
Están de moda. Empezó como un tímido juego en el que publicábamos fotos de bautizos y frases ocurrentes sobre nuestra vida social y ocio, luego las Redes Sociales se abrieron al perfil profesional, más tarde entraron en ellas las empresas. Ahora las instituciones y los gobiernos comparten espacio en Twitter, Linkedin y Facebook con políticos, ejecutivos, quinceañeras caribeñas, hackers de moda y señoras Marías de Albacete.
Redes Sociales... Nunca un nombre fué mejor puesto. ¿Cuántos están atrapados en ellas? ¿Cuántas horas y esfuerzos han quedado enganchadas en sus mallas?
Redes Sociales, si, desde luego! No voy a ser yo precisamente quien las niegue, pero démosles el justo valor y tengamos muy claro -desde el principio- que han de ser utilizadas para poder extendernos a través de ellas hacia nuestros objetivos y no para caer en la fácil trampa de mal utilizarlas y quedar prisioneros en ellas, sin más beneficio que el que extraigan de nosotros, sus propietarios.

Tomás Cascante
Sentado en la proa del Naga observando la olas que entran por la amura de estribor
26 de enero 2010