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| 25/05/2012 | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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Disidentes ![]()
e habla mucho del pensamiento único en un mundo global, pero esto no es una característica del siglo XXI. Ya hace siglos que los hombres en general, vivimos con un pensamiento único y global que ha sido independiente de las ideologías políticas, de las costumbres culturales y de las creencias religiosas y que se ha reproducido generación tras generación. Este pensamiento único es difícil de detectar por los hombres. Estoy hablando de la supuesta “superioridad masculina” respecto a las mujeres. Esta idea permite creer que el hombre tiene derechos o autoridad sobre las mujeres, las cuales han de acatar sus órdenes sin cuestionarlas. En este sentido algunos hombres piensan que tienen derecho de poner “orden” en su casa, de mantener a la mujer sometida a su autoridad incuestionable y que es legítima la utilización de la violencia en todas sus variantes de terror. La mujer siempre ha tenido que ser sumisa y complaciente. Esto que parece un disparate forma parte de las raíces culturales de los hombres, siempre privilegiando lo masculino sobre lo femenino y al hombre sobre la mujer, produciendo en la sociedad una relación asimétrica entre hombres y mujeres, siendo los primeros los que utilizan este dominio injusto para mantenerse en un estatus superior. Este fenómeno es universal y se produce en todas las sociedades y en todas las religiones y cualquier hombre de cualquier estatus social o profesional puede ser protagonista de estos hechos. Los hombres tenemos muchas cosas pendientes, pero puede ser que ahora la más importante sea la revolución interior de nuestros sistemas de valores, de nuestra visión como seres superiores a las mujeres, de nuestra respuesta violenta en la resolución de los conflictos de pareja, del comportamiento “autista” en las labores del hogar y en un mundo de cosas que si las pusiéramos sobre la mesa quedaríamos sorprendidos. Es hora por tanto, de hacer un paso adelante a favor de la igualdad y la solidaridad con las mujeres y contra la violencia de género desde la perspectiva de los hombres. Tenemos que luchar para cuestionarnos y modificar el modelo de masculinidad violenta, tanto en la educación, en la familia o en los medios de comunicación. Tenemos que luchar junto a las mujeres para evitar cualquier intento de comprensión de la violencia de género y apoyar a las mujeres víctimas de esta violencia. Los hombres, cada vez más, tenemos que formar parte de los disidentes de esta ideología injusta e intolerante. Ser disidente en este tema es un orgullo, ya que permite separarse de la doctrina, creencia o conducta hegemónica de la superioridad masculina sobre las mujeres. Ser disidente en este tema significa no tolerar que cada semana, de media, en España, mueran más de una mujer en manos del hombre que un día prometió amarla y protegerla. Ser disidente en este tema significa no permanecer mudos ante cualquier ejercicio de violencia contra las mujeres y exigir a los hombres maltratadores un cambio profundo de valores desde la perspectiva de hombre. Juntos, hombres y mujeres, haremos posible este cambio, comencemos ya esta revolución/evolución interior que las mujeres comenzaron hace años. Demuestra que ser hombre es sinónimo de ser un ser humano y recuerda: Ante la violencia de género, rompe tu silencio, se hombre. Miguel Sánchez Sánchez Presidente de la Asociación Colectivo de Hombres Contra la Violencia de Género de Badalona
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