El haikú, poesía de la naturaleza y del instante

 

[Cultura – Literatura]

 

Por Anna Ruiz

 

La sencillez que caracteriza estos poemas es el resultado de un delicado proceso que recoge la herencia del mundo religioso y filosófico (budismo, zen…), el arte de la caligrafía y la tradición poética oral japonesa.

 

Un haikú es un poema corto con métrica y alma oriental compuesto por 17 sílabas. En general es una poesía contemplativa que valora la naturaleza y los colores de las estaciones. Un poema para abrir bien los ojos, que atiende a lo minúsculo, a las señales del paso del tiempo, a las pequeñas revelaciones de la vida cotidiana. Es, sencillamente, aquello que sucede en el momento, frente a nosotros. El protagonismo lo detenta solo aquel instante de naturaleza.
 
Según los expertos, para componer haikús se requiere, más que inspiración, meditación, esfuerzo y percepción. Personalmente, creo que el enfoque de la mirada es esencial. Ha de ser una mirada oriental, que se proyecte tanto sobre la luz como sobre las sombras, tanto sobre el paisaje panorámico como sobre el detalle; una mirada pausada, calmada, esencial. La poesía que nace de esta mirada es una poesía de la naturaleza y del instante, atenta y profunda. Del apunte al natural, a veces en el último verso da un paso trascendente hacia una lectura más simbólica y universal.

En los haikús orientales, el poeta —su mente, su corazón— no está presente dentro del poema, es tan sólo el observador/compositor. Este pequeño poema de tan sólo tres versos tiene sus orígenes en los siglos XIII/XIV. Toma impulso a partir de los siglos XVI/XVII y en la actualidad sigue siendo muy popular, sobre todo en Japón.

El carácter y el sentido de la poesía japonesa han estado presentes en gran parte de la poesía catalana del siglo XX. Algunos de los autores que se han sentido atraídos por la lírica oriental, especialmente la japonesa, son: Espriu, Salvat-Papasseit o Palau Fabre.

Haikú I- Masaoka Shiki (1867-1902)

D’entre les muntanyes            
velades de calitja,                   
una pagoda.                          

http://haikus.olot.cat/

kasumi keri
yama kieusete
to hitotsu

De entre montañas
veladas de niebla
una pagoda

http://niponcafe.blogspot.com.es/2009_06_29_archive.html

El haikú de Shiki es casi una imagen fotográfica, estática. No obstante, esta cualidad no impide que podamos reproducir perfectamente en nuestro cerebro esa imagen —la pagoda entre las montañas—, al leer los versos. Las montañas, inmóviles; la pagoda, fija, con su forma característica… se perciben entre un velo de calima; una neblina —cálida y húmeda— que deja entrever la realidad, que planea sobre el paisaje. En conjunto: una realidad sugerida, insinuada, como un ensueño veraniego.

Haikú II- Yakakuga Ranko (1726-1798)

Blanques camèlies                 
que cauen: l’únic so                  
d’aquesta nit de lluna.    
          
http://haikus.olot.cat/

“– white camellias falling
the only sound
in the moonlit evening”

http://poewit.com/twitter-poetry/tag/ranko

Al claro de luna
Sólo un ruido
Y la caída de las camelias blancas (*)  

(*) Si las camelias se ofrecen al difunto. En este haiku al emboscado… ¿Las flores por esa muerte?

Alfredo Lavergne:
http://www.poeticas.com.ar/Antologias/Seleccion_de_haikus_clasicos/Poemario/yakakuga_ranko/FRAME.html

El haikú de Ranko compone una imagen más cinematográfica que el de Shiki. Destaca un color, el blanco, que desde las camelias llega hasta la luna —probablemente llena. Este efecto multiplicador del blanco, blanco de les flores, blanco del astro, proporciona una luminosidad importante, aún siendo de noche. Además, el poeta crea una paradoja: habla de un objeto que cae pero, al contrario de lo que sucede cuando algo cae, en esta ocasión no hay sonido alguno porque se trata de flores, esponjosas y suaves. Así, el «único sonido en esta noche de luna» son unas blancas camelias que caen, un sonido perceptible únicamente en un gran silencio. Las flores de las camelias marcan, en este haikú, la estación del año, según la variedad de que se trate. La camellia japonica es un arbusto excepcional debido a que florece en otoño, invierno o verano. El poeta recoge el momento exacto en que las flores se desprenden de las ramas, en la quietud de la noche, como en una película a cámara lenta. Y, al verlas caer, más que oír un estrépito, debe sentir un leve murmullo de paz.

 

Páginas de origen de las imágenes:
farmasalud.org/verArticulo.asp?id=-73601750
aliceyhum.blogspot.com/2010/07/luna-llena-de-julio.html


 

 

 

 

 

3 – 07-05-2016
2 – 05-02-2015
1 – 09-09-2012