
“Muerte por shock neurológico que provocó una parada cardíaca” (del informe médico)
n la madrugada del 25 de septiembre, en el campo de refugiados de Bureij (franja de Gaza), el Ejército israelí hizo una incursión con tanques, bombas, helicópteros, disparos... Lina, una niña de tres años y sus otros hermanos se despertaron y empezaron a llorar. Lina, pero, lo hacía de manera inconsolable sin dejar de repetir una y otra vez que tenía mucho miedo.
Nadie podía salir, las milicias palestinas luchaban con los soldados israelíes. Mientras se combatía la niña no dejaba de llorar y sufría un ataque de fiebre mientras continuaba balbuceando que tenía miedo. Los padres llamaron a una ambulancia que llegó casi tres horas después, cuando los soldados estaban retirándose de Bureig. Cuando la niña llegó al hospital ya estaba muerta.
El número de niños palestinos muertos en los tres años de Intifada se acerca a 500. Como siempre los más débiles sufren las consecuencias de quienes ostentan la fuerza y se han confundido con ella creyéndose invencibles y con derecho sobre la vida y la muerte.
Dirigentes soberbios que creen que han sido elegidos por mandato divino para monopolizar el MUNDO. Hombres orgullosos que no respetan, ni quieren hacerlo, otros países, otras personas y otras manera de pensar.
¿Es muy difícil aplicar las normas internacionales, las resoluciones de la ONU 242 y 338 y que se cree el Estado palestino con unas fronteras lógicas?
Es inconcebible que en la era de la GLOBALIZACIÓN se esté construyendo un muro de separación por parte israelí y ningún país, que se sepa, se ha cuestionado este signo inequívoco de prepotencia.
Difícil es encontrar un equilibrio cuando los fuertes no escuchan e ignoran a los débiles. Cuando los intereses económicos priman sobre las personas. Cuando no se quiere ver que cada ser viviente es único e irrepetible y es también una pequeña reproducción de la evolución humana.
Estamos asistiendo a la irracionalidad de dar más importancia a un dólar que a una vida. ¿Podemos esperar que ninguna Lina más muera de miedo, que se escuche a la multitud que está pidiendo NO a ninguna clase de guerra?
Equipo Torrese
© Leonor Sedó