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| 12/02/2012 | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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Circuito BCN contra la violencia hacia las mujeres ![]()
Durante los dos días se ha trabajado en varios temas referidos a la mujer y a su estado de indefensión en diferentes casos: mujeres con discapacidades, desconocimiento en salud sexual, inmigración, los estereotipos como forma discriminatoria, violencia de género, violencia hacia las mujeres en los medios de comunicación y también se ha comentado la nueva ley orgánica de medidas de protección integral contra la violencia de género aprobada el pasado 22-12-2004.
Factores de las propias mujeres maltratadas Las mujeres maltratadas desarrollan una serie de mecanismos de defensa y supervivencia, al estar inmersas en una situación de violencia, que en muchas ocasiones llega a hacerse crónica. Son reacciones de miedo, vergüenza, sentimientos de culpa y de quitar importancia a lo que está sucediendo, que las dificulta reconocer y/o asumir que están siendo víctimas de maltrato. Miedo: la mujer ha sufrido amenazas contra ella y sus hijos/as si explica lo que le ocurre. Puede tener miedo a las represalias, a que la violencia sea más intensa si dice algo o denuncia. Vergüenza: la mujer siente vergüenza de vivir esta situación, cree que sólo le ocurre a ella y que ha fracasado en su proyecto más importante: la pareja y la familia. Es el fracaso de su proyecto vital; pueden pensar que es “mala madre o esposa”; que algo habrá hecho; “que la ropa sucia se limpia en casa”... La vergüenza también pude ser debida a que no haya sido capaz de dejar a su pareja, aunque lo haya intentado en otras ocasiones. También en muchos casos, la mujer piensa que las lesiones o secuelas que tiene son poco importantes y no es necesario mencionarlas delante del profesional médico. Distorsión/falta de conciencia/minimización: la mujer parece no darse cuenta de la gravedad y de la peligrosidad de la situación; quita importancia y se aferra a fuertes convicciones. Puede llegar a decir frases del tipo “estoy exagerando, no hay que preocuparse tanto”, “son cosas mías”, “estoy segura de que nunca me mataría aunque lo diga”, “seguramente no llegará tan lejos”, “a los niños no será capaz de hacerles daño”; son más deseos que realidades y responden a la necesidad de que esto sea así, al no poder afrontar cognitivamente la realidad que está viviendo. En muchos casos, las mujeres creen que la violencia no se volverá a repetir, cuando lo cierto es que no sólo no disminuye sino que se incrementa en gravedad y frecuencia. Negación: La mujer niega que pase nada, que su situación precise de ayuda exterior; “es el de siempre, no se preocupe, estoy acostumbrada”, “se lo que me hago”... Resistencia: a reconocer lo que está pasando. La mujer justifica, comprende y disculpa a su agresor: “perdió los nervios”, “está pasando una mala temporada”, “en el fondo me quiere”, “si él es bueno”... Culpabilización: la mujer asume la responsabilidad de lo que le pasa; probablemente es algo que su compañero le ha repetido muchas veces: “él tiene razón, soy un desastre, no tengo las cosas como él quiere”, “es verdad que la comida estaba fría”, “los niños hacían tanto ruido...”, “es que yo tengo poca paciencia, hay que saberlo llevar”. En muchos casos se cree merecedora de lo que le pasa. La culpa es uno de los aspectos más presentes y difíciles de neutralizar en el trabajo con mujeres maltratadas. Una educación personal y social basada en la responsabilidad del afectivo y familiar, hace que las mujeres se sientan culpables por casi todo: por quejarse, por hacer sufrir (a sus hijos, marido, suegros...), por querer acabar con el maltrato, por tomar decisiones por sí misma. Todas estas respuestas impiden que las mujeres reconozcan, y por tanto, reaccionen y tomen medidas para cambiar su situación; estas reacciones las mantienen bloqueadas, confusas, paralizadas. La necesidad de cuidar, ser buenas madres, mantener unida la familia, como mandatos sociales del ideal femenino actúan como fuerzas en el mantenimiento de estas respuestas. Muchas veces la mujer reaccionará cuando la agresión haya sido tan fuerte que le haya producido una lesión importante, o cuando vea a sus hijos en peligro; cuando llega este momento, podemos asegurar que, el proceso de violencia y maltrato viene produciéndose desde hace mucho tiempo, y que la mujer está atrapada en este círculo de violencia del cual le es tan difícil salir. Estas reacciones se han considerado parecidas al “Síndrome de Estocolmo” en el que la mujer, la vida de la cual está en manos de su agresor, agradece el seguir con vida y, cualquier pequeño gesto/actuación en este sentido que él haga, lo valora en exceso. Además de estas actitudes podemos añadir: desconfianza en el personal sanitario: la mujer cree que el personal sanitario no puede ayudarla en estos temas; puede ser que en alguna ocasión hiciera algún intento en esta línea y no diera resultado. Quizá piense que no es su función y no confía en la confidencialidad de la información y teme que su compañero se entere (por ejemplo en poblaciones pequeñas donde “todo el mundo se conoce”...). (Parte de la ponencia “Herramientas para una buena praxis en la atención”) Mª Jesús Tarragona Psicóloga clínica Coordinadora de los Servicios de la Regidoria de la Promoción de la Mujer Ayuntamiento de Tarrassa, Barcelona (España)
Traducción: Equipo Torrese Imagen original: prensa.ugr.es Más información: Consorcio Sanitario de Barcelona (España) Ayuntamiento de Barcelona (España), Regidoria de la Mujer y Derechos Civiles.
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