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  07/09/2008
 

 Patagonia y Ushuaia

 

El

día 19 llegamos a Buenos Aires, nunca lo había visto con tan alta temperatura, aunque tuvimos la suerte de que lloviera y bajara bastante respecto de los días previos. Paseamos por San Telmo y quedamos con Juan (un compañero de matemáticas) y Susana (su mujer) para cenar y dar una vuelta. El 20 visitamos la ciudad (un coche para Jaime, la guía, el chofer y yo), lo llevamos todo organizado: nos recogían en los aeropuertos, nos trasladaban a los hoteles y no teníamos que hacer otra cosa que estar a punto para salir a las excursiones (decía Jaime que parecía que éramos ricos). Hicimos compras y nos fuimos con Juan y Susana  a una cena espectáculo con tangos en la esquina Gardel. El 21 estuve con Juan en la universidad mientras Jaime visitaba el teatro Colón y hacia las 14 horas nos fuimos de paseo al Tigre, tras parada en San isidro. Me encantó recorrer en barco parte del delta, nunca lo había visto, es muy bonito y distinto a todo.

El 22 volamos a Calafate, es extraña la sensación de estar algo así como en medio de la nada descubriendo la belleza de extensiones sin fronteras azotadas por el viento. Hacía frío, pero se soportaba bien, el hotel era precioso y la calle casi única del pueblo estaba llena de tiendas y restaurantes. El 23 fuimos en barco a los glaciares: Spegazzini, Onelli, Agassiz, Bolado y Upsala, qué cosa más impresionante. Entre nosotros pasaban enormes bloques de hielo de un color azul bellísimo (son más azules que blancos, nos dijeron que el azul corresponde al hielo más denso y con menos oxígeno, aparece cuando se desprenden bloques y asoma lo que no estaba en contacto con el aire) y la laguna Onelli (a la que fuimos paseando tras desembarcar) era casi irreal, parecía de cuento de hadas. Los grandes glaciares,  Spegazzini y Upsala, resultan, sobre todo, inmensos, casi apabullantes y tienen algo de lo que tiene el mar o el fuego: no te cansas de mirarlos. Ya en Calafate cenamos el famoso cordero patagónico, asado al modo tradicional y muy sabroso.

El 24 visitamos el Perito Moreno, un punto de vista muy diferente al anterior, este glaciar se ve desde tierra mucho más cerca de lo que suponía previamente. Aquí la novedad máxima es el ruido, sin cesar escuchas estruendos que parecen cargas de dinamita y son el producto de los choques de los grandes bloques de hielo al deslizarse. Tenía que ser alucinante ver la caída total de la pared (que no se ha producido desde hace diez años), nosotros vimos tres desprendimientos (uno de ellos muy grande) y no se puede explicar la belleza y grandeza de la naturaleza manifestada en hielo y agua. El 25 volamos hasta Ushuaia, una ciudad preciosa en la bahía del canal de Beagle, desde el hotel se veía la bahía entera y tuvimos la suerte de contemplar un arco iris abarcando todo la ciudad al anochecer (las 10 de la noche).

El 26 recorrimos las islas de los lobos y de los pájaros en el canal (nombres bien puestos porque es tal el abigarramiento de estos animales en cada una de ellas que nunca lo hubiese supuesto de no haberlo visto). Por la tarde fuimos al parque nacional de Tierra de Fuego (fin de todo, termina allí la carretera nacional número 3, a 3065 kilómetros de Buenos Aires, y la panamericana que baja desde Alaska), la bahía Lapataia es también muy bella y hay lagos preciosos, como el lago Roca. Jaime decía que me había vuelto matacastores y es que me quedé asustada de cómo habían proliferado estos animales que llevados desde Canadá y libres de sus habituales depredadores se extendían y arrasaban con gran parte de los bosques (no sólo porque derriban árboles segándolos como si fuesen puntas de un lápiz, sino porque construyen diques inmensos que empantanan zonas matando ahogados a los árboles que en ellas vivían). El paisaje se me hacía más cercano, los bosques se parecen a los de Goñi, aunque en vez de hayas sean lengas, pero algo en el ambiente te hace saber que estás en un lugar único, el núcleo habitado más meridional de toda la tierra, en el punto de partida hacia aventuras locas y hacia la Antártida, es otro de esos misterios de cómo el hombre eligió lugares así para domesticarlos pese a su indomable salvajismo. Aquello sí es hemisferio sur, en el cielo, en el aire, en el escurrir del agua girando en sentido contrario, en todo.

El 27 fuimos al lago Escondido (un capricho de la naturaleza entre paisajes de tundra)  y al Fagnano. Como este año los argentinos no podían salir de vacaciones fuera del país (el euro lo cambiaban por 3,4 pesos), en todos estos paseos estábamos rodeados de argentinos (muchos porteños) que nos preguntaban cualquier cosa y nos daban su visión de la situación argentina y mundial. El 28 volamos a Mar de Plata (pasando por Buenos Aires, uno de los fallos del país es que no aprovecha el potencial turístico que tiene, todo pasa por Buenos Aires). Qué linda es en verano, y este año atiborrada de gente. Jaime no conocía a la familia de Miramar, sólo a uno de mis tíos y su esposa que habían estado en España hace unos 20 años, pero se sintió muy a gusto entre todos y yo casi como en casa. Nos alojamos en el hotel de mis tíos en Miramar (el hotel Castilla), es muy majillo aunque necesita ser reformado y no se han puesto a ello porque la situación no les da seguridad y tienen miedo de hacer inversiones inútiles. Estuvimos viendo a Les Luthiers en Mar de Plata, espectáculo inteligente y creativo y hasta perdimos algunos pesos en el Casino.

El 31 regresamos a Buenos Aires, estuvimos en un espectáculo musical, cenando y en una de las discotecas de moda según la guía que llevaba Jaime (Juan no está muy puesto en vida nocturna, pero Jaime tenía verdadero interés  en conocer la vida nocturna de la ciudad). El 1 regresamos, tuvimos que comprar otra maleta cada uno para meter regalos, así que cuatro maletas facturadas (nos cobraron exceso de equipaje), una mochila cada uno, sombreros puestos para no arrugarlos y siete cuadros (compramos algún óleo en la Boca y otros más en Usuhaia) en equipaje de mano. Pero, por una vez, hubo overbooking para nuestro bien, pues nos pasaron a primera y la diferencia era abismal. Entretanto, en Goñi estuvieron incomunicados desde el 29 de enero hasta el 2 de febrero, había mucha nieve (más de 60 cm.) y la quitanieves se salió de la carretera en sus primeros intentos de limpiarla y le costó bastante acabar de hacerlo. Todavía queda mucha nieve en el pueblo, aunque la carretera no ofrece ningún problema. No sé cómo no me dio algo con un cambio así de clima, pasamos de 38 grados a -3 en las 11 horas de vuelo.

 

Maria J. Asiain
Dpto. de Matemática e Informática
Universidad Pública de Navarra (España)
E-mail:
asiain@unavarra.es

 

Imagenes de Ushuaia:

bikertony.com

geocities.com

 

 

 
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