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| 30/07/2010 | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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Sus sueños - IV ![]() Cuando el oficio se convierte en arte © Marisa Ferrer P.
Aquella Nochevieja de principios de los setenta fue especial, no solamente por el cambio de año, que siempre es un qué, sino porque estaba exultante con sus dieciocho años recién estrenados, su larga melena de color castaño acariciándole la espalda hasta casi la cintura por encima de aquel suave abrigo blanco que la envolvía como un halo de luz. Iba de Estaba estudiando medicina. Se iniciaba en un aprendizaje que, por aquel entonces, no estaba demasiado extendido entre las mujeres; sin saber lo que el futuro le tenía reservado, pasó seis años aprendiendo el funcionamiento del cuerpo humano y sus irregularidades, obtuvo el doctorado y ejerció con éxito la profesión durante varios más, hasta que un día todo cambió porque, de pronto, lo dejó. Estaba escrito que su camino no era aquél. El siglo XX era ya un venerable anciano que debía estar entrenando a su sucesor cuando aparcó el juramento hipocrático matriculándose en la Escola d’Arts i Oficis de la Diputació de Barcelona, donde aprendió a encuadernar libros, una actividad que perfeccionó y completó con más años de estudio en la Escola d’Arts Aplicadas i Oficis Artístics “Llotja de Barcelona”. Siete, en total; más de los que había dedicado al conocimiento de las enfermedades y su tratamiento. Cuando menos, curioso. Ya se vio entonces que era buena en lo que emprendió porque poco después ocupó ahí mismo una plaza de profesora; sabía lo suficiente como para transmitirlo a otros y su base era lo bastante sólida para cristalizar en realizaciones espectaculares. Su temperamento artístico afloró de un modo imparable. Una vieja instalación fabril del barrio de Pueblo Nuevo sirvió de sede al grupo Palo Bajo constituido por varios artistas plásticos entre los que estaba ella, con un interés común: crear belleza. En la actualidad sigue desarrollando su trabajo en Tinta Invisible, el taller que contribuyó a fundar cuando la nueva centuria empezaba a asomar la nariz. Aquél es su reino; la creatividad habita entre las veteranas paredes de unos bajos que quizá tengan siglos de antigüedad, aletargada cuando las luces se apagan, viva cuando se encienden. Bajo las luces de neón y entre paletas, ruedas y compases las manos de Àngels evolucionan con sabiduría empuñando ora un bruñidor ora el mazo para sentar costura, o afilando la chifla en la piedra litográfica antes de rebajar los bordes de la piel para poder plegarla con finura. Nombres curiosos para herramientas precisas aunque, también, se necesitan otras comunes como, simplemente, una escuadra, unas tijeras… son innumerables los elementos que intervienen en la elaboración de un trabajo porque, Me sorprendió que para algunos tipos de encuadernación las herramientas Y, además, nada la detiene cuando se trata de investigar. Una parte de sus logros son debidos a la aplicación de técnicas y a la utilización de materiales innovadores con lo que, por si no había bastante con todo el material habitual, se inventa otros. Nunca hubiera yo pensado que la encuadernación artística fuera un mundo tan complejo que requiriera tanta preparación y trabajo. Y sensibilidad. Es así como Cyrano (Roxane, adieu, je vais mourir) blande su pluma o su espada y se oculta o no tras un antifaz según el lance de que se trate; los bacaladeros bretones descritos por Lotti tienen su amarradero en el cierre del libro; los poemas de Neruda quedan atrapados entre el pan de oro y el gofrado… las creaciones ajenas son delicadamente abrazadas por materiales nobles que en las manos de Àngels adquieren cualidades inesperadas. Cualquier artista cuya obra sea susceptible de ser encuadernada encontrará en ese taller la parte que le faltaba para estar completa. Es una inmersión completa en cada encargo; una búsqueda exhaustiva para conectar con la parte invisible de aquello que necesita ser envuelto, protegido, resaltado, en una palabra: acabado. Quizá la medicina haya perdido unas manos delicadas y un pulso firme para curar, pero también es cierto que estas cualidades siguen ahí, sólo que se han orientado en otra dirección. El buen hacer, el buen gusto y el orgullo del trabajo bien hecho es el bagaje intangible del que se sirve alguien que trabaja, investiga e innova en ese pequeño rincón “invisible” del Raval barcelonés, siguiendo una tradición artesanal tan antigua como la misma ciudad y que reserva todavía muchas sorpresas a todos los amantes de los libros.
Su página: www.angelsarroyo.es Fotografías:
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