
[Crónicas desde mi azotea]
Ahora que nos habíamos liberado de la religión, los tabúes, la moralina y los prejuicios y ya se podía pecar a troche y moche sin miedo a castigo ni represalia divina, y sin más condición que nadie te sorprendiera en pleno delito, aparece la tecnología, la web 2.0 y toda la Internet y de la mano de Papá Google nos pone de nuevo un sofisticado y sutil freno al libertinaje.
Que mal!
Sí, porque eso es lo que va a conseguir Street View, la aplicación de Google que ha fotografiado, en vivo y en directo todas las calles de infinidad de ciudades del mundo, sorprendiendo en su loco afán por captarlo todo, a transeúntes en las más diversas y curiosas actitudes. Y así como en las fotos de las calles de New York, Roma, París o nuestra querida Barcelona aparecen personas caminando satisfechas regresando a su casa o corriendo para pillar el bus, entrando o saliendo del metro, o mamás dejando a sus críos en el colegio, también aparecen en las fotografías de Google parejas que no deberían serlo, ejecutivos dialogando son la competencia, amigos que nos deben dinero entrando en un bingo, adolescentes haciendo novillos.o simplemente coches pasándose un semáforo en rojo.
Y es que a Papá Google no se le escapa nada. Y entre Google, las cámaras de seguridad de bancos, transporte público y tráfico las diez mil fotos que cada día hace cualquiera con su móvil y luego cuelga en YouTube o en Face Book. la privacidad y la impunidad se nos han acabado.
Porque no te quepa duda de que si la haces, el ubicuo ojo del Dios Google te va a ver. Y si te ve Google te va a ver tu pareja, tu jefe, tus acreedores, tus padres. o los de tráfico.
Ahora en las grandes ciudades ya somos como de pueblo. Y aquí como allá la única manera efectiva de mantener la privacidad es actuar en privado, oculto a todos los ojos de Dios Google.
Porque ahora en New York, Shanghai o Barcelona rige la misma norma que en un pequeño pueblo de trescientos habitantes:
'Si no quieres que se sepa lo que haces, no lo hagas'.
Es fácil, no?
Tomás Cascante
Sonriendo a las cámaras de Google desde mi Azotea
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