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  24/05/2012
 

 La madre que abraza

 

 

a las víctimas del Tsunami

 

 

 

El

 
pasado  día 8 de enero se publicaba en el Indian Express que la famosa Sat-guru Mata Amritanandamayi Math, mas conocida como Amrita o Amma “madre”, donaba 23 millones de dólares a las victimas del Tsunami en la zona de Amritapuri y en diferentes centros de ayuda de Tamil Nadu. Tras dos días recorriendo los campos de acogida cerca de su ashram principal en Kerala, he podido comprobar que su organización también está prestando, día a día, toda su infraestructura y potencial humano para socorrer a los pescadores que lo han perdido todo en el desastre. El Ashram, comunidad donde conviven el maestro espiritual Amma con sus discípulos, devotos, estudiantes y visitantes, es un complejo de edificios que alberga a mas de 3000 peregrinos y residentes. Ubicado a menos de 100 metros de la costa, fue afectado también por el Tsunami, aunque afortunadamente no hubo que lamentar la perdida de vidas humanas entre su comunidad. En la zona, sin embargo, han muerto mas de 150 personas, y la mayoría de los pesadores se han quedado sin casas, redes, barcas, todo su potencial de sustento ha sido completamente arrasado. La organización de Amma, volcada ahora con la causa Tsunami, ya lleva 25 años trabajando para los pobres.

Tiene mas de 50 escuelas, institutos y universidades desperdigados por toda la India, ha construido viviendas gratuitas para los sin hogar, paga miles de pensiones anuales a mujeres desamparadas, cuenta con centros de acogida para enfermos de SIDA y ha constituido el moderno hospital AIMS con múltiples especialidades en Cochin. El ashram se autofinancia a través de donaciones particulares, con la venta de los productos realizados con el trabajo no remunerado (Sevas) de colaboradores indios y occidentales y, sobre todo, con los beneficios de las giras que Amma realiza por Europa, América y Asia desde 1987. La fuerza que ha generado todo este dispositivo se ha fundado solamente a partir de la devoción y apoyo de millones de adeptos a la filosofía simple y efectiva de Amma, que preconiza la ayuda desinteresada a los mas necesitados. Para Amma la paz en el mundo sólo se puede conseguir si la paz llega al individuo, y por eso el trato particular que dispensa a cada una de las personas que vienen a visitarla: acaricia tiernamente a todos los que se le acercan y los sostiene en su regazo dándoles un amoroso abrazo o Darshan. Impresiona ver como a diario cientos de personas de todos los países, razas y religiones hacen cola para esperar sus cariños, besos y arrumacos.

Cuando hace unos años el polifacético director de cine chileno Alejandro Jorodowsky visitó el ashram, reflexionaba: “Amma nos conecta a cada uno de nosotros con la energía del cosmos, ella es la madre que abraza al mundo, nunca he visto nada mas tierno ni mas hermoso”. Ayer Amma repartió personalmente 1000 rupias para cubrir sus necesidades primarias de cada uno de los pescadores afectados por el Tsunami en la zona de Alappad. Cientos de personas se congregaron en la inmensa sala de convenciones del ashram para recibir la donación, mientras en silencio escuchaban los hipnóticos Bhajans o cantos devocionales. Sentado a mi izquierda estaba Kailasen, un pescador que lo ha perdido todo o casi todo, “Mi casa, mis redes y mi barca están destruidas. Afortunadamente mi familia está bien y también mi bicicleta”, comentaba con cierta retranca, aunque sin ocultar pesadumbre por lo acontecido. En Amritapuri el brahmachari Biju, un ingeniero de telecomunicaciones que trabajaba en Bombay y que ahora colabora con Amma, me cuenta como vivieron el 26 de diciembre. “Eran las 12 del medio día y se produjo en la costa un fenómeno muy extraño: en dos minutos el mar retrocedió unos cien metros, y apareció de golpe una playa enorme. Los niños y los pescadores vinieron corriendo y comenzaron a recoger los peces atrapados en la arena”. Amma fue informada rápidamente del extraño acontecimiento, subió a la terraza del templo, avistó el horizonte y, sin vacilar, dio instrucciones para que la gente abandonara la costa y buscara refugio en un lugar elevado y seguro. Media hora después, el mar que se había replegado, embistió la playa con todas sus fuerzas. “La primera ola y la segunda inundaron parcialmente la ensenada y las casas”, comenta Binju, “pero la tercera ola fue la peor”. Luego vino lo que todos ya conocemos: árboles, maderas, piedras, barcas, coches, seres humanos arrastrados y engullidos por el agua. Miguel Ángel, un fotógrafo valenciano que desde hace años visita el ashram y que considera a Amma su maestra espiritual, estaba allí en esos momentos. “Nadie entendía qué estaba pasando, pero no perdimos la calma. Nos desalojaron inmediatamente del ashram y fuimos trasladados a los edificios que tiene la comunidad al otro lado del canal. De forma ordenada primero salieron los pescadores y sus familias, después las visitas indias, luego los occidentales, seguido de los animales y elefantes del templo, y la última en abandonar el ashram fue Amma, quien se había encargado personalmente de dirigir durante dos horas todo el proceso de evacuación”.

Cuando los refugiados llegaron al Hospital Amrita de Medicina Ajurvedica ya había preparado té, café, arroz y comida vegetariana para todo el mundo. Miguel Ángel me comenta que la capacidad de reacción y organización en aquellos momentos fue impresionante. “El mar había inundado los comedores del ashram y se había echado a perder la comida del medio día. Cuando llegamos a la A.I.C.T. todo el mundo estaba trabajando y ya habían cocinado de nuevo para  mas de 10.000 personas”. “Amma depende de si misma y su capacidad resolutiva es su fuerza”, afirma orgulloso Biju. El ashram carece del mecanismo burocrático paralizante que caracteriza, en general, a otras instituciones y organizaciones gubernamentales; además, el torrente humano que rodea a Amma acata meticulosamente y sin vacilar todas sus ordenes.

Muchos pescadores no tuvieron la misma suerte que los residentes del Amritapuri. Hace dieciocho días que Sachinmayan perdió a su mujer Susheela y a su hijo Sujith de 14 años. Hoy se encuentra en su casa acompañado de familiares y amigos; hace dos semanas que fue la cremación de los cuerpos y, según el ortodoxo ritual funerario hindú, deberán cantar y repetir mantras para que las almas de sus seres queridos alcancen la paz en la próxima vida.

Sachinmayan esta profundamente afectado, su rostro oscuro parece encerado, pétreo como el busto de una escultura. En sus ojos enrojecidos se vislumbra un dolor contenido pero, aun así, tiene la amabilidad de charlar conmigo y Binju, que me hace de interprete. El día del Tsunami su mujer y su hijo se encontraban en la casa acompañados de Akhila de once años y Akhil de ocho, sus sobrinos, que también perecieron. La gente del pueblo, atemorizados por la proximidad de la segunda y tercera ola, les incitaron a que abandonaran la casa por miedo a que se les cayera encima. La mujer de Sachinmayan, sus hijos y sobrinos marcharon hacia el canal para tomar un backwater (embarcaciones típicas de madera), y fue entonces cuando la tercera ola los embistió. Sachinmayan se enteró de todo al día siguiente. Había estado pescando a varios kilómetros de la costa, donde no notaron las olas ni el maremoto. La rabia retuerce las tripas de Sachinmayan quien no acaba de entender su mala suerte: la casa no se derrumbó y su familia se hubiese salvado si hubieran subido en un primer momento a la terraza.

El pescador Puduval, a diferencia de Sachinmayan, no perdió a nadie de su familia, pero se lamenta de que su casa ha quedado completamente destruida. Puduval arremete con ira contra las injusticias que el Gobierno está cometiendo con los pescadores: “les están pagando hasta 5000 rupias (100 euros) a personas que no han perdido nada, en cambio a nosotros no nos vienen ni a visitar”. La historia mas dramática que circulaba en el ashram era la de cinco madres que perdieron a sus bebés; sólo encontraron un cuerpo y todas, desesperadas, lo reclamaban.

Amma, nacida en el seno de una humilde familia de pescadores, se unió rápidamente a las muestras de dolor con sus paisanos. Hace dos días Amma dirigió en la playa una puja -ritual funerario- en honor y recuerdo de 40 personas que fueron incineradas allí simultáneamente poco después de la tragedia. Ahora todo el potencial humano de su organización se ha volcado a ayudar a los damnificados. Pocos días después del desastre, los obreros y personal que se encontraba trabajando en la ampliación de su Hospital Amrita de Medicina Ajurvedica, recibieron la orden de dirigirse a unos terrenos en Sraykkad para comenzar a construir cuatro refugios que albergarán a unas 100 familias. Allí se llevaron toda la maquinaria, material y 150 obreros que estaban trabajando en la obra. La construcción de los refugios temporales de 5x35 metros está siendo coordinada por Santhosh. Cuando le pregunto si él es el ingeniero, me responde con una amplia sonrisa, “aquí el ingeniero de todo es Amma. Ella nos dicta todas las instrucciones personalmente: nos dice cual debe ser la profundidad de los cimientos, la altura de las paredes, las medidas de las distribuciones. Cada día viene por aquí a supervisarlo todo”.

Santhosh también comenta orgulloso que incluso los del Gobierno han pasado por allí a copiar sus diseños; “Ellos no están haciendo nada, estos son los primeros refugios de toda Kerala”. Dentro de unos días las familias se trasladaran allí, donde podrán disponer incluso de una cocina comunitaria. Mientras tanto Amma distribuye diariamente desde el ashram desayuno, almuerzo y cena a 12 campos de acogida de la zona. También ha instado a los alumnos de diferentes centros educativos de Amrita a que colaboren en los trabajos de limpieza y retirada de escombros. Así mismo, han llegado ambulancias y personal medico del Hospital AIMS que tienen en Cochin. El Dr. Manlalanandan me comenta que los afectados se encuentran en un buen estado de salud. No hay infecciones graves ni epidemias, sólo algunos pacientes con leves dificultades respiratorias debido al frío y a las condiciones climáticas. “Lo que mas necesitamos ahora es apoyo psicológico y trabajadores sociales”. afirma. “No queremos que las víctimas caigan en depresión; van mejorando aunque al principio estaban todos muy hundidos”. Han llegado psicólogos de Delhi pero, aun así, no dan abasto. En el A.I.C.T. (Amrita Institut Computer Tecnology) están alojadas varias familias. Allí duerme Anandushati, un niño de nueve años, que me enseña muy sonriente unos dibujos. Con el típico trazo infantil ha coloreado, en medio de un mar revuelto con palmeras y casas flotando, a varias personas con los brazos extendidos pidiendo auxilio. Cuando le pregunto si alguien le ha dicho que dibujara sobre el Tsunami, su madre se le adelanta “No, lo ha hecho por iniciativa propia. Los niños tienen miedo y esa es la forma de sacarlo”.

Mata Amritanandamayi Math (“la madre de la eterna felicidad”), tiene ahora mas trabajo que nunca. Amma, que ya ha abrazado a mas de 21 millones de personas en todo el mundo, abraza ahora candorosamente a los afectados del Tsunami. Esta mujer menuda de 61 años, de ojos vivarachos, eterna sonrisa y energía inagotable, esta haciendo todo lo que puede y mas.

Ella sabe que no solo de pan vive el hombre, sigue recaudando fondos, pero sin dejar de repartir todos sus cariños. En estos tiempos de miedo y celo al contacto con el otro, donde el ser humano malvive en burbujas prefabricadas por represivos poderes fácticos que lo atemorizan continuamente, Amma ha tenido el valor de transformar un gesto tan sencillo y elemental como un abrazo en una acción revolucionaria. Sabe que le queda por delante un proyecto a largo plazo, llevará años paliar los efectos del desastre: hay que dar educación gratuita a niños que han perdido a todos sus parientes, deberán cubrir de forma prolongada la asistencia sanitaria y psicológica de los afectados, habrá que construir miles de viviendas, ayudar a recuperar los medios de subsistencia de cientos de familias… Este es un trabajo faraónico, pero no imposible; Amma cuenta con el respeto del Gobierno indio y, sobre todo, con el apoyo de miles de personas en todo el mundo. 

 

David Blanco, arquitecto y director de cine - Amritapuri (Kerala, India), 14 de enero de 2005

www.elcinetienederechos.org - e-mail: medios@elcinetienederechos.org

 

 

 

 
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