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| 30/07/2010 | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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La educación infantil de 0 a 3 años ![]()
Educación Infantil es una parte de la escolarización que atiende progresivamente a la afectividad, al movimiento y a los hábitos de control, a las primeras manifestaciones del lenguaje, a las pautas incipientes de convivencia y relación social, además de propiciar el descubrimiento de las características físicas y sociales del medio en el que comienza a crecer el niño. De acuerdo con los datos del curso 2007-2008, se encuentran escolarizados en España, en el periodo 0-3 años unos 275.000 niños y niñas, lo que representa cerca del 20% de los escolares de estas edades. “Por Educación en el ciclo 0-3 entendemos todo: con el niño pequeño todo lo que se hace es educativo. La alimentación, el sueño, el cambio de pañales o control de esfínteres; la adquisición de hábitos, aprender a andar, a hablar, la relación con los adultos, rutinas, etc., todo ha de hacerse con intencionalidad educativa”. Lo dice Carmen Ferrero, directora durante muchos años de la Escuela Infantil-Casa de los Niños de Getafe (Madrid) y actual presidenta de la Asociación Junta de Portavoces de Educación Infantil 0-6. “Por eso, dice esta profesora,es responsabilidad de las escuelas infantiles asegurar que todo el tiempo que pasan en el centro los niños y niñas sea igualmente educativo, que el entorno que se le ofrezca sea estimulante, que los espacios y los materiales respondan a sus necesidades. Que tengan siempre como referencia a un profesional bien formado que acompañe su desarrollo”. Fragmentación Son muchos los profesionales del sector que abogan por la no fragmentación de los ciclos 0-3 y 3-6 años. Alfredo Hoyuelos, responsable de los Talleres de las Escuelas Infantiles Municipales de Pamplona (España), considera muy importante que toda la educación Infantil tenga una identidad propia en cuanto a organización, objetivos e intencionalidad educativa. Objetivo: evitar la aplicación de programas de etapas educativas posteriores, pues ni su metodología se ajusta a las características evolutivas propias del ciclo, ni responde a sus necesidades educativas. Según dice “la realidad escolar de la mayoría de centros en las distintas CC.AA (Comunidades Autónomas), sin embargo, no avala –en la práctica– esta idea. El ciclo 3-6 está fagocitado por la organización de tiempos, espacios, formas curriculares y didácticas de una escuela primaria”. Además, cree que la aparición de las aulas de dos años (e incluso de un año), legitimadas por la LOE, están llevando a una desacertada fragmentación del ciclo 0-3 años. Esto hace que muchos niños y niñas permanezcan en este tipo de centros un año o como máximo dos. De esta manera, es imposible dar continuidad y estabilidad a proyectos educativos, señala este especialista, gran conocedor de los planteamientos educativos de las escuelas de Reggio Emilia (Italia) y de las tesis del pedagogo Loris Malaguzzi. Carmen Ferrero ahonda sobre esta cuestión, pues cree que el ciclo tiene muchos problemas como consecuencia de su regulación, ya que la competencia de legislar este tramo es de las CC.AA., mientras que el segundo ciclo corresponde al Ministerio de Educación. “Esta ruptura no está justificada desde la pedagogía ni desde el desarrollo integral del niño. La etapa es global y esta división hace que pierda la identidad y las características que le son propias. Además cada Comunidad Autónoma legisla el 0-3 según su sensibilidad e intereses, por lo que en la práctica hay 17 decretos de requisitos mínimos diferentes que, en algunos casos, como el de la Comunidad de Madrid, ha aprovechado para rebajar la calidad de las Escuelas Infantiles y Casas de Niños aumentando las ratios aula-profesor, disminuyendo el número de profesionales y los espacios”. Lo cierto es que con gran parte de la escolaridad cubierta en el periodo 3-6 años, el Gobierno y las CC.AA están decididos a dar el espaldarazo definitivo a la etapa previa por medio del Plan Educa3. Para la titular de Educación, Política Social y Deporte, Mercedes Cabrera, la finalidad es “atender la necesidad de las familias de conciliar la vida personal y laboral y responder a la creciente demanda para escolarizar a niños a edades tempranas”. [...] Los expertos advierten que estos años son cruciales en el futuro desarrollo del niño y tienen una gran complejidad “por lo que no es fácil hablar de contenidos tal y como se entiende en otras etapas”, dice Ferrero. “Cada niño es único, tiene sus ritmos, sus necesidades, observarlo es fundamental para responder a sus demandas, no verbalizadas muchas veces; saber cómo estimularle –sin pasarse en ningún momento–, pensar y planificar qué necesita y qué le vamos a ofrecer para que lo consiga. Valorar y reflexionar sobre los logros y retrocesos ha de ser la actitud de los profesionales, sabiendo que en estos años sentarse, gatear, iniciar la marcha, el lenguaje, los hábitos, rutinas, los límites…, son hitos importantes en el desarrollo”. Autonomía personal En la etapa 0-3 se trabaja todo lo relacionado con el movimiento y el control corporal, la vida en relación con otros niños y la autonomía personal. “Las actividades deben basarse en lo manipulativo, experiencial, sensorial, activo...”, recuerda la profesora Sainz de Vicuña. “Actividades que resulten interesantes y motivadoras, que le supongan un reto, un nuevo aprendizaje, una aventura. Que puedan realizarse de manera individual o en pequeño grupo, sólo a veces en gran grupo, permitiendo una atención individualizada del adulto”. En el ámbito educativo de los más pequeños el juego tiene también una importancia trascendental. Ferrero considera que “el juego cooperativo, los cuentos, la investigación-experimentación, la música, el teatro y todo tipo de expresión plástica, forman parte de la actividad diaria en la Escuela Infantil”. Sobre este particular Alfredo Hoyuelos hace algunas precisiones: por un lado, “el currículo escolar de la educación infantil está robando en un 90% el tiempo de juego para los niños, algo que las criaturas necesitan vitalmente para crecer y construir su cultura”; por otro, “con la excusa de que el niño sólo aprende jugando, algunos profesionales y muchas editoriales y empresas han inventado los malditos juegos y juguetes didácticos que, desnaturalizando el auténtico concepto de lo lúdico, tratan de enseñar algunos objetivos didácticos marcados de antemano. Y el mercado neoliberal se ha llenado de materiales para enseñar números, letras, creatividad, asociaciones, seriaciones...”. Por ello, este especialista –que desde septiembre trabaja en una nueva experiencia de inspiración reggiana en el Ayuntamiento de Berriozar (Navarra, España)– aboga por “una escuela habitable que contenga diversos escenarios de juego” y por promover situaciones “para que los niños puedan jugar y se liberen de las ataduras de las programaciones y del control adulto”. En el primer ciclo, los niños deberían jugar todo el tiempo. "Cuanto más jueguen, más ganas tendrán de aprender cosas serias en el futuro”, apunta Sainz de Vicuña, quien considera que los educadores deben preparar a conciencia esta faceta, es decir, estudiar bien el espacio y los materiales, dentro y fuera del aula, y crear un ambiente de confianza en el niño, “para que se sienta seguro y se atreva a investigar, manipular, experimentar, relacionarse con sus iguales, pedir ayuda si es necesario y recrearse en las actividades que va emprendiendo”. Según dice, las diferentes zonas o rincones de juego pueden permitir la elección por parte del niño, los pequeños agrupamientos, y realizar así el juego motor, el manipulativo, de construcciones, o el simbólico en sus diferentes variedades (casita, garaje, oficios, disfraces, teatrillo, etc.). “Como decían los precursores de la Educación Infantil y pedagogos de la Escuela Nueva: los educadores acompañan al niño en su descubrimiento del mundo, les facilitan las experiencias, organizan el ambiente de aprendizaje y les dejan actuar por sí mismos”. La labor de los padres Los profesionales del sector también hacen hincapié en el papel relevante que desempeñan las familias. “Debe ser un papel de integración en la tarea educativa, padres y escuela han de tener un diálogo permanente, son portadores y receptores –ambos– de información”, explica Ferrero, ya que el niño necesita coherencia entre ambos, tener los mismos límites en lo fundamental desde la escuela y la familia. La escuela como institución ha de facilitar y favorecer esta colaboración. “Que los padres puedan pasar a las aulas en las que están sus hijos, hablar con sus educadores, participar en las fiestas, salidas al teatro, conciertos, carnavales, al campo, etc., es garantía de éxito y bienestar para los niños y su desarrollo integral”. En este sentido, Hoyuelos reflexiona sobre lo que en múltiples ocasiones ha repetido Loris Malaguzzi: “Que la educación sólo existe si hay un proyecto conjunto y compartido con las familias”. Y advierte: “Sólo los proyectos que han conseguido hacer participar activamente a los padres y las madres, generando una especial sensibilidad educativa en la familia, han conseguido ofertar un adecuado desarrollo, sostenible a largo plazo, para el niño o la niña”. . Daniel Vila Del artículo La educación infantil de 0 a 3 años, una etapa decisiva, publicado en la Revista muf@ce, en el nº 214 de mazo-mayo de 2009, en el apartado Educación.
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