No me dejes con las ganas – Las necesidades eróticas de dos personas no son...

 

[Sexo]    

 

Por Sylvia de Béjar*

 

“La frustración de un hombre es directamente proporcional a sus expectativas y éstas suelen ser muy grandes, porque el sexo es para nosotros la piedra angular de la relación y tal vez de la vida. Mientras que no, no es así para las mujeres, que ni pretenden tanto ni su grado de frustración les altera tanto como para provocar revoluciones. Hay aquí un desajuste profundo que no se suele solventar”. Hace unos días Paseante (siempre le imagino en blanco y negro haciendo lo que explica su nick) compartió con nosotros esta reflexión. Me faltó tiempo para escribirle: “Con tu permiso voy a hacerme eco de tus palabras”. Caballero él, me lo concedió. Las uso, pues, para pensar por escrito y pedir opiniones.

Me gusta la sinceridad con la que expresa su desengaño (el de tantos hombres) por esa diferencia…

Sin embargo, aun creyendo que tiene razón, he de apuntar que el no deseo masculino va en aumento, quizás a causa del estrés y las preocupaciones (=crisis), quizás por vérselas con mujeres mucho más demandantes, quizás por miedo a no estar a la altura (las comparaciones con el porno son odiosas), quizás… De hecho, en esta parroquia unas cuantas mujeres han expresado esa misma frustración. ¿Acaso se han reunido todas aquí?

Pero sigamos. Me cito a mi misma (de mi libro Deseo): “Pretender que las necesidades eróticas de dos personas (que son únicas, diferentes) sean equivalentes es pretender demasiado. Si no esperamos que tengan los mismos gustos culinarios, idénticas pasiones musicales o igual necesidad de muestras de afecto, ¿por qué pretendemos que quieran la misma cantidad y/o el mismo tipo de sexo? Es un tanto ingenuo, ¿no crees? ¡Desde luego! y tarde o temprano, la mayoría de las parejas, si no todas, tendrán que hacer frente a algunas diferencias”.

Está claro, ¿no? Pues asumamos la realidad (¡es lo que hay!) y busquemos soluciones, porque ese es el quid de la cuestión, es decir, ¿qué hacemos con las diferencias? Eso es lo que realmente importa. ¿Cómo las enfrentamos para que nadie salga perjudicado? ¿Alguna sugerencia? ¿Algo que te/os haya funcionado? ¿Cómo las negocias, si es que lo haces? Pero, por favor, evitemos tocarnos las narices los unos a los otros… limitémonos a proponer de corazón. Intentemos tender puentes: ¿Cómo se podría solventar el desajuste?

Apunto dos cuestiones (hay más y en “Deseo” hablo largo y tendido de ello, pero esto es un blog y no debería enrollarme… lo intento, pero ¡cómo me cuesta!):

– Los terapeutas suelen indicar que quien menos desea es quien ha de marcar la pauta. No hacen sino reflejar la realidad (quien desea menos es quien decide los encuentros al tener derecho de veto) y, hasta cierto punto, tiene su lógica: no se puede obligar el deseo. Sin embargo, empiezo a cuestionarme este planteamiento, sobre todo cuando el no deseo viene provocado por la pereza. Acomodarse en el tedio es la muerte de la relación carnal… y no solo carnal.

– ¿Es aceptable escudarse en el “no tengo ganas” y no hacer nada al respecto? ¿He de recordarle a quien no desea que se supone que quiere a su pareja? Siempre me ha sorprendido que alguien -sin razones de peso- le niegue el sexo a su amada/o, peor aún, se niegue a buscar soluciones, a pesar de ver su descontento, de palpar su infelicidad. ¡Qué triste y qué feo! ¿A eso se le puede llamar amor?

Helen Kaplan, uno de los grandes nombres de la terapia sexual, decía que “cada uno de los miembros de la pareja se halla en una posición privilegiada para potenciar o destruir el placer y el funcionamiento sexual del otro”. Cada uno de nosotros tiene ese poder y, por lo tanto, una gran responsabilidad para con su pareja. No lo olvidemos. Nunca.

 

 

* http://www.sylviadebejar.com/  

Página de origen de la imagen:
cuidatucuerpo.es/falta-de-deseo-sexual

 

 

 

 

1 – 27-01-2013