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  03/09/2010
 

 La asombrosa Medina Azahara


 

El sueño del califa omeya Abderramán III llegó a competir en lujo y opulencia con las cortes de Bizancio y Bagdad.

Fue un sueño megalómano hecho realidad. Cuando Abderramán III se proclamó califa en 929, se propuso construir una ciudad que causase asombro en todo el mundo. En ella se instalaría la sede política y administrativa del califato –hasta entonces los omeyas residían en el antiguo Alcázar de Córdoba–, pero sobre todo iba a ser su nueva residencia personal, un enclave acorde con su estatus, un símbolo de poder que imitase a otros califatos orientales y, sobre todo, que hiciera patente la superioridad de Al-Andalus sobre sus grandes enemigos del norte de África.

Al viajero que accede a este imponente conjunto arqueológico, situado a pocos kilómetros de Córdoba, no le cuesta imaginar por qué este lugar, que llevó el nombre de Zahara, una de las favoritas de Abderramán, fue el asombro y la admiración de cuantos la contemplaron en su máximo de esplendor, según cuentan los textos medievales árabes de la época, que comparan su lujo y opulencia al de las cortes de Bizancio y Bagdad. A la capital de Al-Andalus vinieron a rendir honores todos los embajadores de los países mediterráneos y de la actual Centroeuropa. La “ciudad brillantísima”, como se la conocía, llegó a tener 15.000 puertas y más de 43.300 columnas . Como escribe Antonio Muñoz Molina, en su libro Córdoba de los Omeya, Abderramán quiso crear una ciudad más hermosa que ninguna otra en el mundo. “Quería que su ciudad surgiera de la nada, como Bagdad, creciera en el desierto, y existiera sólo gracias a su propio designio”.

Blancos palacios

Abderramán confío a su hijo, el refinado Hakam II, la dirección de las obras, alcanzando éstas tal magnitud que durante años se llevaron un tercio de los ingresos del califato. Se dice que la mezquita de la ciudad del azahar fue concluida en tan sólo 48 jornadas, pues en ella trabajaron más de 1.000 hombres al mismo tiempo. No es de extrañar que en pocos años las laderas del monte se vieran pobladas de edificaciones en forma de terraza. El contraste entre el blanco resplandeciente de los palacios y la oscura vegetación que los rodeaba era tan intenso que el califa ordenó talar todos los árboles y matorrales y plantar en su lugar higueras y almendros que tiñeran el paisaje de un verde más suave. Este recinto fastuoso contaba con un fuerte perímetro de murallas y estaba distribuido en tres terrazas escalonadas: en las superiores se encontraba el alcázar y las dependencias del gobierno, la mezquita ocupaba una posición intermedia, mientras que la medina, los zocos, los talleres y las viviendas de los siervos se ubicaban en la parte inferior.

Hakam siguió la labor del padre a la muerte de aquél pero la vida de la prodigiosa Azahara sería corta. En 1010 hubo una sublevación de los bereberes que llevó a la caída del califato y al fin del sueño de Abderramán III. Al-Andalus se vería desmembrado en numerosos reinos de taifas, mientras que la ciudad fue objeto del saqueo y la destrucción. Después sufrió un prolongado expolio hasta caer en el olvido. La que algunos calificaron como “la ciudad de la soberbia” se hundió en poco tiempo como la torre de Babel.

Dionisio Pérez Sanz

Artículo publicado en el nº 213, Diciembre 2008-Febrero 2009, de la Revista muf@ce. www.map.es/muface/

Imágenes: 
aromeo.net
cilniana.org
absolutcordoba.com

De interés:

No hay que perderse. Entre las joyas del conjunto destaca el Salón de Abderramán III. Otras estancias de interés son el edificio basilical superior o el pórtico, que constituía la entrada monumental y protocolaria del Alcázar.

El palacio andalusí. En Medina Azahara se aprecia con gran detalle la configuración del palacio andalusí, dividido en dos zonas claramente diferenciadas: una doméstica y privada y otra de carácter oficial.

Decoración ataurique. Tanto por su valor artístico como por su proliferación, uno de los elementos representativos es la decoración realizada en bajorrelieve, denominada ataurique.
Guías recomendadas. Andalucía Andalusí, Tres D (Anaya Touring Club), Las rutas.

 

 

 
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