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  12/02/2012
 

 La casa de las muertes (Salamanca)

Paseando por el encantador rincón de las Ursulas vimos, en la calle de Bordadores, una casa, de estilo plateresco, que nos llamó la atención. Preguntamos por ella a nuestra guía y amiga que nos dijo que se llama "La casa de las muertes".

 

Nos sorprendió el nombre y empezamos a indagar su procedencia.

En la fachada pudimos ver las calaveras o muertes de las ventanas altas por lo que pensamos que el nombre procedería de ellas.

 

Nos enteramos que existen de esta casa diferentes leyendas, encontramos algunas, y la que nos interesó más fue la siguiente:

 

Don Diego, hombre arrogante, reñidor y enamorado, soldado y poeta, rindió a muchas y nobles damas de la ciudad con sus galanterías y a los hombres con su espada.

 

Le temían padres y maridos y no se le resistían ni rejas ni virtud de muchas mujeres.

 

Pero el destino quiso que este arrogante salmantino se enamorara rendidamente de doña Mencía, que acababa de salir de un convento. Mencía era bella, tímida como una colegiala y muy dulce.

 

Una vez casados, doña Mencía empezó a sonreír y a conversar con picardía con unos y otros. Cuando los deberes militares llamaban don Diego, Mencía buscaba el amor en diferentes varones.

 

Parecía que su misión fuera la de ser ella la vengadora de las mujeres que habían sido seducidas y abandonadas por el capricho de don Diego.

 

Al regreso de una batalla, y habiéndose hecho ya públicos en la ciudad los devaneos de su mujer, los nobles deudos suyos que habían salido a recibirle le dijeron sin más los nombres de los tres hombres que alternaban de la compañía amorosa de doña Mencía.

 

Don Diego decidió que su venganza sería matar a los tres para vengar su honra y, en la sangre de sus burladores, ahogaría a Mencía.

 

Fingió que no creía nada de lo que le contaban y pretextó que debía ir a una partida de caza en los montes de León perdiéndose al galope.

 

Al llegar a Salamanca estos deudos dijeron a doña Mencía que su marido no regresaría aquel día ya que había tenido que ir a una gran partida de caza en León.

 

Doña Mencía avisó a uno de sus caballeros para que fuera a visitarla.

 

A la mañana siguiente apareció el galán mueto y desangrado por una herida en el centro del corazón bajo el balcón de Mencía.

 

Unas pocas noches después apareció otro hidalgo muerto y desangrado de la misma forma y en el mismo lugar.

 

Nadie se explicaba estas muertes salvo sus deudos que no dijeron nada. Doña Mencía estaba desesperada preguntándose quien habría sido el criminal que la privaba de sus dulces compañías.

 

Pasó un tiempo hasta que el tercer caballero reanudó sus visitas en una noche de lluvia y mal tiempo. Cuando llamó a las puertas de la casa un hombre le empujó en medio de la calle gritándole que se defendiera. Cayó el tercer galán herido de muerte pero el otro combatiente quedó mal herido.

 

Mencía no oyó el ruido de la pelea por el mal tiempo. La dueña reconoció a don Diego pero no tuvo tiempo de gritar ya que fue amordazada al instante.

 

Doña Mencía al ver entrar a su marido herido, lo adivinó todo y cayó de rodillas frente a él pidiéndole perdón. Don Diego quiso tirarle una estocada pero cayó la espada al suelo al sobrevenirle un pequeño desmayo por la pérdida de sangre. Ella arrojó la espada por el balcón. Don Diego rehaciéndose se lanzó sobre ella apretándole el cuello con sus manos.

 

La sangre que perdía don Diego le trajo la agonía pero no soltó el cuello de doña Mencía. Agonizaron juntos.

 

Cuando amaneció y los vecinos vieron a la dueña amordazada subieron a la cámara donde hallaron los dos cadáveres, don Diego aún apresando con sus manos el cuello de su mujer que aparecía monstruosa.

 

Hay otras leyendas interesantes y la historia de la casa que se pueden encontrar en la misma fuente que hemos consultado:

 

"La casa de las muertes" Leyenda e historia.

Autor: Julián Álvarez Villar.

Editorial: Publicaciones del Centro de Estudios Salmantinos.

 

www.dipsanet.es

Diversas informaciones sobre Salamanca

 

Equipo Torrese

 

 

 
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