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El fetichismo, una desviación sexual

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  21/11/2008
 

 El fetichismo, una desviación sexual

 

La palabra fetiche viene de "feitiço" término portugués que significa "magia" o "hechizo". Alude a un ídolo u objeto de culto, de ciertos pueblos primitivos. A este objeto, al fetiche, se le atribuían propiedades mágicas derivadas de un dios o de determinada persona.

Fetichismo: Desviación sexual que consiste en fijar alguna parte del cuerpo humano o alguna prenda relacionada con él como objeto de la excitación y el deseo.  
(Diccionario de la Lengua Española – Real Academia Española, ed. 1992)


 

El

fetichismo se da casi exclusivamente en hombres y rara vez en mujeres. Es una necesidad sexual tanto para alcanzar el clímax como para disfrutar con sus fantasías eróticas. Sin el fetiche no alcanzan el goce sexual. Entre los objetos inanimados típicos de un fetichista están medias, ligas, prendas íntimas diminutas, zapatos de tacón de aguja, joyas, pieles…

Con referencia al cuerpo deseado los fetiches pueden ser: un mechón de cabello, los pies, las orejas…

Si bien todos podemos tener un toque fetichista en nuestras relaciones (guardar cartas o atesorar algún objeto dado por el ser amado, por ejemplo), la diferencia es que un fetichista clínico es alguien que siente la necesidad excluyente y conminatoria por poseer los objetos de su adoración para conseguir la excitación sexual.

Algo de fetichismo hay, por ejemplo, en los gustos por las mujeres rubias o las de piernas torneadas y con mirada lánguida, o las morenas bajitas con aire de mujer fatal; o las mujeres que usan botas de cuero o zapatos con tacón de aguja, o con portaligas o con determinado corpiño, y a todas esas características les atribuimos la posibilidad del placer. Esto tiene que ver con una cultura que parcializa el cuerpo femenino, confundiendo la parte con el todo: si tiene mejores nalgas será más ardiente, si posee senos prominentes nos deparará, seguro, mayor felicidad en el lecho.

Los varones han sucumbido fácilmente a estos valores ilusorios que, por otra parte, cambian según las modas y costumbres imperantes. Otra vez la mujer es mostrada como una muñequita de lujo y no como una persona íntegra con igual dosis de sensibilidad, talento e inteligencia. Pero, en un sentido estricto, el fetichista necesita exclusivamente de una determinada condición u objeto para gozar del sexo, a veces acompañado por una mujer y otras a solas con prácticas masturbatorias.

El fetichista suele buscar un objeto de la mujer o varón desead@ y sólo con ello halla un placer solitario. Otros buscan una pareja con una característica determinada para satisfacerse, por ejemplo que sea excesivamente gord@ o con rasgos masculinos (o femeninos, según la preferencia sexual), incluso con defectos físicos, o l@ hace vestir con determinadas prendas. De no ser así no logra satisfacerse ni llegar al orgasmo, y esto es lo que le da un rasgo esencial al fetichismo: la necesidad imprescindible de ese rasgo u objeto, llevado al punto de una obsesión, para la meta sexual

Según el Manual de diagnóstico de los trastornos mentales (DSM-IV) el fetichismo se encuentra dentro de la categoría de parafílias, ubicada a su vez dentro de la categorización mayor de “Trastornos sexuales y de la identidad sexual”.

El fetichismo se define como fantasías sexuales recurrentes y altamente excitantes, impulsos sexuales o comportamientos ligados al uso de objetos no animados (por ejemplo ropa interior femenina) durante un período no inferior a los seis meses. El Manual indica que estas fantasías e impulsos sexuales provocan un malestar clínicamente significativo o un deterioro social, laboral o de otras áreas de la actividad del individuo. Diferencia también al fetichismo del fetichismo travestista (cuando se trata de que el individuo masculino se viste con ropas femeninas). También menciona como fetiches a los aparatos diseñados con el propósito de estimular los genitales como un vibrador).

La definición del DSM-IV lleva implícita la concepción clásica, pero otras lecturas permiten pensar que esa definición resulta bastante acotada. Es posible ver conductas fetichistas menos marcadas, o personas autodefinidas como fetichistas que no sufren de un malestar significativo al respecto. En los hechos casi todos los varones presentan alguna connotación fetichista, y desde una lectura un poco más extremada puede llegar a ubicarse como fetiche cualquier objeto o recorte de un objeto.

Freud nos habla en estos casos de "una sustitución inapropiada del objeto sexual donde la meta normal está reemplazada por algo que guarda relación con ella. El sustituto es, en general, una parte del cuerpo habitualmente poco apropiada a un fin sexual (los cabellos, el pie) o un objeto que mantiene una relación demostrable con la persona, preferiblemente con la sexualidad de ésta (prenda de vestir)". "No sin acierto", dice Freud, "se ha comparado este sustituto con el fetiche en que el salvaje ve encarnado a su dios". Lo que se podría preguntar es porqué se elige cierto objeto y no otro, y el psicoanálisis nos remite a una impresión sexual de la primera infancia: "siempre se vuelve a los primeros amores", nos recuerda Freud. El objeto sería así un recuerdo encubridor que nos oculta el verdadero deseo del fetichista. Aquí el psicoanálisis nos refiere una cierta simbología, que se podrá o no compartir, cuando por ejemplo nos equipara el pie como símbolo sexual arcaico, fálico, cosa que se ve en los mitos y en las estatuas que representan a dioses unipedes (con un pie) relacionados con el culto de la fertilidad; a las pieles o cabellos que deberían su cualidad de fetiche por asociación con la formación pilosa del monte de Venus; los zapatos y pantuflas como símbolos de los genitales femeninos.

 

Equipo Torrese

 

Fuentes:
Clinicapsi
Sexovida.com

 

Fotografías:
loquo.com
grupoelron.org

 

 

 

 
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