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  24/05/2012
 

 Familias monoparentales

Por Gemma Cánovas Sau*


 

Dentro del mosaico que se va configurando durante las últimas décadas, caracterizado por la diversificación de los modelos familiares, el compuesto por un adulto y sus hijos, va incrementando su existencia de forma continua pero progresiva en la sociedad actual. En su inmensa mayoría esta forma de filiación está compuesta por una mujer que es madre, ya sea biológica o adoptiva sin convivencia en pareja que cria sola a sus hij@s. Esta circunstancia-históricamente hablando- es antigua, ya que las mujeres han llevado a cabo la crianza de los hijos sin el padre en el hogar, a lo largo de los siglos por diferentes circunstancias.

Un sector de las familias monoparentales compuestas por madres se encuentran debido a  diversos motivos relativos a los avatares de su vida, en esta situación y se suma la alternativa de ejercer la maternidad desvinculada de la  vida en pareja, dando lugar a formas de filiación diversas: hijos adoptados,  biológicos propios…. y que la madre en cuestión pueda ser gestante pero no genética al haber transitado técnicas de reproducción asistida en sus diferentes aplicaciones. El factor diferencial hoy, consiste en que existe un sector de la población femenina adulta, que elige ejercer la maternidad desvinculada de la existencia de un marido o compañero sentimental que ocupe el lugar de padre.

Generalmente, las madres que se enfrentan en solitario a la crianza y educación de los hijos ya que su reloj biológico tras años de dedicación profesional en que la maternidad habia quedado en estado de latencia, toman las riendas de su vida desvinculada temporalmente o a largo plazo del proyecto de vida en pareja. Existen también madres que debido a su viudedad o separadas  sin la existencia de un padre presente, viven con sus  hijos con la única colaboración de su familia de origen y red social que hayan podido construir.  

Por otra parte , los hombres que se aventuran-aún en minoría- comparativamente a las mujeres, a ejercer de padres como familia monoparental con sus hijos biológicos por diversas circunstancias, se suma la opción igualmente inédita de optar a la paternidad en solitario por medio de la adopción o en casos aún aislados a través de madres subrogadas o “vientres de alquiler” prohibido en España  pero permitido en algunos países del extranjero.

Estas diversas modalidades de filiación, dentro de la estructura familiar monoparental, nos conducen a los profesionales de salud mental, a llevar a cabo profundas reflexiones e investigaciones sobre las consecuencias en el aparato psíquico de los menores implicados.

Sin haber transcurrido tanto tiempo, hace relativamente pocos años, se escuchaban las voces que se autorizaban a dictaminar sobre los requisitos adecuados en términos de familia para el logro de una saludable crianza de la descendencia. Se consideraba que para garantizar el supuesto bienestar psicológico de los hijos, era imprescindible la presencia de un padre y una madre y cualquier otro modelo de familia que no lo incluyera estaba abocado al fracaso, esto aún constatando que tampoco la presencia de un padre y madre son garantía para los hijos de salud mental.

Es cierto que existe aún poca casuística y muy incipiente, para llevar a cabo ciertas conclusiones genéricas, teniendo en consideración además el principio básico del “caso por caso”, también que la experiencia de trabajo clínico indica que hay que ser cautelosos con juicios apriorísticos y reduccionistas ya que en el ámbito en que nos movemos profesionalmente, aparece, por influencia de corrientes de pensamiento diversas, medios de comunicación, etc. una fina frontera entre el discurso ideológico y los fundamentos del trabajo clínico que sería fácil pero erróneo contribuir a desdibujarla. No cabe al respecto confundir el prejuicio generalista, con el debido  análisis de un conjunto de factores implicados. Ejemplos en este sentido, los prevenciones en el pasado respecto a la evolución de los hijos de padres separados o actualmente las parejas homosexuales que quieren tener hijos.

El trabajo psicoterapéutico con niños, niñas, adolescentes, madres y padres indica que más allá de la presencia física de un padre o madre en casa, la clave que otorga una cierta garantía preventiva de salud emocional en los hijos reside en que se les otorgue un lugar diferenciado como sujetos, con todo lo que ello implica a nivel de  poder acceder a su propio deseo sin arrastrar o asumir cargas que no les son propias, resultado de experiencias vitales de las figuras parentales insuficientemente elaboradas.

El factor numérico en la intimidad de la convivencia en el hogar produce efectos comunicacionales determinados, ya que no es lo mismo  que el menor conviva con  dos o tres personas. El hijo o hija, siente la necesidad en muchos momentos de buscar una complicidad con un tercero, especialmente en situaciones de conflicto, entonces puede estar abocado a una absorbente relación especular. Las madres han de poder dar paso a la terceridad simbólica para minimizar el riesgo mencionado, así como tener en cuenta que es sano que mas allá de la relación con su hij@ tengan expectativas personales, sociales, profesionales que ocupen otras parcelas de su realización personal.

En mi experiencia de conducción de talleres de familias adoptivas y en concreto monoparentales, la inquietud respecto a los efectos derivados de la ausencia paterna es frecuente, así como la preocupación respecto a como estar en mejores condiciones para el acompañamiento a lo largo de la construcción de la identidad del niño o niña que comportará necesariamente acercamientos a la temática del origen. Un niño adoptado en familia monoparental se expresaba de la siguiente forma en una sesión de su psicoterapia: “siento rabia por no ver un papá en casa pero es para que mi mamá deje de mirarme todo el tiempo y lo mire a él”.

En relación por ejemplo a la aplicación de técnicas de reproducción asistida, los efectos en la subjetividad del menor parten de un sustrato diferente si la concepción se ha producido con semen de la pareja  o mediante donante anónimo. Donar óvulos o semen no está en la misma línea que donar sangre aunque los anuncios para reclamar donantes suelan plantearlo de esa forma. 

¿Que efectos emocionales profundos puede acarrear a un niñ@ saber que procede del denominado vientre de alquiler con la consecuente connotación comercial? cuando  sabemos que la pregunta básica respecto al origen  gira en torno al  deseo del otro.

Situaciones tales como que la madre que gesta el embarazo de un  feto no sea al mismo tiempo la madre genética, no es una cuestión que se dirima en el plano únicamente médico, sino que podrá incidir en determinadas configuraciones imaginarias y fantasmagóricas del menor a lo largo de la infancia y en la vida adulta según la elaboración subjetiva que lleve a cabo. Para que el proceso sea potencialmente más ágil y disminuir la aparición de malestar y/o patología,  es imprescindible  por parte de las figuras parentales encargadas de la educación del menor, la construcción de un vínculo afectivo en el que la comunicación adecuada a cada fase de desarrollo sea fluida y que los ideales respecto al menor den paso a la percepción de las necesidades del hij@ real.

En los casos de infertilidad es preciso elaborar la pérdida del embarazo y parto no realizados. Todo hijo o hja hay que adoptarlo simbólicamente sea o no biológico.

En cuanto a la consideración del factor diferencia sexual en los procesos de identificación, cabe decir que la relación madre-hija tiene unas implicaciones diferentes a la relación madre-hijo y que en la pubertad especialmente, se requerirá la intervención de referentes masculinos que le aporten material para ir construyendo su identidad. Una madre no es un padre ni viceversa, aunque determinadas funciones sean intercambiables. No conviene confundir función con posición subjetiva e intransferible de sentirse madre o padre, lo cual incide en el vinculo con los hijos. Maternidad no es igual a paternidad más allá de  ciertos paralelismos.

Los tiempos subjetivos no avanzan en paralelo con los cambios sociales, legales o culturales y los estereotipos sociales  pueden persistir y son sólo eso, estereotipos, pero nuestro deber ético y el reto como profesionales en una época de grandes transformaciones como la que vivimos a todos los niveles, es trabajar no sólo para paliar problemáticas ya instauradas, sino proporcionar “hojas de ruta” en pro de la  prevención

 

*Psicóloga especialista en Psicologia Clínica
Miembro sección de  Psicología de les Dones y Secc. de Psicología Clínica.
http://www.gemmacanovassau.com/
blog:http//eloficiodesermadre.blogspot.com

Páginas de origen de las imágenes:
www.semujer.com/07/27/evolucion-en-el-tiempo-mdres-solteras/
www.semujer.com/07/27/evolucion-en-el-tiempo-mdres-solteras/ 
www.eluniversal.com.mx/notas/531630.html
 
http://nosinseguro.es/category/otros-seguros/page/13/
 
http://clubmipapayyo.blogspot.com/2008/12/paternidad-qu-es-paternidad-responsable.html

Bibliografía:

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-Bolwby, J. “Vínculos afectivos, formación desarrollo y pérdida”, 2003, Madrid, Ed. Morata.

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-Cánovas, S.G. “El oficio de ser madre. La construcción de la maternidad”, Ed. Paidós, 2010 Barcelona.

-Cánovas, S.G “Niños difíciles”, col. “Tu Hijo”, 1995, Barcelona, Ed. RBA.

-Cánovas ,S.G “La maternidad como mandato”, Revista MYS, nº 9

-Cánovas S.G “Madres solas”, Revista MYS, nº

-Cánovas S.G “Adopción y acogimiento. Presente y perspectivas”, 2004, Universitat de Barcelona, Estudis d´Antropología Social y Cultural.

-Cánovas, S.G co-autora: “Aspectos emocionales de las tecnicas de reproducción asistida”, 2005 COPC; Barcelona

-Cánovas, S.G. co-autora “Padres separados”, RBA-Paneta, Barcelona, 1995

-Cernuda, P “Madres solas”, La esfera de los libros, 2006, Madrid.

-Giberti, E, Grassi, A “El poder y no poder en la adopción”, Lugar Editorial, 1996, Buenos Aires.

-Giberti, E “Los hijos de la tecnoreproducción”, Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 2001.

-Winicott, “Conversando con los padres”, Ed. Paidós, Buenos Aires, 1993



 1 P. 19-09-2011


 

 

 
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