Educar es trabajo de toda la sociedad – Responsabilizar a los niñ@s y adolescentes de...

 

[Familia – Niños y adolescentes] 

 

“La educación ayuda a la persona a aprender a ser lo que es capaz de ser”. Lo dijo Hesíodo, porque en la Antigua Grecia ya sabían que hay algo más que enseñar a escribir y sumar. Ese ‘algo más’ no sólo lo enseñan padres y profesores, sino toda la sociedad.

 

¿Problemas o retos?

En el diccionario de los profesores no cabe la palabra problema. Para ellos, todas esas dificultades que se incluyen en el saco de la educación no son sino retos. “Hay que quitar la connotación negativa que tiene la palabra problema. Todos estos problemas son también desafíos nuevos para los que hacen falta soluciones nuevas”, advierte Rubén Riancho1.

Por eso, cuando unos dicen problema, ellos prefieren hablar de cambio: “Nadie se plantea que una silla se fabrique hoy en día como hace 30 años. Entonces, ¿podemos plantearnos que la educación sea la misma que hace tres décadas? Evidentemente, no. Si a la fabricación de las sillas se han añadido nuevos procesos tecnológicos, quizá en la educación haya que hacer lo mismo. Los contenidos, las metodologías, son otros, y el sistema de valores también, y eso tiene su reflejo en la escuela” explica Riancho.

Uno de los cambios que estos profesionales detectan es el que sufren los niños y niñas al pasar al instituto con sólo 12 años. “Un niño con esta edad es preadolescente, está acabando la infancia y entrando en la adolescencia. En primaria tienen un planteamiento educativo no tan disciplinar y, de repente, pasa a la reestructuración de secundaria que no tiene en cuenta que es un niño”, apuna Pilar Vicente2. ¿Qué está pasando? “Estos niños y niñas se han adelantado, ahora están conviviendo con alumnos más mayores, con otras prácticas, con otras formas de comportamiento, y los ven como sus modelos”, percibe Miriam Reta3. En estos centros se lleva a cabo un seguimiento de los alumnos, pero esta profesora añade otra labor: “Tenemos que implicarnos más en el cumplimiento de las normas básicas de convivencia”.

Otra novedad en las aulas es la inmigración, que “hay que ver como una oportunidad de aprender”, en opinión de Reta. Y aquí los educadores tienen algo de que quejarse: “Faltan recursos para afrontar este reto”, advierte Pilar Vicente.

Pero ellos no pierden el tiempo y ya han apuntado en sus agendas la tarea que les toca: “La meta más importante para nosotros, como profesionales, es crear nuevos contextos de aprendizaje. No es fácil, pero ahora que la sociedad está cambiando, también debemos pensar nuevas formas de aprender y enseñar cualquier disciplina”, indica Arantxa Gurrutxaga4.

 

¿El esfuerzo está de moda?

Si estos profesores tienen algo claro es que el trabajo de educar “es cosa de todos, de toda la sociedad, y que desde el campo de la educación se trata de afrontar esta misión para crear personas que sean ciudadanos responsables y que tomen decisión es, sepan responder, comprender y mojarse”, explica Rubén Riancho. Porque “la escuela no puede atender todas las demandas, es bueno que todos los agentes económicos y sociales entren en la escuela”, añade César Garbayo5.

Es la misma idea que Miriam Reta quiere transmitir a los alumnos, que sepan que no están solos, que viven en una comunidad: “Hay algo más allá del ‘aquí, ahora, me apetece, lo hago’. Los alumnos pierden de vista que todos estamos en el mismo espacio. Por encima de esa individualidad está el colectivo, y ahí tenemos otro reto”. Esta educadora cree que deben saber que ellos son imprescindibles para que todos se pongan en marcha: “Tienen que tomar conciencia de su poder de contribuir y de hacer cosas, de aportar en casa o con los amigos. El colegio es un equipo que tiene que funcionar, y pasa lo mismo en la familia”, apunta. Y otra cosa de la que se habla en las escuelas es de la falta de autonomía en el estudio e, incluso en los juegos. “Si no tienen una pelota, no saben divertirse. El esfuerzo no está de moda”, recuerda Rubén Riancho. Precisamente es en el patio del colegio donde estos profesionales reconocen una ausencia más. “Noto a los chicos faltos de estrategias para solucionar problemas, adecuarse escuchar, mediar. Se ve en el día a día, en conflictos que tienen que aprender a solucionar. Por eso, es bueno que surjan conflictos, no hay que eliminarlos”, destaca Reta.

 

¿Estudiantes o ejecutivos?

Del cole a yudo, de ahí a inglés, luego a baloncesto, los deberes, cenar y a la cama. ¿Y cuándo juegan? Fuera de las aulas, los profesores creen que el juego es una tarea importante, porque “el tiempo en que el niño gestiona su juego es fundamental para su desarrollo evolutivo, ahí está gestionando sus relaciones y su creatividad”, explica Pilar Vicente.

Esta educadora cree que es fundamental que los alumnos jueguen, que disfruten, que se socialicen, incluso que hagan la compra con sus padres en el supermercado. De esto también se aprende: “Todo ese tiempo que estás con el niño y que vas gestionando cosas es muy educativo. Nos parece que perder el tiempo es no hacer nada, creemos que es más interesante que tengan el tiempo cuadriculado, yendo de una actividad extraescolar a otra con jornadas maratonianas. El problema aquí es que proyectamos nuestro modelo de adulto en los niños”, añade.

Y cuando jugar es conectarse al ordenador o a la videoconsola, la clave, según estos educadores es “saber apagarlo, ver la oportunidad de que el niño aprenda a gestionar su tiempo, educarlo en ese uso”, anima Miriam Reta. “Hay que fijar pautas igual que las que se ponen para el tiempo dedicado al desayuno”, añade Pilar Vicente. Pero no vale el ‘no’ sistemático porque, además, “no tenemos que rechazar la tecnología, es parte de la sociedad en la que se van a mover”, concluye César Garbayo.

 

¿Los padres hacen bien la tarea?

Ellos también son parte de la tribu. Educan, pero en casa. Sin tizas ni libros de por medio, su tarea es enseñar unos valores, como la responsabilidad, que después los alumnos se llevan a la escuela. “Hay alumnos que no saben ni de dónde viene el desayuno que toman, ni se hacen cargo de las tazas que han utilizado, ni hacen la cama, ni se ocupan de ordenar su ropa. Asi, ¿cómo se van a responsabilizar de su propio aprendizaje?, ¿cómo van a llegar a ser autónomos? Nosotros, que no tenemos ninguna vinculación afectiva, no podemos ser quienes hagamos que sean responsables. El origen de ese problema está en la familia”, advierte Arantxa Gurrutxaga.

Eso sí, los educadores también echan  un piropo a los padres que invierten horas en educar a sus hijos en este tipo de valores. “No hay que generalizar. Hay quienes están educando muy bien, mientras otros son sobreprotectores, creen que todo lo que dice su hijo es la verdad absoluta y los pone incluso por encima de otra figura de autoridad como el profesor. Eso no nos ayuda”, reclama Pilar Vicente. Según Rubén Riancho los padres se deben interesar por lo que hacen sus hijos, pero sin  estar todo el día encima.

 


Revista Cancha, editada por Caja Navarra, nº 21

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1. Jefe de estudios del colegio público Camino de Santiago, de Zizur Mayor.

2. Directora de Ikastola San Fermín, de Cizur Menor.

3. Jefa de estudios del colegio San Cernin, de Pamplona

4. Directora pedagógica de Ikastola San Fermín, de Cizur Menor.

5. Director del colegio público Camino de Santiago, de Zizur Mayor.

 

Página de origen de la imagen:
organizacionformacionciudadana.blogspot.com

 

 

 

 

 

 

 

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