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| 24/05/2012 | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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Tatuajes y perforación corporal
Pero el informe realizado por Consumer Eroski en 160 centros dedicados a esta actividad en 18 capitales (aproximadamente, el 10% de los que operan en nuestro país) revela que tanto tatuajes como piercing se siguen realizando sin que el cliente reciba la información imprescindible. Así, pese a que estas intervenciones suponen romper una de las barreras protectoras del organismo, la piel, en el 72% de los casos los dependientes ni siquiera preguntaron a los usuarios si sufrían alergias o enfermedades. No obstante, la limpieza e higiene han obtenido una buena valoración y han mejorado notablemente respecto a un estudio similar realizado por esta revista de consumo en 2004, si bien quedan aún lejos de lo deseable. El capricho, por otra parte, no sale barato: adornar el cuerpo con una perforación o un tatuaje representa un coste muy distinto según sea la ciudad en que se haga y el local que se elija, pero en ningún caso es irrelevante: colocarse un piercing (el más barato de acero quirúrgico) cuesta de media 30 euros (llama la atención que salga casi 5 euros menos que en 2004), mientras que el precio medio de un tatuaje (en este caso, una pequeña letra china en blanco y negro) es de casi 61 euros, importe que se encarece mucho en Alicante (de media, cobran 110 euros) y que en Granada se reduce a la mitad, 31 euros de media. Los establecimientos elegidos (136 dedicados en exclusiva a estas prácticas y 24 centros con otras actividades en el campo de la estética y belleza), se visitaron en A Coruña, Alicante, Almería, Barcelona, Bilbao, Córdoba, Granada, Madrid, Málaga, Murcia, Oviedo, Pamplona, San Sebastián, Sevilla, Valencia, Valladolid, Vitoria y Zaragoza. Para recopilar la información necesaria, los técnicos de Consumer Eroski se personaron en cada uno de los centros haciéndose pasar por clientes interesados en un tatuaje (siempre el mismo: una pequeña letra china en blanco y negro) y en el piercing más económico de acero quirúrgico. Previamente, en la elaboración del cuestionario que cumplimentaron los técnicos de la revista en cada visita, se contó con las aportaciones de médicos dermatólogos y se partió de la normativa que algunas comunidades autónomas (Andalucía, Galicia, Navarra, Cataluña, Valencia, Extremadura, Madrid y Murcia) aplican a estos establecimientos y del exigente código de buenas prácticas de la Asociación Nacional de Maestros Tatuadores y de Piercing. Insuficiente información
La higiene y la limpieza en este tipo de centros es una máxima ineludible, ya que está en juego la salud del cliente. La calificación global del estudio en este aspecto fue de un 'bien', aunque se hallaron también aspectos que conviene mejorar. Una de las premisas que deben cumplir todos los establecimientos, según las distintas normativas autonómicas, es que deben estar divididos en diferentes zonas que posibiliten una correcta atención al cliente. Todos los centros estudiados disponían de alguna zona diferenciada, pero es reseñable que en el 30% de los casos la zona de esterilización no se encontraba separada del resto de instalaciones. El 82% de los 160 establecimientos analizados conservaban la recepción en buen estado de conservación, orden y limpieza. En el 75% de los casos, el área de trabajo se hallaba ordenada y con todos los materiales de trabajo almacenados en un armario. La perforación corporal o el tatuaje deben realizarse con la garantía absoluta de privacidad. De los 160 comercios visitados, la intimidad estaba asegurada en el 85% de los casos, no así en el 13%. Una de las obligaciones principales que deben cumplir este tipo de centros es que los elementos destinados a penetrar en la piel, las mucosas u otros tejidos como agujas o maquinillas de afeitar estén herméticamente cerrados y esterilizados, y ser desechados después de cada uso. En la mayoría de los centros visitados se encontraban herméticamente cerrados (87,5%). Los materiales de trabajo destinados a estar en contacto con la piel sin atravesarla (por ejemplo, la pistola) se esterilizaban cada vez que se usaban con un cliente. Es destacable que en el 11% de los casos no los mostrasen. La sala de esterilización estaba aislada en casi el 60% de los casos estudiados, pero no en el 16%. Además, no se quiso enseñar o no se pudo ver en el 25% de los 160 lugares visitados. El orden y la limpieza imperaban en la sala de esterilización en el 73% de los casos (destacaban positivamente A Coruña, Bilbao, Madrid y San Sebastián). Menos satisfactorio es que la camilla estaba limpia o utilizaban una sabana de un solo uso apenas en la mitad de los 160 centros.
Investigación Consumer Eroski, octubre 2008 Páginas de origen de las imágenes: 2ª Pub. 09-08-2010
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