciones: eso es mi colección”    
‘#GinMGlamonophotoawards 2018′ – Exposición de los 20 finalistas y entrega de premios a los ganadores    
Massimiliano Maddalena – Exposición fotográfica ‘The Double Identity of the Corner’    
Ouka Leele (Bárbara Allende Gil de Biedma) – Analisis a la obra de la artista por Carlos Serrano G.A.H.    
Joana Biarnés – La primera reportera gráfica del periodismo español    
Sabine Weiss – Fotógrafa de la luz y la ternura  
Bruce Gilden – Fotógrafo de escenas callejeras  
Jo Spence – La fotografía un instrumento de terapia – Desarrolló innovadores trabajos fototerapéuticos    

 

 

 

 

2 – 18-09-2016
1 – 19-07-2007
La expo finalizó el 26 de agosto de 2007