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| 16/03/2010 | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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La manzana de Eva ![]() Por Teresa Mollà Castells
Es muy curioso observar como cada cierto tiempo surge alguna voz ultraconservadora y que consigue acaparar los micrófonos de algunos medios de comunicación con mensajes claramente misóginos. En este caso la voz viene, de nuevo, de la carrera judicial y trae un mensaje contrario a las políticas de igualdad entre mujeres y hombres impulsadas por el Gobierno de Zapatero. El autor de las manifestaciones misóginas es el juez de Familia número 7 Sevilla, Francisco Serrano quien tacha la ley contra la violencia de género de “discriminatoria” y apuntó que es fruto de la "dictadura" del "feminismo radical", la calificó como "perversa" y atacó el "mito de las denuncias falsas”. El largo y silencioso camino que tienen que recorrer las mujeres, su situación de dependencia emocional respecto del agresor, su baja autoestima y una larga lista de factores influyen en demasiados casos en la retirada de las denuncias. Pero esto no ha de confundirse con la veracidad de los hechos que es lo que se pretende cuestionar por parte de organizaciones reaccionarias que pretenden llevar a la sociedad un mensaje sobre que esta ley, la ley contra la violencia de género, es un instrumento que va directamente contra los hombres, sin pararse en absoluto a pensar que quienes pierden la vida siguen siendo mujeres y que, por tanto, los intereses que se tienen que proteger son los de las víctimas. La culpa a través de la manzana de Eva, ha sido uno de los instrumentos más efectivos para el sometimiento de las personas y, concretamente de las mujeres, y cuando se nota por parte de los colectivos más reaccionarios de nuestra sociedad, que deja de ser efectivo, se da una vuelta más al tornillo y se mezcla la culpa con la mentira de los hechos que cuentan las víctimas, con el claro objetivo de seguir manteniendo las verdades universales que ellos pregonan: la prevalencia de las verdades de los hombres frente a las mentiras de las mujeres. Y eso, lo que denota es la misoginia más rancia, hermética, castradora de derechos humanos por parte de quienes practican este discurso que suelen coincidir con colectivos ya mencionados como algunos miembros de la judicatura, los señores de faldas largas y negras y a hora se suman otros colectivos igualmente reaccionarios como algunas asociaciones de padres separados y divorciados. Cabría preguntarse el origen de la violencia implícita en sus declaraciones. Pero mientras a muchas nos seguirán encontrando enfrente para rebatir sus argumentos y desmontarlos uno tras otro, porque nuestros derechos humanos como mujeres son tan importantes como los suyos, pero nunca menores que es lo que su discurso pretende. Ontinyent (Valencia, España), 31 de enero de 2010 Imágenes:
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